Verónica vive cerca de un asentamiento en el barrio Lavalleja. En su momento iban a desalojar a sus vecinos y "estábamos contentos porque los iban a sacar y realojar en otro lado". Pero los habitantes del lugar juntaron firmas y lograron evitar el desalojo. "Está lleno de pastabaseros, y delincuentes que se creen los dueños del barrio", expresó Verónica.
Cuando se enteró del desalojo del cantegril de Fray Bentos y Pernas, dijo que se sintió enormemente feliz "la gente que vivía en los alrededores".
Enzo vive en Nueva York actualmente, pero nació en La Unión, a pocas cuadras del asentamiento desalojado. "Es lo mejor que he escuchado. Sería bueno que de a poco les dieran mejor vida a esas personas. Lo único que espero es que no sea solamente política para buscar la reelección. Deben hacer con todos los asentamientos para limpiar un poco con la delincuencia y la baja calidad de vida. Enzo espera nada más que se haga lo mismo con el asentamiento de Jose Serrato y Agaces, donde nació. "Hay personas que están ahí desde hace 50 años, viviendo igual de generación en generación y no creo que crean en ningún gobierno o mejoría si no se hace algo por ellos".
Gerardo es vecino también de otro asentamiento en La Unión. "Es una cueva de drogadictos, ladones, niños que crecen sin ningún futuro, y gente que no puede pagarse un hogar que se escudan en el asentamiento para obtener luz, agua, TV cable y vivir una vida sin pagar nada", expresa. "Y todavía el gobierno paga su voto durante los 5 años", agregó.
Ricardo, un empleado de 48 años, vive cerca del asentamiento de la "Manchega donde vive el "Mono Mono", un ladrón insoportable que tiene a todo el barrio enfermo". Según este lector, el delincuente robó varias veces la Iglesia y una cantidad de fincas del vecindario. "Ese cantegril debe desaparecer y construir la calle cerrada por ellos", dice Ricardo, además de agregar que está de acuerdo con que se desaloje a los habitantes de esos lugares y se les de una mejor vivienda.
Fabián vive en España pero fue vecino del asentamiento. "Viví durante 20 años a 25 metros de ese maldito cantegril, que nos arruinó el barrio. Con la pasta basta base todo empeoró. Era un vedadero infierno. Los robos se realizaban descaradamente, a la gente mayor los golpeaban contra el suelo porque no largaban la cartera, nuestras casas eran robadas constantemente", cuenta Fabián.
Para el exiliado y los vecinos del lugar, el día del desalojo fue "uno de los días más felices de nuestras vidas, ya que hace muchos años que soñamos con este momento. Lo único que lamento es no estar en Uruguay para haberlo visto en persona. Había muchos ladrones, pero también había gente buena y trabajadora. Lamentablemente los ladrones eran los que mas abundaban. Gracias, gracias y mil veces gracias. Es un milagro", finalizó.
Diego, un joven estudiante de La Unión vivía a tres cuadras del asentamiento de Fray Bentos y Pernas. "Siempre se escuchaba de robos en almacenes, robos de autos en épocas de carnaval, con los tipos siempre de azotea en azotea buscando que robar", contó.
Con respecto al desalojo, Diego dice que "sin duda que es una alegría para todo el barrio, porque en los últimos anos ya no se podía salir a la calle por el miedo que uno tenía. Yo me mudé hace poco a Estados Unidos, pero para mis abuelos que siguen en el barrio es una tranquilidad. Tan solo la idea de que puedan salir a caminar sin problemas, que no se podía hacer, es muy bueno", expresó.
Daniel, otro vecino de La Unión que ahora vive en España, dice que el desalojo del asentamiento "hará que esta parte de La Unión recobre su autonomía, y sea mas tranquilo vivir. Toda esa gente solo causaba problemas, robaba y molestaba. Menos mal que los sacaron. Más vale tarde q nunca".
Enrique nació en La Unión, y vive ahí desde hace 52 años, al final de la calle Larravide. Este lector cuenta que ahí hay un asentamiento basurero, donde los caballos pastan y ensucian todo frente a las viviendas. "Es una postal del verdadero Uruguay, de la pobreza política que existe en nuestro país. Hablamos de contaminación y medio ambiente pero permitimos toda esta clase de basureros. Es tan lamentable que no resolvamos una situación tan precaria, donde la gente vive en un estado miserable", expresó. A Enrique el desalojo del asentamiento le parece bien, "siempre y cuando haya otras soluciones".
Paulo vive cerca del asentamiento de Dámaso Antonio Larrañaga (ex Centenario) y Carreras Nacionales. Cuando se va a tomar el ómnibus, dice haber visto "la siguiente modalidad de robo: detienen los vehículos atravesando una pelota por en frente. Le rompen los vidrios y procuran tomar algo de adentro. En otros casos corren detrás de camionetas con puertas, abren la puerta e intentan tomar algo. A mí no me ha pasado nada, pero a una prima que vive en la zona le intentaron robar en la parada". Para Paulo es muy indignante que esto ocurra a dos cuadras de la seccional 16ª.
Con respecto al desalojo, Paulo cree que "esto de los asentamientos va mucho más allá. No sé si erradicarlos es la solución. Es un problema social y de fondo. En tales lugares, viven personas normales y trabajadoras también. Que la pelean día a día. El desalojo es una solución falsa. Quitamos de raíz algo que no nos gusta. Creo que no es el camino. Me parece que hay que atacar las causas".
John vive a una cuadra del asentamiento desalojado. "Ya no se podía salir a la calle, sobre todo en el caso de las personas mayores", cuenta. Hace 40 años "vivía gente humilde pero decente y algún que otro chorro que no robaba en el barrio", dice John. "Hoy ya era insostenible que estuvieran allí. Abrís la puerta de tu casa y hay que mirar 10 veces antes de salir, porque se enconden en cualquier lado para robarte. Ya nadie salía a la vereda y no se ven niños jugando. Los autos que paran en la zona, no duraban más de 15 minutos sin que le rompieran algo para robarlo".
"El sentimiento general de la gente del barrio es de felicidad y alivio", dice John, pero advierte que los ladrones siguen estando, y que no se puede descuidar. "La pasta base no solo estaba allí, hay en toda la zona y en más lugares de lo que la gente cree".
Sobre el futuro, el vecino de La Unión dice que espera que "que cambie un poco el barrio y la zona comercial de 8 de octubre, porque entre los chorros y la mugre que hay, la verdad es que la zona deja mucho que desear".