Presencia del maestro

Ruben Loza Aguerrebere

El domingo se cumplieron diez años de la muerte de Adolfo Bioy Casares, quien nos ha legado una obra vasta y rica, ganador del Premio Cervantes de 1990, donde había nacido en 1914.

Casado con la escritora Silvina Ocampo (hermana de Victoria, directora de la famosa revista Sur), escribió a cuatro manos, con ella, la novela policial Los que aman, odian, y, famosamente, con Borges, los numerosos cuentos publicados con el seudónimo de H. Bustos Domecq. De manera póstuma, se publicaron las conversaciones entre Borges y Bioy Casares: un caudaloso libro que ha abierto polémicas y controversias. Hablan, allí, uno y otro, con entusiasmo de sus escritores admirados, y de manera impiadosa de casi todos sus colegas.

Tuve oportunidad de conversar con Bioy Casares en diversas oportunidades. Era un caballero en toda la línea. Esos encuentros ocurrieron en ambos lados del "río de sueñera y barro", como decía Borges. "Los uruguayos son muy gentiles", solía decirme Bioy. Recuerdo que me habló de su entusiasmo por nuestro país, al que le gustaba viajar. Me dijo que lo hacía cuando estaba deprimido, y que rápidamente se recomponía. Conocía diversos barrios y, entre ellos, disfrutaba de la Ciudad Vieja.

Bioy Casares, quien no participaba de la llamada "vida literaria", consideraba La invención de Morel como el libro que marcaba el punto de partida de su carrera literaria, aunque tenía una cierta predilección por su novela El sueño de los héroes. Desdeñaba, sí, sus primeros libros, los que escribió antes de La invención de Morel, e impidió que ellos fueran reeditados. Tuve en mis manos un ejemplar de uno de ellos, llamado Diecisiete disparos contra lo porvenir, firmado con el seudónimo de Martín Sacastrú, en casa del profesor y traductor estadounidense Donald Yates, en California. Pensé que Bioy hacía bien en no reeditarlo.

Bioy comentaba que no sabía por qué se le ocurrían tantos cuentos fantásticos. "No crea que desdeño la literatura realista (me decía); la frecuento mucho gracias a no pocos cuentos que me hacen amigas mías, los que escribo con entusiasmo, en lucha solitaria, enfrentado a mi pequeñez".

Bioy reconocía que su imaginación era poderosa y que, por ello, siempre andaba con cuatro o cinco novelas por hacer y ocho o diez cuentos por escribir. De todos modos, sostenía que procuraba sentirse distante de sus piezas mayores procurando escribir en forma diferente, pero sostenía que no lo lograba: en cuanto lo hacía encontraba sus costumbres y manías de siempre. "No le quepa duda, eso de genio y figura hasta la sepultura, es la pura verdad", decía.

La fantasía, el humor agudo, el estilo desenvuelto de sus frases, su caballerosidad, todos esos detalles, lo marcaron y definieron. Y gracias a ellos, sobrevive en la memoria de quienes tuvieron el placer de conocerle. Pero, de manera esencial, a 10 años de su adiós, sigue vivo en sus lectores.

NOVEDADES EDITORIALES. Las horas náufragas, de Mercedes Chozas, ganadora del Premio Manzanares, ha sido editada por "Calambur Narrativa". Hilvanando las voces de tres generaciones, la escritora madrileña estructura una trama que se extiende desde finales del siglo XIX hasta 1974. Así, con lo vivido, fabulado y contado en ese vasto período, compone un rompecabezas apasionante de la vida española.

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