Los puntos calientes del planeta

CLAUDIO FANTINI

Tenderemos la mano a los que abran el puño". La frase de las frases en el discurso de asunción. Una imagen reveladora para definir la política hacia los liderazgos hostiles. A quienes Bush trataba con amenazas, listas negras o guerras preventivas, Obama tenderá puentes de acercamiento. Es el fin del extremismo belicista pero no el comienzo de un pacifismo genuflexo. Obama ya inició la marcha. El primer paso fue corto, pero rápido y en buena dirección: Guantánamo.

Pero el nuevo presidente sabe que hay fanáticos y demagogos deseándole la peor de las suertes, porque nada les resulta menos funcional que un presidente norteamericano tolerante y sin prepotencias imperiales. Es más, desde hace meses habrá terroristas planeando mega-atentados y demagogos esperando un magnicidio. De los primeros, Obama no espera que abran el puño, pero si de algunos líderes demagogos y autoritarios. Por caso, el presidente intentará que Mahmud Ahmadinejad abra al mundo los secretos nucleares iraníes y deje de excitar el activismo beligerante del Ejército del Madhi en Irak. También que ayude a moderar al Hezbollah y al ala más dura de Hamas.

Reemplazando presión por persuasión y apostando a convencer y no a vencer, procurará que el líder norcoreano Kim Jong Il, además de continuar desmantelando su plan nuclear, reanude las negociaciones con Corea del Sur, con vistas a una futura reunificación de la península.

Como el de Obama no parece un pacifismo hippie sino el de un estadista sensato y responsable, no negociará con el Talibán al precio de un retorno de Afganistán al régimen lunático que lideró el mullah Omar. Pero buscará que el general Petraeus neutralice a varias tribus beligerantes negociando como negoció con los jeques sunitas en Irak.

Lo que más lo desvela es Pakistán, cuyas regiones de Waziristán y Baluchistán están en manos de líderes pro Al Qaeda.

Su aguda mirada al mundo también debe percibir lo absurdo del cerco geopolítico que tendió Bush a Rusia. Vladimir Putin podrá ser un autócrata de instinto autoritario, pero su gobierno no es un enemigo de las potencias occidentales. Aunque su principal desafío está en el Medio Oriente, donde intentará que Israel acepte negociar la propuesta del rey saudita Abdullah bin Abdulasis al Saud (reconocimiento árabe a cambio de retorno a las fronteras de 1967), o al menos desde una plataforma similar a la que planteó Ehud Barak en el Camp David II. Si logra estabilizar esos frentes, podrá pensar en el África, donde crece el fanatismo salafista y aún hay horribles regímenes como el de Mugabe en Zimbabwe.

En América Latina, el fin de la hostilidad política hacia Chávez y el suave cambio de actitud hacia Cuba, que tendrá como límite el que tengan los hermanos Castro para ir desde la rigidez a la apertura, serán tenues variaciones que llegarán por medio de Lula. Porque Brasil será, con México, el traductor de la región frente a la potencia, que seguirá hablando otro idioma pero tendrá más disposición a escuchar.

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