Elegía de la pobreza

RICARDO REILLY SALAVERRI

El Cr. Danilo Astori se ha caracterizado por su rol como abogado oficioso e indeclinable de las andanzas de su funcionario ministerial de particular confianza y colega, Juan Carlos Bengoa y el resto de los integrantes de la organización que mágicamente, en medio de una corrupción cuya metástasis va alcanzando hasta al nuevo Director Nacional de Aduanas y que amenaza con más, hicieron esfumar 14 millones de dólares de los bolsillos montevideanos (si hay dudas se recomienda la lectura de "La mano en la lata", Alfano y Werner; ed. Letraeñe).

Y, ha iniciado, además, entusiasta campaña electoral, desarrollando incluso publicidad pública en tiempos legalmente prohibidos. A la que no ha faltado literalmente algún balde de agua fría, y el ladrido regocijado de canes furiosos, que recibieron su sapiente oratoria, con un enojo digno de los trabajadores, jubilados y pensionistas a los que se les saquearon despiadadamente sus legítimos ingresos, IRPF mediante.

Es que el patrocinante de la reforma tributaria más improvisada y abstrusa de la que la república tenga recuerdo, se ha lanzado a la arena y es precandidato y contendiente de su correligionario "el Pepe" Mujica, que en las primeras de cambio le ha dado un reverendo castigo en elección interna a la que al contador no lo votaron ni las moscas.

Y, está claro que el dueño de la cancha frentista en cualquier circunstancia va a ser siempre el anciano ex terrorista, actualmente pasado a retiro.

Entre las aspirinas, los calmantes, las asepsias, los bisturíes, las aplicaciones de rayos, las ventosas y otras menciones seculares, de carácter médico a las que suele recurrir el actual presidente Vázquez en su oratoria -convengamos en que nadie lo eligió por estadista-; las que dificultan, por otra parte, la comprensión de las imágenes literarias a los legos, estaba aquello repetido hasta el hartazgo, de forma tal que hasta induce a confusión sobre los pobres y los ricos.

Hablando hoy en plata, hete aquí que hasta un insospechable núcleo de "economistas de izquierda", viene concluyendo en algo que es tangible a simple vista. Hoy hay ricos más ricos y pobres más pobres, que hace cinco años atrás.

Los partidos políticos nacionales históricos son transversales y policlasistas.

Así se llegó incluso, a estar en la cumbre de la distribución del ingreso social en América Latina y el Caribe (informe Cepal 2000-2004). Y, a nadie se le ocurría alimentar odios y fracturar la sociedad como ha ocurrido ahora. Porque no solo técnicamente la pobreza no se abatió y se agravó, sino que además hay un odio que corta el aire.

Campeón de esta fractura es siempre el Frente Amplio, y especialmente "el Pepe". Todos los días agrega fuego a la hoguera del enfrentamiento y la división social.

Hace 100 años el Uruguay tenía una riqueza -calculada en términos del PBI- equiparable a Dinamarca y Bélgica. 100 años después mientras la renta per capita uruguaya ronda los 7.000 dólares, Dinamarca se aproxima a los 25.000 dólares y Bélgica a los 20.000 dólares. En esos pequeños países no hay pobreza. La superaron, con medidas política integradoras, sin luchas de clases; con ética del trabajo, no compensando el atorrantismo; con administración eficiente del Estado, no con adiposidades burocráticas insanas. Ese es el camino.

La elegía de la pobreza frentista, es recurso proselitis- ta, apunta a igualar a los uruguayos hacia abajo. Muchos creemos en otros caminos. Como los daneses y los belgas.

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