NUEVA YORK | AGENCIAS
Y THE NEW YORK TIMES
Sentado en el asiento 23A del Airbus 320 número 1549 de la aerolínea US Airways, Jeff Kolodjay miró por la ventanilla y tuvo una de las peores visiones imaginables para alguien que está volando: ver el motor bajo el ala prendido fuego.
De inmediato, el hombre escuchó una de las frases más aterradoras que un pasajero puede oír. "A través del altavoz, el capitán dijo: `Prepárense para un impacto`. ¿Cómo me podía sentir? ¡Eso es lo último que querés escuchar arriba de un avión! Todo el mundo empezó a rezar, a mirarse unos a otros sin saber qué hacer o decir".
A las 15.26 de ayer en Nueva York (18.26 de Uruguay), ese avión partió del aeropuerto de La Guardia. El destino era Charlotte, Carolina del Norte. Menos de tres minutos después, la nave cayó a las gélidas aguas del Río Hudson.
Pudo haber sido una tragedia. El avión "acuatizó" a la altura de la avenida 48 de Manhattan. El de ayer fue un día extremadamente frío en Nueva York. La temperatura ambiente era de seis grados bajo cero. En las gélidas aguas era aún peor.
Milagrosamente, los 148 pasajeros y los cinco tripulantes pudieron contar el cuento. El acuatizaje se hizo de buena forma y de inmediatamente ferrys, barcos de la Guardia Costera y helicópteros se encargaron del rescate.
"¡El aterrizaje no fue tan malo como pensé en un momento!", reconoció Kolodjay. Ya estaba en tierra firme.
Varias personas pudieron ser vistas paradas sobre las alas del avión, que se mantenía flotando, con chalecos salvavidas amarillos mientras eran rescatadas por las embarcaciones que rodearon la nave, provista con balsas inflables.
Los ocupantes fueron rápidamente evacuados hacia los hospitales de Nueva York a bordo de los ferrys que participaron del operativo de rescate, uno de los más espectaculares y exitosos que se recuerde.
Pero el susto no pasó rápido para varios de los pasajeros. Alberto Panero reconoció a la CNN que estuvo llorando y gritando buena parte del tiempo. "Todo ocurrió en cuestión de minutos. Uno escucha un ¡bang! y siente que el avión comienza a sacudirse. Uno huele humo. El avión comienza a sacudirse por todos lados... fuera de control... de pronto, el capitán avisa que vamos a caernos... yo me aferré a uno de los asientos, otros pasajeros a los botes salvavidas... se sentía pánico, aunque algunas personas -no sé si pasajeros o tripulantes- lograron mantener y transmitir calma... de alguna manera, el avión se mantuvo a flote. Es increíble que nadie muriera", relató a la cadena televisiva CNN.
Más tranquilo, en un edificio de la Calle 42 de Manhattan, Panero recuerda el momento del impacto con el agua, "como un choque en auto".
aves. Nueva York no es la misma, no puede serlo, desde el 11 de septiembre de 2001. Cuando se supo la noticia del accidente de avión, terribles fantasmas volvieron a la cabeza de sus habitantes. Sin embargo, y más allá del desenlace feliz del episodio, nada hace pensar que el accidente fue provocado por un sabotaje, o mucho menos, por un ataque terrorista.
"De momento no hay información que indique que se trata de un incidente relacionado con la seguridad``, dijo la vocera del Departamento de Seguridad Interior Laura Keehner.
La explicación sería mucho más sencilla: aves que impactaron contra el aparato.
De acuerdo con las primeras informaciones, el avión alcanzó los 3.200 pies de altura poco después de despegar. En ese intervalo las aves habrían chocado con el aparato, incrustándose en ambos motores -lo que en la jerga de la seguridad aérea estadounidense se denomina "double bird" (pájaro doble)- y provocando el incendio.
Ésta, al menos, es la versión que maneja la Autoridad Federal de la Aviación (FAA), aunque se negaron a sostenerla como la razón definitiva del siniestro, hasta que culminen las investigaciones. De lo que están seguros, por no tener ningún otro indicio en contrario, es que se trató de un accidente.
Desde las oficinas de la agencia Associated Press, la periodista Barbara Sambriski, vio claramente cómo caía el avión. "Simplemente pensé: ¿Por qué vuela tan bajo? Y, splash, se cayó al agua".
Varios testigos pudieron ver un acuatizaje controlado, con el avión planeando, con un ángulo bastante leve, y provocando un gran desplazamiento de agua al tocar su superficie. Lo suficientemente bueno para que el aparato se mantuviera intacto, sin hundirse, y sin lamentar víctimas fatales. Algunos lesionados, de poca entidad, y otros "sockeados", eran llevados a hospitales de Nueva York y Nueva Jersey.
La cifra
3 Minutos que llevaba en vuelo el Airbus de US Airlines cuando se cayó al Río Hudson; viajaba de Nueva York a Charlotte.
Un bienio sin tragedias
El accidente de feliz desenlace ocurrió en el momento en que Estados Unidos vive su momento más "seguro" en la historia de la aviación comercial. De acuerdo con la Autoridad Federal de la Aviación (FAA), no hubo ocurrieron accidentes fatales en vuelos de aerolíneas en el bienio 2007-2008, algo inédito en la era aérea del país.
El último gran accidente en Nueva York ocurrió el 12 de noviembre de 2001 -cuando el recuerdo del "11-S" estaba fresquísimo-, cuando el vuelo 587 de American Airlines se desplomó en Queens, un minuto después de despegar del aeropuerto internacional John F. Kennedy con destino a la República Dominicana.
Murieron sus 260 ocupantes y cinco personas en tierra. Se trató del segundo peor accidente aéreo en la historia de Estados Unidos. Bloomberg