SEBASTIÁN AUYANET
Durante el fin de semana pasado, una de las citas musicales clave en el año tuvo, entre otros 129 artistas, el show que Sir Paul McCartney podría traer a Sudamérica en 2010. Una noche beatlera e intergeneracional en el desierto californiano.
Para llegar al Coachella Valley Music and Arts Festival hay que adentrarse unos 200 kilómetros en la ruta desértica californiana, pasar varios campos de molinetes de energía eólica, algunos pueblos pequeños con casinos enormes y una cola de, aproximadamente, unas dos horas a paso de hombre, entre coupés y todoterrenos último modelo.
A todo eso se sometieron las miles de personas que llegaron para tres días de contacto con lo último y lo más clásico del pop y el rock mundial, en un encuentro que llegó a su décimo año convertido en el festival más importante del año. Es que por el clima calcinante del desierto californiano pasan siempre los mejores. Hace dos años le tocó a Björk, Red Hot Chili Peppers y Rage Against the Machine. El año pasado fue el turno de Roger Waters y Prince. Años atrás habían sido Radiohead y Flaming Lips. Y si en 2009 Paul McCartney está con ganas de salir a tocar, él es el hombre a perseguir.
Una reseña publicada por Claudio Vergara, del diario chileno El Mercurio, da una idea de la cuestión: la "beatlemanía" se vive en Estados Unidos como si hubiera explotado hace meses. Tiendas de merchandising tapadas de productos marketeados por Apple Corps, asistentes regulares del festival con sus padres, tíos y abuelos que quizá por primera vez se acercaban a un encuentro musical tan enfocado a las nuevas generaciones.
En la previa, organizada en cuatro grandes escenarios ubicados en un predio rodeado de palmeras y compuesto por varias canchas de polo pasaron varios nombres familiares sólo para obsesos de MySpace. The Ting Tings, Silverson Pickups, Noah & The Whale, Girl Talk, Crystal Castles y Conor Oberst aparecieron entre los animadores. También estaba en la grilla Molotov, una atención del festival para los muchísimos seguidores mexicanos que cruzan la frontera para ir al festival.
Sobre el final de la tarde, las crónicas rescatan un soberbio set del canadiense Leonard Cohen y una animada presentación de Franz Ferdinand. Otro cantante rumbo a la leyenda llamado Morrissey regresó al festival donde es ídolo y ahí sí, llegó la hora del popular "Macca".
El liverpoolense decidió romper hace un tiempo el ostracismo en el que estuvo sumido varios años después de su separación con Heather Mills y salir a las canchas grandes. Arrancó con Jet y siguió con Drive my car, él y una compacta banda de instrumentistas que siguen con firmeza tanto las composiciones de los Fab 4 como las de Wings y de su carrera solista.
Precisamente, el viernes pasado se cumplieron 11 años de la desaparición física de Linda Eastman. Por eso, Paul le dedicó My love y aceptó: "Este es un día muy emotivo". También se permitió dos piezas para John Lennon: Give peace a chance y la compleja A day in the life. El segmento Harrison apareció en Something, mientras se comentaba que Olivia, la viuda de George, se paseaba por el backstage del escenario principal. Sobre el final, McCartney también tuvo palabras para el nuevo presidente de los Estados Unidos, precisamente antes de ejecutar Blackbird: "Esto es por los derechos civiles. Ahora ustedes tienen a (Barack) Obama y saben que hemos recorrido un largo camino".
Veinte canciones de los Beatles, un guiño a Jimi Hendrix (Foxy lady) y hasta temas de su último disco Electric arguments (con el dúo The Firemen) completaron una noche en la que el dueño del repertorio más importante de la música pop llevó a Coachella a un nuevo nivel que lo ubica a la altura del Glastonbury británico y del FIB que se hace en España todos los veranos.
En las dos jornadas siguientes se continuaron repitiendo los grandes nombres. The Cure volvió a Indio para presentar su disco 4:13 dream, Fleet Foxes volvió a sacar su chapa de grupo a seguir y también hubo noche electrónica a cargo de los Chemical Brothers, Gui Boratto, M.I.A. y el longevo dúo Thievery Corporation. Pero nada de eso, ni siquiera un set bombástico de The Killers -la banda encargada de cerrar la segunda noche- pudo opacar la emotividad del show de Sir Paul.
¿Sonará por estos lados?
Si bien el año pasado había sido anunciada una visita de McCartney a Sudamérica, la cosa se quedó en rumores. En Chile se maneja la falta de estadios para público masivo como uno de los impedimentos para que pase por allí, mientras que en Argentina no ha habido más que rumores.
Antes de comenzar su nueva gira, el músico había señalado que esperaba que este fuera su último tour y que, por eso, existía la posibilidad de volver a pasar por esta región. Habrá que esperar.