Estos días, el Ente energético monopólico uruguayo ha estado en el ojo de la tormenta a raíz del llamado a la Comisión Permanente de su presidente, Raúl Sendic, para que diera explicaciones acerca de dos de los negocios más polémicos que ha emprendido Ancap; el proyecto "sucroalcoholero" de Bella Unión, y el contrato de seguro de precio para la compra de petróleo. Luego de escuchar lo que allí se dijo, da la impresión que lo que está verdaderamente "en la picota" no es Ancap, sino (para variar) el bolsillo de los uruguayos.
El primero de los temas da para escribir una novela. Rodeado de toda la nostalgia que muchos miembros del gobierno sienten por el tema de la caña de azúcar, el proyecto de ALUR fue de los primeros en ser impulsados por esta administración. Cubierto de un loable manto de buenas intenciones, se buscó hacer una inversión que permitiese dar trabajo y esperanza a una de las regiones más empobrecidas del país.
Pero la economía tiene poca consideración por el romanticismo y las buenas intenciones. Desde un principio se advirtió que la enorme inversión que planificaba el Estado en Artigas, enfrentaba serios problemas técnicos. Sobre todo climáticos, como ser la ocurrencia de heladas, de lluvias durante la cosecha, de falta de capacidad de reserva de agua, y las bajas temperaturas. Tan es así que desde la facultad de Agronomía se advirtió que por estos problemas, seguramente de cada 10 cosechas, 6 enfrentarían problemas. Y para confirmar estos temores, en 2007 se perdió el 75% de la producción por mal tiempo.
Pero estos "detallecitos" no iban a amilanar al Estado, que según se informó en el llamado a sala de Sendic, lleva invertidos más de US$ 100 millones en ALUR. Todo un Plan de Emergencia. Y los números por ahora no son nada halagüeños, ya que en 2006 perdió 2,5 millones de dólares, en 2007 fueron 6 millones, y las expectativas para 2008 no son mejores. Esto sumado a la estrepitosa caída del precio de los combustibles, que pone en duda la viabilidad de este tipo de alternativas, pinta un panorama sombrío para el futuro del emprendimiento, y hace pensar si con esa cantidad de dinero no se podría haber hecho algo más útil para ayudar a esa olvidada zona del país.
El segundo tema que se debatió en el Parlamento fue el polémico contrato de seguro que concretó Ancap, para "estabilizar" el volátil precio de compra de petróleo. En el contrato hecho con el Citibank, se fijó un precio tope de US$ 95 y un piso de US$ 54. En principio todo parecía muy razonable, sobre todo frente a antecedentes cercanos en los que el crudo había llegado a costar US$ 147 el barril, aunque al momento de contratar ese polémico "seguro", el mismo ya había comenzado a caer fuertemente.
Teniendo en cuenta que desde que se concretó ese seguro, el petróleo anda por los 40 dólares, es evidente lo poco feliz de la decisión de los jerarcas del Ente, y la molestia de los usuarios que veían en el diario todos los días como caía el crudo, pero que las naftas uruguayas (las más caras de la región) tan proclives a respetar al mercado en los momentos de alza, no bajaban al mismo ritmo que su materia prima. Según informó Sendic, que para la ocasión estuvo acompañado por el ministro de Industria y ex aspirante a candidato presidencial Daniel Martínez (quien lo precedió en el cargo y es recordado por haber dejado a medio Uruguay sin garrafas de gas en el invierno más frío que se tenga memoria), ahora se busca modificar ese seguro, ya que su cancelación podría costar al bolsillo de los uruguayos otros US$ 50 millones.
Lo que quedó en claro, más allá de diferencias menores en cuanto a montos, es que las decisiones "empresariales" que viene tomando Ancap en estos temas han salido carísimas al país. Que la falta de idoneidad de su jerarquía máxima, contrario a lo que siempre dijo el Frente de que pondría a expertos en cada cargo del Estado (nadie sabe cuales son los antecedentes técnicos que habilitan al señor Sendic a dirigir la mayor industria del país), hace sospechar que las mismas han sido fruto más de voluntarismo político e improvisación, que de serios análisis técnicos.
Y de que a diferencia de lo que ocurre cuando estos "errores" se cometen en el ámbito privado, aquí nadie se hace responsable de los mismos. Con un mercado cautivo, y unos "accionistas" a los que se maquilla la información con coloridas arengas políticas, todo está servido para que el derroche de la plata de todos siga viento en popa.