Newsweek | Barack Obama quería escapar. Era un día inusualmente soleado, sin una nube y cálido, en Londres, y durante toda la tarde, el Presidente había estado encerrado con líderes extranjeros en un sofocante salón de baile en Winfield House, la mansión que es el hogar del Embajador de Estados Unidos. Después que despidió al último invitado, el presidente de China, Hu Jintao, Obama caminó hacia la puerta del fondo y se asomó. "Vamos", dijo al asesor principal, David Axelrod y el secretario de Prensa, Robert Gibbs. "Vamos a caminar".
Los agentes del Servicio Secreto que estaban de guardia se "desesperaron". Su equipo habitual de agentes no disfruta con los momentos de espontaneidad. Había francotiradores en la azotea, mientras el presidente y sus asesores caminaron por el perímetro del jardín varias veces. "Lo hicimos durante unos 45 minutos", recordó Gibbs. "Simplemente dimos vueltas".
Fue un momento extraño de casi libertad para un presidente que ha luchado por mantener una sensación de normalidad en la Casa Blanca. Apenas dos días después, en una reunión con ciudadanos en Francia, Obama habló de las desventajas de ser presidente. "Ahora, estoy en habitaciones de hoteles todo el tiempo y tengo agentes de seguridad a mi alrededor en todo momento. Ustedes sabrán, que perder la posibilidad de hacer una simple caminata, resulta frustrante", explicó.
Obama no es el primer presidente que se queja de la vida en la burbuja de la Casa Blanca. Woodrow Wilson, William Howard Taft, Harry Truman y Bill Clinton tambien sufrieron en su soledad. Sin embargo, Obama parece tener más dificultades de adaptación, en parte, porque antes de ser presidente, estuvo apenas cuatro años en el Senado, y aunque no era un desconocido para el público, tenía vida libre.
Nadie puede sentir pena por él. Después de todo, hizo el máximo esfuerzo para tener el privilegio de estar recluido en la Casa Blanca. Pero, ha dejado en claro que se siente frustrado por la enorme planificación y seguridad que precede cada uno de sus pasos. Durante un viaje en avión a California, le informaron que al bajar del Air Force One tendría un traslado en auto de 30 segundos a su primer encuentro con los ciudadanos en el Condado de Orange. "¿Puedo ir caminando?", preguntó Obama al Jefe de la Custodia. "No, señor", respondió el agente. Pese a esto, tras el acto, el mandatario igual caminó hasta el avión. Al sentarse en el Air Force One, sonrió como un niño y exclamó: "OK. ¡Me encantó!".