Rodolfo Sienra Roosen
El cambio de año no apagó los ecos de ese reír sonoro que nos hizo tanto mal cuando el presidenciable Cr. Danilo Astori anunció que si se cumplía su sueño rebajaría el IVA y aumentaría las deducciones al IRPF.
El ex Ministro, con buen manejo del autobombo, se llena la boca atribuyéndose el mérito de ser el artífice del crecimiento excepcional de la economía, que en realidad se venía gestando desde fines de 2002 al amparo de una demanda en escalada de nuestros productos por la irrupción gravitante de nuevos actores en el mercado, que llevaron los precios de exportación a las nubes. Paralelamente maquillando la deuda externa no hizo más que ganar tiempo para pagarla a costa de aumentarla en capital e interés. Fue en realidad un buen prestidigitador, con suerte. Con esa comodidad, tiró manteca al techo con el gasto público y así, por ejemplo, levantó en cien millones de dólares una Rendición de Cuentas por encima de las previsiones originales. Todavía queda un resto para el carnaval electoral. Pero de golpe y porrazo los tiempos de bonanza terminaron. Del crecimiento a la tasa del 10%, la desaceleración se bajará este año al 3%. El Ministro en funciones anuncia una suba del índice de desempleo. Se vienen años muy duros.
Con la reforma tributaria, Astori apuntó en primera instancia a matar a lo que quedaba de la clase media. Implantó un sistema contrario al de la prédica famosa de "pagará más el que tiene más". Paga más el que genera mayores ingresos con su trabajo esa es la verdad.
Se le mintió a la gente, porque quien gana más, no necesariamente tiene mayor capacidad tributaria. En su fase inicial, la reforma levantó una mega recaudación, lo cual permitió entonces mantener el asistencialismo fácil a quien no trabaja ni le conviene trabajar -nadie duda de la necesidad del plan de emergencia pero no sin la comprobación rigurosa del destino del beneficio- y después tomar otras medidas aparentemente generosas como la de elevar el mínimo no imponible, y rebajar en cuenta gotas algunas deducciones. Ese lujo se lo puede dar el Estado, cuando le sobra el dinero.
El tratamiento a los pasivos, imponiéndoles a sus ingresos la misma tasa de aportación que la de los trabajadores en actividad, es por lo menos injusto y de muy discutible constitucionalidad, llámesele al impuesto como se le llame. Defender la reforma diciendo que son más los que no pagan impuestos que los que pagan, es un sofisma. No hay un sistema tributario en donde los más aporten por encima de lo que aportan los menos. Seriamente, el Cr. Astori no puede insistir en esto.
Pero lo que asombra, es el anuncio de rebajas a los impuestos justamente en el período previsto para que la crisis universal nos pegue con más fuerza ¿De dónde va a sacar recursos para concedernos esta gracia? Si no lo hizo cuando el dinero le salía por las orejas al Estado ¿lo va a hacer cuando se inicie la escasez?
Con todo respeto, no se puede jugar con la inteligencia de la gente. En el mejor de los casos para Astori ¿será que tiene dotes de vidente para predecir que dentro de dos años el crecimiento económico del país será el mismo que cuando él fue gobernante y le permitirá estas dádivas que entonces no concedió? Ni eso. De hecho habló de más y puso el dedo en el ventilador.