Mirando el 2009

FRANCISCO GALLINAL

Los últimos datos del marco internacional dan cuenta de que la evolución de la crisis viene derribando los optimismos que quedaban. El FMI ha vuelto a revisar a la baja sus pronósticos sobre el desempeño de la economía mundial. Si algo puede decirse sobre los augurios del FMI de los últimos tiempos es que han sido siempre sesgados hacia el optimismo, por eso mismo se ha visto obligado a rehacer constantemente sus predicciones. Ahora, adelanta que en 2009 la economía mundial crecerá 0,5% promedio, mientras que en 2010 el crecimiento mundial volvería a incrementarse hasta un 3%. Lo de 2009 suena plausible, dado que en los últimos días se han consolidado las situaciones de recesión en EE.UU y Europa. Lo de 2010 parece ser una nueva expresión de optimismo del FMI.

En lo que hace a nuestros vecinos: Argentina parece caminar rumbo al incendio, manteniendo una política fiscal muy expansiva en momentos en que su actividad económica se enfría, y los precios y demanda de sus principales exportaciones (y sostén de su recaudación fiscal) vienen cayendo; Brasil, más ordenado, también viene sufriendo una desaceleración, pero podría mantener una cifra positiva de crecimiento a lo largo del año, según el FMI del 1,8%.

Por casa, ya se aprecia una contracción de la actividad industrial y de las exportaciones, así como el aumento de cobertura del seguro de paro. Si bien puede ser que el crecimiento PBI en 2009 sea levemente positivo, hay probabilidad de que sea nulo o negativo en una medición "punta a punta". Por el momento, el consumo interno sigue fortalecido, único componente de la demanda que se mantiene, dado que, las exportaciones y la inversión van a caer.

En virtud de las medidas adoptadas en el campo monetario, inspiradas en la cruzada antiinflacionaria que enfervoriza al gobierno, como si no hubiera tenido nada que ver en la génesis del proceso, vía gasto público exacerbado y políticas salariales y tarifarias desvinculadas de la realidad, ya se ha producido con la caída del dólar una pérdida de competitividad externa, y el riesgo de que se acentúe es alto. Cuando en todo el mundo se vuelcan recursos desde el sector público para sostener la actividad económica, sin temor a la inflación, en Uruguay hay presiones inflacionarias cuya evolución futura es incierta. Está claro que los ajustes salariales acordados y prometidos, con fuerte olor a Carnaval electoral, no guardan compatibilidad con el cuadro de situación, y representan un factor distorsionante.

Las medidas "no ortodoxas" que el gobierno viene impulsando tendrán un efecto efímero (léase subsidios, "acuerdos de precios", contención de tarifas públicas, etc.) y algunas de ellas también tienen potencial efecto inflacionario.

Este maquillaje retrasa la toma de conciencia del problema y la adopción de medidas de fondo; entretanto, degradan la expectativa de los agentes económicos, opacan la información que el sistema de precios debería trasmitir de manera transparente.

Además complican a la actividad privada -en particular, la exportadora, que debería ser estimulada- y agregan más desequilibrio a las cuentas públicas. La idea central es "patear p´adelante", y eludir -una vez más- los costos políticos de encarar en serio la gravedad de los peligros.

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