El Correo

Juan Oribe Stemmer

En el siglo XVIII, las fragatas-correo del Rey, tomaban tres meses para traer la correspondencia desde la Coruña, en España, hasta la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, en el Río de la Plata. Las cartas y otros documentos eran transportados en pequeños buques a vela que atravesaban el océano enfrentando tempestades, escollos y corsarios enemigos. En aquel entonces, esa era la "modernidad" que había.

No obstante, tres siglos después, los mensajes de los lectores en la sección Ecos de El País sugieren que en nuestro Uruguay existen familias que han recibido su correspondencia desde el extranjero, con demoras comparables a los tiempos del siglo XVIII.

El miércoles los funcionarios del Correo paralizaron sus tareas reclamando que se mejoren los servicios postales. El País informó que, "Juan González de la Asociación de Funcionarios del Correo" había explicado que "el servicio está trabajando con niveles de calidad muy bajos". El funcionario postal señaló que "los meses de verano fueron `bastante complicados` con dificultades en distintas oficinas, problemas operativos y carencia de resoluciones", que el Correo "tuvo problemas con Aduanas en los últimos meses que no fueron bien gestionados para que se solucionaran rápido", y que "a raíz de las obras que se están realizando en el Aeropuerto, las oficinas que están ahí fueron cambiadas de lugar y se amontonaron en un sector que no es bueno para trabajar". Como resultado, "se demoraron los controles y por ende la entrega de correspondencia". Hace bien el dirigente gremial en defender el Correo.

Los servicios del Correo incluyen el tradicional servicio postal con el exterior, que se describe como "el más económico de la línea internacional", y que debería tomar de 10 a 15 días. Pero, advierte el Correo, ese plazo está sujeto a una norma de entrega: "los tiempos de entrega estimados son días hábiles y dependerán de los destinos y los procesos aduaneros".

El servicio postal es una cadena, que se rompe por su eslabón más débil. Pero, tanto al remitente como al destinatario de la correspondencia, no les interesa cual es el eslabón culpable. Lo que les preocupa es que sus cartas o envíos postales -que son de su propiedad y por cuyo transporte han pagado buen dinero al Correo- sean tratados con responsabilidad y entregados a su destinatario sanos, salvos y sin demoras indebidas.

Los continuos avances en las comunicaciones mediante Internet no han desplazado los servicios postales tradicionales. Al contrario.

En el año 2004 se enviaron 5,8 billones de cartas por correo internacional y el movimiento de paquetes postales tiende a aumentar continuamente. Es lógico: Internet contribuye a mejorar y desarrollar el intercambio mundial de revistas, libros y muchos otros productos no "virtuales". Esas cifras también revelan la magnitud del negocio por el cual compiten grandes empresas postales y "couriers".

Es muy grave que el servicio postal uruguayo no sea confiable (aunque ello no sea de responsabilidad directa del Correo).

Es imprescindible integrar a nuestro país en el mundo. Conviene impulsar el teletrabajo. Debemos mantener los vínculos de los uruguayos en el exterior con sus familias aquí. El Correo, con su ineficiencia, en lugar de convertirse en el instrumento ideal para contribuir a conseguir esos objetivos, se ha transformado en un obstáculo que nos distancia y aísla del resto del planeta. Que nos empobrece.

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