San José | El terror se apoderó de Costa Rica luego de un fuerte sismo de 6,2 grados en la escala de Richter, seguido por unas 150 réplicas. Fue uno de los mayores terremotos en la historia reciente del país, y se sintió fuertemente en la gran zona metropolitana -que comprende las ciudades de San José (la capital), Alajuela, Heredia y Cartago-, donde viven unas 2,5 millones de personas, más de la mitad de la población total.
Dos niñas de 7 y 11 años, vendedoras ambulantes de caramelos, murieron aplastadas por un deslizamiento de tierras cuando caminaban a la orilla de una ruta, en la zona de Dulce Nombre de Poas.
El presidente de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), Daniel Gallardo, dijo que se decretó un alerta roja como prevención. Hasta el momento, no se tenía más información sobre otras víctimas fatales. Una represa en el lugar del epicentro sufrió daños, la cruz de una iglesia en Alajuela se vino abajo, hubo desplazamientos de tierra, y se abrieron grietas en las carreteras. El tránsito fue severamente obstaculizado.
En San José, las personas salieron corriendo de sus casas, edificios y centros comerciales. Muchas personas se hincaron espontáneamente a rezar, se vivieron escenas de angustia en los descampados hacia donde corrieron los habitantes. Fueron evacuados hospitales y suspendidas las construcciones. El servicio de telefonía celular colapsó casi inmediatamente. No se recordaba un episodio similar tras un terremoto de 1991, que llegó a los 7,6 grados en la escala de Richter.
Las réplicas superaron las 150, aunque menos de una decena alcanzaron a ser percibidas por la población. "los sismógrafos no han parado ni un minuto, viene uno (un terremoto) tras otro", señaló a las cadenas televisivas el experto Juan Segura. AFP y AP