Qué nos pasa (II) Los porqués

María Julia Pou

En nuestro artículo del martes 12 de mayo mencionábamos las palabras de Lord Ponsonby cuando nos definió como "la gente mejor de estas tierras" y nos preguntábamos qué diría hoy el diplomático británico si nos visitara. Pusimos de manifiesto dos elementos centrales que contribuyeron a la esencia de nuestra tierra como hacedora de la mejor gente: la escuela pública -la reforma vareliana- y los partidos políticos como elementos integradores de la sociedad.

Nos referimos luego al deterioro que hemos sufrido como comunidad, y que la convivencia nos muestra cada día cuan lejos estamos de la sociedad que quisiéramos ser.

Los círculos concéntricos en los que se va formando el ser humano desde su nacimiento tienen en su desempeño gran parte de la tarea que nos aguarda.

En primer término la familia, ese ámbito donde se nos quiere porque sí, por el sólo hecho de pertenecer, y que imprime el alma del niño de una manera indeleble. En estos nuestros tiempos, la familia ha ido adquiriendo formas diferentes que se agregan a la tradicional: las familias monoparentales son hoy una realidad a la que hay que atender, especialmente cuando la estadística nos muestra que son las mujeres más jóvenes quienes tienen esta enorme responsabilidad que sobrellevar, asumiendo la tarea de educar con la de asegurar el sustento económico del núcleo que encabeza.

Es en esta área donde nos parece imprescindible que las respuestas aparezcan desde la sociedad: las instituciones como los centros CAIF -centros de atención a la infancia y la familia- pensando en los más chiquitos y sus madres con libertad para trabajar; las escuelas de tiempo completo, que en anteriores administraciones aumentaron en número y constituyen una inigualable herramienta no sólo para la instrucción sino para la formación en valores y hábitos de los niños que atiende; las escuelas que se convierten en colonia de vacaciones con los mismos fines durante el verano; y, por supuesto, todas las actividades deportivas que se puedan organizar como forma de entretenimiento y también como una manera de trasmitir las actitudes que deberán tener los niños en sus vidas adultas: saber ganar y saber perder, aprender a perdonar, a controlarse.

En la adolescencia será más difícil la tarea que deberá asumir la sociedad, el propio término -adolescencia- nos habla de alguien que va hacia el crecimiento, la maduración en medio de un mundo cambiante, en movimiento. En esta etapa se acentúa la importancia del entorno familiar pero también el círculo de amistades adquiere un valor relevante, el ámbito de la enseñanza crece en importancia. También a los adolescentes la sociedad tendrá que prestarles más atención en cantidad de tiempo y en calidad de educación para que la misma sea relevante a la hora de tener que elegir el rumbo laboral de sus vidas.

Todas estas líneas de acción implican que como distribuidor de recursos el estado -el gobierno- deberá priorizar aquellos a quienes en tiempos electorales se les menciona como nuestro futuro, sin advertir que son el presente, que es ahora que debemos ocuparnos de ellos, pues en el futuro habrá otros a quienes se les estará diciendo que son el futuro…Y no hay más tiempo para perder.

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