Médico herido

Un médico atendía solícito a un ciclista caído en el cruce de Gral. Flores y Aparicio Saravia, habiendo sufrido pérdida de conocimiento. De repente, el galeno recibió un puntapié en el rostro, lo cual le produjo graves lesiones a nivel maxilofacial. Un episodio brutal, insólito, injustificado, que exige la identificación y procesamiento inmediato del agresor.

Lamentablemente, los médicos de Salud Pública, en lugar de reclamar tal cosa y seguir con sus tareas, esenciales para la continuidad de la vida de la comunidad, decidieron suspender por un día su atención en las policlínicas de todo el país, en solidaridad con el médico herido.

Es sabido que ya otros médicos han sufrido agresiones de parte de sus pacientes y de personas cercanas a éstos. Que por ende, esta no es la primera vez que ocurre algo de estas características repudiables. Pero interrumpir las tareas no perjudicará a los agresores, no servirá para que sean capturados con mayor celeridad. Simplemente perjudicará a la mayoría de los pacientes, que son los que actúan con respetuosidad frente a los profesionales de la medicina.

Salvando las diferencias, la citada posición colectiva de médicos, recuerda lo que reiteradamente hacen conductores de ómnibus y taxis cuando alguno de sus colegas es asaltado y herido o muerto: se declaran en paro. Entonces, otra vez la perjudicada es la mayoría de la población, aquella que acata las leyes, que se comporta correctamente pero que como resultado indirecto de la acción de inadaptados, queda sin medios de transporte. Algo que impide que miles lleguen a sus trabajos o que puedan retornar a sus casas para un merecido descanso.

La paralización de actividades puede ser un instrumento sindical efectivo para lograr determinados objetivos. De eso no cabe duda y aún así debe calibrarse cuidadosamente su utilización, en consideración a los efectos que puede tener, particularmente cuando afecta a servicios esenciales. Pero en la coyuntura actual, así como en los demás ejemplos citados, se convierte en algo inconducente, fuera de lugar, no digno de universitarios que tendrían que advertir que su predicamento debe encaminarse por otros senderos.

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