Se adelantó la dama

Julia Rodríguez Larreta

Tal como dijéramos la semana pasada, el conflicto y las malas relaciones entre el gobierno K y el sector agropecuario, parecían haber llegado al punto de no retorno. Así fue que en las altas esferas decidieron que era el momento de mover la dama.

A la reunión que el martes se desarrollaba en el Ministerio de la Producción, convocada por Débora Giorgi y el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, para conversar con los titulares de las cuatro entidades rurales, se presentó sin aviso la Presidenta. Y su inesperada presencia por más de dos horas, surtió su efecto. Al menos en lo inmediato, pues al final se hizo algo de cosmética.

Es decir, se hicieron algunos acuerdos y se aceptaron ciertas propuestas del Ejecutivo, tendientes a calmar la sed de los rurales que desde hace meses claman en el desierto. Son medidas de corto alcance más que de fondo, paliativos para unos sectores como el lechero, el triguero, parte de la carne y para pequeños productores. En realidad, se trata en buena parte, de viejos reclamos del campo y los más nuevos, no son otra cosa que el resultado de las conversaciones que Biolcati, presidente de la Sociedad Rural, mantuviera días atrás con el Ministro de Planificación, Julio de Vido (mano derecha de Néstor), y que por no haber sido anunciadas y luego trascender, crearon bastante malestar con los otros dirigentes. Un objetivo éste, siempre presente en las estrategias del gobierno, el de dividir a esas entidades que habitualmente anduvieron cada una por su carril y que sin embargo, la desacertada política del actual gobierno logró unir.

El año pasado, prometían diversos tratamientos según el tamaño de los productores, tentando a unos con ofrecimientos diferentes al resto, con la evidente intención de agrietar la alianza, pero no lo consiguieron. Ahora, la amenaza de estatizar el comercio total de los granos, dado que actualmente el discutido organismo de Control Comercial Agropecuario ONCAA al mando de Etchegaray hasta diciembre, (hoy cabeza de la AFIP,) ya se encarga de digitar las restricciones de las exportaciones, es otra manzana envenenada.

En el reciente encuentro pusieron algunos paños tibios al proyecto de reeditar el IAPI, (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), de triste memoria, que alcanzó su máxima intervención en el comercio de productos agropecuarios, a partir del gobierno de Perón, pero el plan ha quedado flotando. Hay dirigentes a los cuales no les disgusta demasiado. Al número uno de la Federación Agraria le atrae la idea de que haya un instituto que asegure un precio, (fue su origen en tiempos del Presidente Justo, cuando la crisis mundial de los años 30) y algo similar es la postura de Mario Llambías y la de De Angeli. Mientras la Sociedad Rural, es partidaria de la libre comercialización, que empezó a regir bajo la presidencia de Menem.

Como suele pasar con las desregulaciones, al desaparecer ese órgano, la producción agrícola argentina que permanecía bastante estancada, comenzó a crecer de manera importante. Han pasado de las 43 millones de toneladas de otros tiempos, a las casi 100 del año pasado a la vez de ir cambiando su matriz productiva, inclinándose hacia la soja que vale el doble, que los clásicos cultivos de altri tempi. Potenciado este movimiento también, por la desregulación del sistema portuario.

Situación que recuerda lo ocurrido en Uruguay con la producción de carne nacional, que comenzó su despegue luego de la desregulación del sector, ocurrida bajo el gobierno de Luis Alberto Lacalle. Así como el dinamismo impulsado por la liberación de los arrendamientos y la autorización a las sociedades anónimas, a ser propietarias de establecimientos de campo, libertad perdida en la actualidad, gracias al Ministro Mujica que empujó una ley para prohibirlo.

Aunque ahora estemos atravesando una época en que la palabra regulación ha adquirido un nuevo glamour, por culpa del mal uso que el sector financiero norteamericano hizo de la liberación de los controles (algunos deben haber), creando una burbuja letal que ha esparcido su ponzoña por el mundo entero, sería un retroceso que la producción argentina volviera a ser estrangulada por una burocracia estatal, lo que además se presta para generar focos de corrupción.

A pesar de los cuatro acuerdos firmados, los motivos de enfrentamiento no han desaparecido y el medular, el de las retenciones, sigue incambiado. Es notorio que el gobierno no se resigna a perder esa recaudación que mucha falta le hace, aún cuando se haya apropiado de los fondos de pensión de los trabajadores sin vergüenza alguna y sin que se incendiara la sociedad. Por delante hay una abultada suma de vencimientos y la Argentina es un país que tiene cerrado el acceso al crédito externo debido a su lamentable historial.

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