ALEXANDER LALUZ
El pasado martes se conoció la noticia de que el Dr. Horacio Sanguinetti había renunciado a la dirección del teatro Colón. La decisión, que fue comunicada por el funcionario a través de una carta enviada desde Córdoba en donde estaba de vacaciones, abrió otro frente en la crítica situación de esta institución cultural.
De acuerdo a lo que informaron los medios argentinos, las diferencias que Sanguinetti tenía con el poder Ejecutivo de la ciudad fueron las principales causas de esta renuncia.
Las autoridades del gobierno porteño, por su parte, manifestaron en un comunicado la "sorpresa por esta decisión, por cuanto el doctor Sanguinetti estaba trabajando en total consonancia con el Ejecutivo". La notoria contradicción entre estas dos posiciones no es casual, sino que representa la grave crisis gremial, institucional, financiera y política que atraviesa el Colón desde hace varios años. Las variables que se cruzan en esta situación, resensibilizadas durante el año de gestión de Sanguinetti, son bien conocidas: la sala cerrada por reformas y con varias postergaciones de la fecha de reapertura, conflictos gremiales, reiterados cambios de autoridades, problemas financieros.
Todo esto, indudablemente, es una proyección de las tensiones entre el gobierno de Macri y los sectores de la oposición. Y la reciente renuncia de Sanguinetti, sirvió de chispa para reactivar las diferencias aplacadas por el verano. En el medio, como siempre, la incertidumbre sobre el futuro de un histórico pilar de la cultura.
Reacciones políticas
Como respuesta a la renuncia de Horacio Sanguinetti, varios representantes políticos hicieron fuertes declaraciones. Aníbal Ibarra, diputado de Diálogo por Buenos Aires, señaló: "La renuncia expresa el fracaso de la gestión del macrismo y la desorientación en cuanto al teatro". El gobierno, por otro lado, lamentó "profundamente el alejamiento", y confirmó que el Colón seguirá con su programación artística y el plan de obras.