Difícil remedio

JUAN ORIBE STEMMER

El grupo de piratas somalíes que había apresado el superpetrolero "Sirius Star" liberó la nave y a su tripulación luego de haber recibido el pago del rescate convenido con los armadores, a través de los intrincados procedimientos usuales en estos casos.

El incidente ocupó la atención mundial. No era para menos. El "Sirius Star" es uno de los buques más modernos de la compañía armadora Vela Star, subsidiaria de la empresa estatal petrolera de Arabia Saudita. Botado en marzo del año pasado, transportaba un cargamento completo de petróleo crudo con destino a los Estados Unidos.

El valor del buque es de aproximadamente 150 millones de dólares y el de su cargamento ascendía a unos cien millones de dólares, en el momento de la captura.

Los armadores hicieron llegar el rescate de unos tres millones de dólares a los piratas, lanzando el dinero desde un avión, en un contenedor sujeto a un paracaídas. Los piratas se repartieron el botín y, al caer la noche, se embarcaron en cinco lanchas rápidas para retornar a la costa, donde los esperaban para una gran celebración.

Sin embargo, algo sucedió y una de las lanchas se hundió. Solamente tres de sus tripulantes consiguieron llegar a la orilla.

A pesar de los peligros que envuelve, la piratería en la región del Golfo de Adén, una de las principales encrucijadas marítimas, es un negocio cada vez más rentable para los habitantes de las regiones costeras de Somalia, especialmente los de la provincia marítima de Puntland, el centro de esta antigua industria.

Los ataques piratas contra la navegación comercial en las rutas marítimas adyacentes a Somalia y el Golfo de Adén pasaron de menos de diez en el año 2004 a más de sesenta el año pasado.

También aumenta el monto de los rescates exigidos, según un estudio del instituto británico Chatham House, el monto total de los rescates pagados durante el año pasado oscilaría entre los 18-30 millones de dólares.

Los mayores ingresos cosechados por los piratas naturalmente conducen a la expansión de sus actividades.

Se han vuelto más agresivos, han adquirido armas más sofisticadas y, a medida que los buques mercantes se alejan de las rutas próximas a la costa somalí, han comenzado a utilizar buques nodriza -usualmente buques pesqueros capturados- para extender sus operaciones mar adentro.

El "Sirius Star" fue apresado en lo que se consideraban aguas seguras a unos 830 kilómetros de la costa. Aunque hasta ahora los piratas, en general, han tratado correctamente a sus prisioneros, es probable que su actitud cambie, a medida que aumenta su codicia y, también, cuando comiencen a hacerse sentir las medidas de protección de la navegación que están siendo aplicadas por los buques de guerra de diferentes países que patrullan esas aguas.

Las Naciones Unidas le han dado a los buques de guerra extranjeros el derecho de entrar en las aguas territoriales de Somalia, para reprimir los actos de piratería.

Navíos de varios países patrullan la región. A pesar de ello, los piratas continúan con sus audaces incursiones. El tema es que la solución del problema no se encuentra en el mar, sino en tierra.

Somalia es un país fragmentado, cuyos ocho millones de habitantes viven en la máxima pobreza y donde no existe un Estado central capaz de imponer el orden en su territorio. Y esto no es fácil de remediar.

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