ANDREA DURLACHER
El mar se pretende inocente y conmovedor, pero le pega a las rocas. Soy una pavada al lado del mar; escribí diez años atrás, en la playa brava de Punta Colorada, a pocos kilómetros de Piriápolis. Esas palabras me empujan a una pregunta vigente, ¿la gestión humana es una pavada al lado del mar?, ¿por qué Piriápolis es Piriápolis y Punta del Este es Punta del Este?, ¿qué los separa? No es el agua, ni el puerto bordeado de luces redondas y amarillas; no son las playas solitarias y limpias: Punta Fría, San Francisco, Punta Colorada y Punta Negra prueban que la naturaleza no ha dicho, aún, la última palabra.
El comentario popular señala que los veraneantes de Rocha son bohemios; los de Punta del Este, coquetos. Al que va a Piriápolis nadie lo etiquetará tan fácilmente. Quizá veranea ahí conmovido por la vejez natural del balneario, que despierta recuerdos. Bueno, "modernizarla" la tornaría patética como una chiquilina llena de accesorios baratos. No, mejor no: en la estabilidad de Piriápolis la vagancia y lo austero coexisten con una fuerza afectiva intensa.
Pero la evolución natural de una zona no es sinónimo de avance forzado, frustrado desde el inicio. Por eso duele ver las luces apagadas en las entradas de algunos hoteles, con muebles que exigen jubilarse, pintura cascada, vendedores que tratan a los clientes como sospechosos de robo sólo por entrar al local y tiendas abandonadas en la galería del centro, que se ha convertido en un atajo entre Sanabria y la rambla. En el encanto de Piriápolis vieja sobreviven los puestos de pescadores ("El kamarón"; "Embarcación la niña"; "Embarcación delfina"; "El pobre Oldi"…); el puerto (los yates y la especulación sobre a quién pertenecen, un par de lobos marinos deambulantes); los kiosquitos con sus revistas de moda nacidas antes de 1980; los cerros; el Paseo de La Pasiva; el castillo de Piria, su Piriápolis mística; la reserva de fauna autóctona del Cerro de Pan de Azúcar…¿Piriápolis es una pavada al lado del mar? El balneario no depende tanto del agua que le tocó, como de qué hace con ella, en la vereda, enfrente.