LEONARDO GUZMAN
Al bajarse, el Ing. Daniel Martínez, lamentó que, en la búsqueda de acuerdos para postular una tercera candidatura, haya predominado la urgencia por los nombres por sobre la concordancia en ideas y programas.
Escribió que primero había que "acordar una identidad en el énfasis programático… y en último lugar, como último paso, discutir cuál de nosotros era el candidato", para "no caer en lo que muchos entendimos como un error, el discutir nombres antes que propuestas, como en el caso de los compañeros Mujica y Astori".
El hecho imputado no lo desmintió nadie y el tema lo dirimirán -o silenciarán- sus protagonistas, pero el certero principio que invocó el Ing. Martínez vale más allá de intimidades sectoriales.
Que primero debe definirse los conceptos y después elegir los candidatos está implícito en la oposición de Artigas a quedar en manos de la "veleidosa voluntad de los hombres". Por esa causa lucharon el Constitucionalismo del siglo XIX y los grandes líderes del siglo XX. Para sustentar el predominio de la idea sobre los personalismos políticos, desde tiendas opuestas se fundaron sucesivamente El Bien Público, El Día, El País, El Plata, El Sol y unos cuantos más. Por encima de los programas económicos, Zorrilla de San Martín, Batlle y Ordóñez, los primeros Beltrán, Aguirre y Rodríguez Larreta, Ramírez y Frugoni, todos denunciaron al caudillismo sin programa como una calamidad de la política criolla.
El principio que inspiró sus luchas se identifica con la democracia; y sus orígenes están en el afán socrático y aristotélico de que primero se piense y después se actúe -regla que quisieron barrer el autoritarismo y el relativismo, pero sigue rigiéndonos al minuto de armar el surtido en la góndola, buscar un dato en Internet o diseñarle rumbo a la familia o al país.
Y eso no es de izquierda ni derecha: es de la esencia de la persona y la cultura. Ergo, cuando un candidato avanza por conciliábulos en torno a nombres antes que por programas, más que "izquierda progresista" hay manejos retrógrados. Queda a la vista algo aun más importante: la elección 2009 no se plantea entre derecha e izquierda, pero ello es así no sólo porque nuestros partidos tradicionales no se identifican con "la derecha" latinoamericana sino porque a su contrincante se le evidencian fisuras reaccionarias como ésta… imponente pero no única.
¿O es de "izquierda" que, tras el retiro de la postulación de Martínez, el Presidente de la República haya anunciado que no hará más pronunciamientos político-partidarios, como si no le hubieran estado ellos vedados por el numeral 5º del art. 77 de la Constitución, que le prohíbe "intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral"?
¿O es de "izquierda" sacar de sus cuarteles -de invierno- a quien hasta hace un año fue Ministra de Defensa Nacional y ponerla al frente de los cuerpos estables del Sodre, que claman por renovación e ímpetu?
¿O es de "izquierda" que los dirigentes gremiales formulen llamamientos públicos a votar al lema de gobierno, en la ruta de las peores visiones conglobantes -léase, totalitarias- del siglo XX, que recocinan juntos al sindicato, al partido y al Estado? La hora nos impone, a todos, negarnos a la hipnosis que intenta inducirnos a dividirnos mal.
Por encima de los grados de acción estatal en la economía, nos llama a colocar siempre el pensamiento antes que la acción, único modo robusto de servir el Derecho y la libertad.