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Sábado 28.02.2009, 20:18 hs l Montevideo, Uruguay
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Antes y después del campo

Julia Rodríguez Larreta

Para el gobierno de los Kirchner, (no tiene sentido hablar en singular) por más singular que esto resulte, hay un antes y un después del conflicto con el campo. Nunca se imaginaron en las alturas del poder, que iba a llegar el momento en que no se iba a poder seguir exprimiendo impunemente y para siempre, a este sector tan importante por su peso económico, y tan desperdigado en cuanto a fuerza sectorial.

Y ello se nota cada vez más nítidamente con los pases y las deserciones de figuras políticas de primer nivel, gobernadores y legisladores, del barco K. (del Frente para la Victoria) al que es evidente perciben que ha empezado a hacer agua, justamente a partir del enfrentamiento con el agro y la vasta respuesta contraria al gobierno que fue creciendo desde entonces, en el ambiente rural y fuera de él, porque algo se quebró. Se agrietó la visión monolítica que el gobierno de los Kirchner había logrado fabricar.

Hubieron otros tiempos, en que el tipo de cambio artificialmente alto respecto del dólar, era favorable para las exportaciones y todo parecía andar bien mientras el fisco establecía unas retenciones que le daban para quedarse con la diferencia entre el tipo de cambio real y el artificial.

Sin embargo, como la codicia mata rompe el saco, el aumento creciente de los impuestos, sobre todo a fines del 2007, junto al no reconocido impuesto inflacionario que las manipulaciones del Indec no conseguían ocultar, aunque sí embromar a los tenedores de bonos en pesos ajustados por el costo de vida, se llegó al momento del no va más.

Así fue que el año pasado, las inmensas movilizaciones, producto en buena parte de los cambios que ha traído el avance de las telecomunicaciones que terminaron con el clásico aislamiento del hombre de campo, junto a la firme posición de las principales entidades, lograron frustrar la 125. El último proyecto del Ejecutivo que al hacer móviles las retenciones, (lo que podría haber sido bueno), servía para seguir aumentando la carga impositiva si subían los precios.

Pero si bien fue muy importante haber podido ponerle un freno al avance del Estado para quedarse con el dinero de la gente, lo cierto es que el resto de los problemas, la falta de una inteligente política y de comunicación para con el sector agropecuario, continuó igual. Y a este estado de situación le cayó encima el golpe de la sequía y de la caída de los precios de los commodities.

Nuevamente, el campo decretó una medida de fuerza que hizo impacto. Durante 4 días no se vendieron ni granos ni carne, además de la realización de un multitudinario acto en la provincia de Córdoba.

Sin embargo, un peligroso tobogán hacia la violencia está ahí nomás. El año anterior fueron los "piquetes" (no es cuestión de que haya de los buenos y los malos) y ahora se vio a gente del campo fuera de sí, tirando huevos y estiércol al líder de la bancada oficialista de Diputados. A su vez, el popular De Angelis, de frondosa experiencia "piquetera" adquirida en Gualeguaychú, lideró a unos 200 manifestantes con los que tomó un banco de Entre Ríos, con el ánimo de conseguir crédito barato por la fuerza y desalentar posibles ejecuciones. Y lo preocupante es que ni desde la dirigencia rural, ni desde diversos ámbitos que se solidarizan con los reclamos del agro, se escucharon mayores críticas a este tipo de accionar, cuando sabido es que no son estos caminos recomendables.

A lo que sí se puede apostar, es a que después de las próximas elecciones legislativas en octubre, sea otra la representación en el Congreso que aún conserva una marcada naturaleza federalista, de modo que el campo se pueda hacer oír de otra manera.

Lo ocurrido empujó para que se produjera la reunión con los delegados del gobierno, que hacía tiempo se esperaba. Pero, lamentablemente, el mayor éxito fue el mero hecho de que se sentaran a discutir. Lo cual puede calificarse de adelanto, dada la falta de diálogo imperante, pero fueron tan pocos los avances en las discusiones que duraron más de tres horas, que lo más destacado fue un llamado a cuarto intermedio hasta el próximo martes.

Se redujeron las retenciones a los lácteos, mejoraron algo los precios del trigo y hubo algún avance para las economías regionales, pero no se adelantó en el desbloqueo de las exportaciones de carne. Y las retenciones estaban excluidas del debate, aun cuando seguramente hayan estado presentes en gran parte del tiempo que duró el encuentro. El gobierno parece que no puede prescindir del abultado botín recaudatorio (16 mil millones de pesos obtenidos solamente por la exportación de soja). A lo que hay que agregar otros 1000 millones generados por los 9 millones de toneladas de soja del año pasado, que no se habrían vendido todavía.

Pero por ahora el humo blanco o algo parecido, no se vislumbra.

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