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HUGO GARCIA ROBLES
Existe un tema que contiene mucho de ucronía y mucho de verdad, por especulativa que sea. Concierne a la música que no pudo ser creada por diferentes razones.
En general, la muerte del compositor ha sido una obvia razón para que muchas no hayan nacido. Pero no siempre ha sido así.
En algunos casos se ignora la razón por la cual una obra no pudo ser completada. Por ejemplo, la Misa en do menor (IK 427) que Mozart compuso como promesa a la divinidad porque Constance estaba enferma y el maestro aguardaba que sanara para desposarla, no comprende todas las partes. Se interrumpe en el Credo, que queda inconcluso.
Es curioso que las dos obras religiosas mayores que Mozart escribiera están truncas: la Misa en do menor, como se termina de ver, y el Requiem porque la muerte dejó sobre el lecho final del autor la partitura inconclusa.
Lo mismo sucedió con el Arte de la fuga que Bach no alcanza a culminar. Sin embargo, además del escaso tramo de esta obra que no llega a escribir, el maestro de Santo Tomás había redondeado un completo legado inmortal con el resto de sus composiciones. Inclusive el exhaustivo enfoque del contrapunto que esta obra aborda está presente en la Ofrenda Musical y en el Clave bien temperado.
Los años que no llegó a vivir es muy difícil que hubieran aportado alguna novedad que se diferenciara de lo ya compuesto. Bach no fue un innovador, sino un enorme genio que otorgó a las formas y recursos heredados el definitivo cumplimiento.
Distintos son los casos de Beethoven y Schubert. El 7 de mayo de 1824 se estrenan en el mismo concierto varias partes de la Misa Solemne y la Novena Sinfonía, obras revolucionarias que aportaron cambios profundos.
Testimonio de esa renovación magistral son los últimos cuartetos y sonatas, hermanos de las dos obras citadas y que son un puente hacia el porvenir que Beethoven anuncia pero no pudo transitar. La muerte le permitió solamente anotar algunos temas e ideas para la décima sinfonía que no llegó crear. ¿Qué maravilla hubiera sido?
La misma frustración suponen los pocos años que llegó a vivir Schubert, frente a lo que significan sus últimas sonatas y cuartetos y la magnífica sinfonía en do mayor La grande.
Nadie puede suponer adonde hubiera llegado. Por ello la oración fúnebre del poeta Grillparzer aludió a que se enterraban con él muchas obras maestras pero nadie sabe cuántas esperanzas ciertas.
En el orden de la naturaleza, desde que el universo existe, lo creado está o estuvo. Cada árbol, cada río, cada estrella, en el dominio humano reina la precariedad. En términos kantianos la necesidad dispone del orden natural y la libertad de los actos humanos.
Por ello, paradójicamente las maravillas del arte, nacidas para siempre, podrían no haber existido.
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