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Enrique Beltrán
Fue el sábado cuando se izó la bandera comunista, en la plaza San Fernando de la ciudad de Maldonado. Allí en el mástil levantado para que solo flameara el pabellón patrio, junto a la presencia de Artigas en el bronce que lo homenajea y recuerda. El motivo para tan agraviante ocurrencia, fue que más tarde habría de celebrarse un acto político del oficialismo, en donde hablarían sus diversos aspirantes a la candidatura presidencial. Como si también fuera una competencia en el agravio, en el otro mástil destinado a la bandera de los Treinta y Tres, cuyo original secuestraron del Museo Histórico y desapareció, lucía la del MPP. La indignación de muchos fernandinos terminó con aquel trastocamiento vergonzoso y ensoberbecido, de valores. Si lo ocurrido fuese el extravío de dos jóvenes, incapaces de advertir que su fervor partidario no debe nutrirse del desprecio a su propia tierra, el triste episodio no sería más que un incidente desgraciado cuyas responsabilidades podrían provenir de la educación de sus autores. Tal vez incapaces de advertir la dimensión de la afrenta a la comunidad nacional de la que son integrantes. Se trataría entonces de un episodio inquietante si se quiere, que en buena parte nace y se agota en sí mismo y en sus personajes. Los propios protagonistas del acto político censuraron y hasta pidieron disculpas por aquel extravío.
Sin embargo el episodio no es, aunque lo parezca, una acción solitaria que nutre su inspiración en el mero capricho personal. Es por el contrario una planta que nace en el terreno, que se han encargado de abonar para ello, desde que llegaron al gobierno. En parte, por el incesante desvelo del oficialismo, como lo he advertido en artículos recientes, de desplazar la noción de patria por la de pertenencia a un partido político, que parece creerse su dueño. Según esa mentalidad podrían ser compatriotas hijos de la patria, sino prefiriesen ser solo los camaradas hijos de un partido político. He señalado reiteradamente la larga escalada contra la comunidad nacional, su historia, sus instituciones, sus logros que han caracterizado los años de gestión del primer gobierno frentista. Desde ese punto de vista, este episodio de la bandera, es apenas una anécdota en una larga trayectoria. Lo vuelven a revelar dos hechos que han ocurrido en estos últimos tiempos y que apuntan con más descaro hacia donde quieren llevar al país.
El uno es la complacencia oficial con un Parlasur donde cesará la representación igualitaria. La del Uruguay se tornará insignificante, a pesar del cálido apoyo que le brindó. En tanto Brasil, Argentina y Venezuela tienen una tan desequilibrante, como para comprometer en el futuro nuestra suerte de país independiente. Que una decisión tan riesgosa del porvenir del país la haya asumido el gobierno de un partido por sí y ante sí, sin una consulta a todas las fuerzas políticas, es uno de los ejemplos de cómo se pretende subsumir la comunidad nacional en solo el partido de gobierno. El otro hecho es el que destaca Daniel Gianelli en "Búsqueda". El anuncio, sin promoción, del oficialismo, que incluye en su programación para el próximo período la convocatoria a una Convención Nacional Constituyente. Su finalidad se calla, tal vez porque entronca silenciosamente con su desprecio por el país que recibieron, para así recrear uno nuevo, donde todos los valores de la democracia liberal mueran para dejar camino a una gran bocanada totalitaria al estilo de las que alientan en nuestra América. Empero esta oscura sombra agazapada quedará en su rincón.
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