Knock out a la inocencia

GERARDO SOTELO

Chris Namus es una deportista excepcional. Apenas salida de la adolescencia, ya es campeona mundial juvenil de boxeo y se prepara para logros mayores. El novio, en cambio, todavía no ha desarrollado su potencial en el deporte de los puños, pero el gobierno le tiene una fe bárbara. Tanto que lo ha premiado con un puesto de asesor, consultor o lo que sea, adscripto al directorio de Antel, la gema de la corona, garante de la soberanía nacional y buque insignia de la transformación tecnológica del país.

Los sucesivos gobiernos nacionales y departamentales han tenido como práctica recompensar el apoyo de las figuras del deporte con los dineros públicos. Los casos son innumerables y durante mucho tiempo esta rutina formó parte del folklore político del país. Sin embargo, la sensibilidad de los uruguayos fue cambiando y finalmente, quedó al desnudo la verdadera naturaleza de aquel despropósito. Aunque nadie lo expresa con la suficiente contundencia, el acomodo de amigos, parientes, amantes o figuras públicas en decadencia en puestos que pagan todos los uruguayos, es una de las formas de la corrupción.

No es la más onerosa, por cierto, pero quizás sea de las peores. En primer lugar, porque es legal, está amparada por la nebulosa reglamentaria que pergeñaron las anteriores administraciones. Segundo porque hay miles de personas que, estando en iguales o peores condiciones que los beneficiarios, no tienen la chance de acceder a este reparto dadivoso de trabajo, con lo que se vulnera el principio de igualdad consagrado en la Constitución. En tercer lugar, porque generalmente estas vacantes no existen sino que son cargos creados o amañados para que lo ocupen amigos, parientes, amantes o figuras públicas en decadencia. Así se corrompe la función pública y se dilapida los recursos públicos.

No queda claro cuándo ni cómo, esta práctica decadente de los partidos tradicionales se convirtió en una política progresista. Por el contrario, en alguna medida el Frente Amplio alcanzó el poder porque buena parte de la ciudadanía estaba harta de tales manejos. Cuatro años después de asumir el gobierno y a casi dos décadas de conquistar la Intendencia de Montevideo con la promesa de dotar de transparencia y equidad a la función pública, todavía no se ha hecho lo suficiente.

En el caso del novio de Chris, el oficialismo supera en inventiva a sus antecesores. Hasta ahora, conocíamos la situación de algún futbolista retirado, de un basketbolista o boxeador de cierto renombre, que viéndose obligado a abandonar el deporte, era recompensado con el acceso a la función pública. El novio de la campeona, en cambio, recibió un reconocimiento por interpósita persona, o bien se trató de un acto de fe del vicepresidente de Antel en sus potencialidades deportivas, aún no reveladas y mucho menos decaídas.

Compañeros, yernos, amantes, antiguos deportistas, novios de adherentes destacadas… la generosidad y diligencia de los burócratas para gastar el dinero ajeno no tiene fin. Por lo visto, la inocencia de los uruguayos tampoco.

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