El Presidente de la República ha anunciado que de aquí en adelante habrá de abstenerse de toda intervención en la lucha interna del Frente Amplio por la candidatura presidencial. Es como decir que de aquí en adelante respetará la Constitución de la República que le impone, mientras ejerza su cargo, abstenerse de todo acto político salvo el voto.
Esa "Rebelión en la granja" que con las connotaciones propias de la monografía de George Orwell Pedro Bordaberry visualizó en el Frente, en realidad es la consecuencia, a nuestro entender, de un pésimo manejo de quienes la han protagonizado pero principalmente de quien tiró la primera piedra. Y ese, a nuestro modo de ver, ha sido el Dr. Tabaré Vázquez, cuando públicamente primero con declaraciones propias y luego a través de voceros, proclamó como fórmula ideal, ganadora y avasallante, a la de Astori y Mujica, en ese orden. Eso ya no ha de haberles caído muy bien a las huestes de Mujica, que saben que son amplia mayoría dentro de la coalición y el pretendido artífice de la victoria, sin consultarlos, ya les estaba asignando el segundo lugar.
Paralelamente un grupo de ciudadanos que todavía hoy se mantiene en la tarea perdiendo o vendiendo tiempo que no se sabe quien se lo financia, se instaló en diversos lugares de la ciudad recabando firmas de la ciudadanía para impulsar una reforma constitucional "a lo Pacheco". Nadie les dijo que no lo hicieran, y esa tolerancia bien pudo interpretarse como una suerte de aviso del Presidente de cambiar su posición inicial contraria a la reelección. Esto trajo como consecuencia reacciones en el MPP. Mujica, que en su momento dijo ser reeleccionista, se sintió doblemente defraudado, pues el Presidente no solo no le habría avisado de su cambio de posición, sino que además, lo relegaba, como dijimos, a un segundo lugar en la fórmula electoral, todo lo cual le hizo caer las lágrimas. Fernández Huidobro a su vez, solidario con su ex colega de armas y correrías, también protestó y dejó escapar una referencia a una especie de "perro homosexual" que todavía la gente está por entender.
Lo insólito de estos episodios que contamos, no afecta en un ápice la realidad de su ocurrencia. Cuando se alborotaba el avispero -azuzado por el anuncio de Vázquez de transmitir un PPS ("profundo y prolongado silencio") sobre su reelección-, se soliviantaron más los ánimos, y entonces para calmarlos recurrió a un par de allegados para que aseguraran que su decisión inicial se mantenía.
Pero ahí pareció quedar en claro -es una interpretación posible y más o menos coherente con la precipitación de hechos, dichos, idas y vueltas- que la desinteligencia de fondo estaba no entre Mujica y Astori sino entre Mujica y el Presidente. Así planteadas las cosas llegó el Congreso, en donde la candidatura oficial de Mujica arrasó y se habilitaron otras candidaturas, entre las cuales, la de Astori.
A continuación entró a tallar una figura de segunda línea, pro Astori y pro Vázquez, el Sr. Valenti, poniendo en duda los principios democráticos de Mujica, y siguieron los cruces. Paralelamente aparecieron Carámbula, Rubio y Martínez con la idea del "tercer polo" que culminó con una disparada inmediata de Rubio, con el llanto de Martínez porque su postulación dividió al Partido Socialista, y en definitiva, y ahora, con Carámbula como tercer hombre.
Y ya están corriendo las campañas. Lo más relevante, ha sido el acercamiento casi tierno de Mujica al matrimonio gobernante argentino, que para el periodista José Benegas vino a caerle al ex Presidente como el sueño del pibe de tener su propio gobierno uruguayo, visto que Vázquez le falló (recordar los casos Gelman y Botnia). Y Mujica, que quiso hacer las de Vázquez en 2004, trayéndose los votos decisivos que le permitieron ganar en primera vuelta desde Argentina, confraterniza con los ocupantes de Olivos que lo quieren como si fuera de la familia. Eso sí, no va a ir a Mar del Plata a buscar votos porque eso está mal visto, pero los asuetos para trabajadores a los uruguayos para que vengan a votar, démoslos por hechos.
Esta catarata de errores es propia de una coalición que siempre fue una colcha de retazos, que no tiene líderes, ni oficio de gobierno. Todo esto parecería estarle dando la razón a quienes vaticinan que el Partido Nacional, trabajando como lo está haciendo y elaborando propuestas de gobierno serias, va a resultar en octubre el partido más votado.