JORGE ABBONDANZA
Pobre Obama. Lo que le espera es una montaña de desafíos en materia de política exterior, en medio de los cuales hay siete asuntos que se destacan por su importancia, por la gravedad que los acompaña y por el carácter urgente que revisten dentro de la agenda de un flamante presidente.
1. Irak. Durante su campaña electoral, Obama anunció el retiro de los 150.000 soldados norteamericanos estacionados en ese país, seis años después de la conquista. Habrá que ver si puede hacerlo, porque los atentados y la anarquía prosiguen en una atormentada sociedad donde el terrorismo fue estimulado por las mismas tropas que pretendían combatirlo.
2. Gaza. Hay una tregua en el desastre palestino-israelí, que comprendió 22 días de bombardeos y masacre en esa franja invadida por el ejército hebreo. Será bueno ver lo que Obama puede hacer al respecto, considerando el patrocinio que los norteamericanos ejercen sobre la política de Israel.
3. Afganistán. La guerra contra la insurgencia talibán continúa agudizándose, a cargo de los efectivos norteamericanos que permanecen en ese país desde hace siete años y tres meses. La aventura ha sido un fracaso, mientras Estados Unidos combate a las mismas fuerzas que auspiciaba hace 30 años, cuando los soviéticos ocupaban la región. Qué ironía.
4. Irán. Por suerte, Obama dijo que se propone dialogar con los integristas que gobiernan ese país. Después del colonialismo impuesto a los iraníes por Inglaterra y del control ejercido por Estados Unidos hasta la caída del sha, sería prudente dejarlos en paz. No hay mejor aliciente para un plan nuclear que la arrogancia de las potencias empeñadas en mantener el monopolio de esa fuente de energía y de poder militar.
5. Rusia. Con un nerviosismo heredado de la guerra fría, los norteamericanos hablan de un escudo antimisiles a desplegar en Polonia y Bohemia. No parecen recordar que Rusia tiene el otro arsenal atómico más grande del mundo, disponibilidad que Putin no está dispuesto a descartar, por lo cual anuncia medidas equivalentes.
6. China. Obama no ha sido claro en su postura ante el coloso asiático. Se le reprocha a China su turbia actitud en materia de derechos humanos, pero ese cuestionamiento proviene de quienes han mantenido la cárcel de Guantánamo y quienes cometieron barbaridades en Abu Ghraib. No debe olvidarse que China financia parte de la inmensa deuda externa de Estados Unidos con la compra de bonos del Tesoro que le permiten tener la sartén por el mango.
7. Latinoamérica. Lo que preocupa a Estados Unidos no es todo el hemisferio, sino en todo caso dos países. Uno de ellos es Cuba, que mantiene la espina stalinista clavada en su flanco, y el otro es Venezuela, donde el milico Chávez desafía verbalmente al imperio mientras embolsa los dólares que el mismo imperio le paga por su petróleo. Al margen de ellos puede importar México, por su proximidad a la frontera, y Brasil por el volumen de su economía. Pero la lista de grandes intereses termina allí.
En ese mundo atribulado aterriza ahora un nuevo presidente, a la sombra del descrédito de los ocho años de Bush. Pobre Obama.