RIcardo Reilly Salaverri
El costo laboral es una parte del costo de producción de los bienes y servicios.
Se integra con tres conceptos. El salario propiamente dicho -la retribución por el trabajo- los beneficios laborales (licencia, salario vacacional, aguinaldo etc.) y con las cargas sociales, o sea los aportes a las instituciones de la seguridad social. De hecho, prácticamente todas las regulaciones del Derecho laboral, tienen una proyección material e inciden fuertemente en la competitividad de las empresas, y en la de un país.
El costo laboral y las regulaciones pueden desestimular una inversión o estimularla. Y, cada empresa es un mundo. Por ello, cuando vemos que en las "empresas" del Estado, se aspira a que tengan soluciones salariales similares, algo anda mal. No puede ser que quienes refinan combustible, ganen igual que quienes suministran electricidad, no obstante, las negociaciones salariales con la mesa sindical de entes persisten.
Igualmente, este concepto es válido para subrayar la perversidad de los consejos de salarios del sector privado. En un grupo salarial -el textil o la vestimenta por ejemplo- hay empresas más grandes y más chicas, más prósperas y más endeudadas, más renovadas y más anquilosadas y no se puede sostener que el colectivo de empleadores de un sector de actividad tengan una solución salarial compartida y similar. Es válida al respecto, la máxima aristotélica que reza que la justicia supone tratar igual los casos iguales y distinto a los casos distintos.
En el sector privado los ajustes, que no son posibles de sobrellevar para los emprendedores, se pagan con desempleo o con informalidad y en esta zona la actividad el informalismo -el trabajo en negro- sigue rondando en nuestro país el 40% de la ocupación.
Notoriamente, el actual gobierno ha llevado adelante una política que ha ignorado cuando no atacado, al empresariado privado que, en su inmensa mayoría, en la República está constituido por micro y pequeñas empresas.
Igualmente, en vez de favorecer una mayor libertad en la contratación del trabajo subordinado, se ha optado por incrementar las regulaciones y los controles. Mucha gente se pregunta una y otra vez, cómo funcionaría la cuestión gremial en general y sindical en particular, con un gobierno del Partido Nacional, Y, me permitiré recordar lo sucedido cuando el Dr. Luis Alberto Lacalle fue Presidente de la República, dejando sentado que hay mucha gente joven y experiente en el nacionalismo, en relación con el tema.
El 1º de marzo de 1990, tras la instalación formal del gobierno quienes integrábamos el equipo que se ocuparía del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, fuimos en la tarde a una solitaria sede ministerial en Juncal y Cerrito. Allí, el entonces ministro del ramo, Ing. Carlos Cat, con la hombría de bien que le caracterizaba, convocó a representantes del Pit-Cnt, quienes llegaron al caer la noche encabezados por la figura emblemática del "Pepe D`Elía".
A partir de entonces, con visiones de la nación muy enfrentadas, lo que hubo sin claudicaciones y con tesón constante, fue una mesa de diálogo, que permitió encauzar la situación y buscar animosamente soluciones para todos los problemas.
Y a quienes se preguntan sobre el particular, en lo expresado está la respuesta nacionalista. Primero que nada la mesa de negociación siempre abierta y -además- una ecuanimidad respecto de las partes, de la que nos hemos olvidado.