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Julia Rodríguez Larreta
La breve incursión por el noroeste de la provincia de Buenos Aires a fines de la Semana Santa (o de Turismo), me sumergió por unos días en la interminable planicie de la pampa argentina. Bajo el calor del mediodía, reverberaban las plantaciones de soja, las cosechadoras no paraban de trabajar y gigantescas nubes de polvo secundaban a cualquier vehículo; camioneta, camión, semirremolque, al dirigirse hacia alguno de los silos o los molinos de granos, que cual torres vigías, se yerguen imponentes, aquí y allá para admiración de miradas uruguayas.
Todo ello transmitía una sensación de país rico, con una impronta de gente que sabe trabajar eficientemente y aprovecha a fondo la riqueza de esos suelos generosos.
Sin embargo, el producto de estos esfuerzos no es reconocido ni apoyado por el gobierno de turno, sino que por el contrario, la Administración Kirchner no ha hecho más que expoliar y estigmatizar al sector agropecuario, hasta provocar un profundo enfrentamiento entre ambos. Un estado de cosas completamente negativo que se exterioriza invariablemente, en las conversaciones con cualquier productor.
Y lo trágico es que se trata de algo que se repite, cual karma fatídico, una y otra vez, bajo la batuta de gobiernos peronistas.
La actualidad de las frases que figuran en el libro Presidente Frondizi, de Juan José Cresto, Presidente de la Academia Argentina de Historia, son un buen ejemplo de ello. "La falta de producción en el campo se debía a la falta de rentabilidad, porque el gobierno central, que tenía el monopolio del comercio exterior a través del IAPI, abonaba el importe de las cosechas a sus propietarios de acuerdo a la cotización internacional de sus precios, pero convertía la divisa norteamericana a la cotización oficial de $ 4 por dólar, cuando en el mercado libre del exterior se cotizaba a $ 18 de la misma moneda. Se pagaba la cosecha y el ganado exportable a un tercio de su valor, lo que descapitalizó el campo, hizo liquidar rodeos, abandonar los sembradíos y trajo aparejado un doloroso capítulo en las relaciones con la comunidad agrícola".
Pareciera la transcripción de un análisis escrito ayer, pero se refiere a lo que sucedía bajo el mandato de Perón y, desgraciadamente, hoy vuelve a ocurrir. Se dice en otro párrafo: "Si bien el endeudamiento externo no era elevado, sí lo era el interno, ya que el gobierno anterior se había apoderado de los impuestos destinados a las pensiones y jubilaciones de sus afiliados y los había destinado al pago de gastos corrientes".
¿No suena conocido? ¿No se parece a lo que organizó el gobierno K. este verano?
Pues bien, el deterioro de esa fantástica máquina de producción es un hecho cuyas nefastas consecuencias se van percibiendo cada vez más nítidamente. La cadena de pagos en el sector ya se ha cortado. Se habla de que se plantará la mitad de trigo. En los últimos tiempos, con las mejoras tecnológicas, este cereal ocupaba unos 6 millones de hectáreas y la cosecha podía llegar a las 20 millones de toneladas. Ahora se estima que se plantarán menos de cuatro millones de hectáreas.
Y no es de extrañar esta declinación en las siembras, si se tiene en cuenta que los impuestos a esas exportaciones a partir del 2002, que comenzaron siendo 10%, luego subieron al 20%, llegaron al 28%, ahora están el 23% y no hay voluntad gubernamental, ni para eliminarlas ni para reducirlas.
A este desestímulo, hay que agregar la prohibición de exportaciones que se ha dado en ciertos momentos, su cuotificación y la limitación de sus precios. Y encima se suma el castigo de la sequía, porque no hay que olvidar que la agropecuaria, además, siempre está expuesta a los vaivenes del clima.
Los malos pronósticos para el ciclo anual del trigo que comienza a plantarse en estas semanas en el norte, también se dará en las otras producciones.
Datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, anuncian que la cosecha argentina de soja disminuirá 16%, el maíz 39%, el trigo 48% y el girasol 35%.
Y algo semejante ocurre con las carnes vacunas y los lácteos, también afectados por las nefastas políticas del gobierno de los Kirchner.
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