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Temporada. Las imágenes que importaron no estuvieron solamente en la pantalla grande
GUILLERMO ZAPIOLA
La tarea es menos simple de lo que parece a primera vista. Cuando se trata de revisar el año cinematográfico las líneas se confunden, las fronteras se cruzan, las calidades surgen en los lugares más inesperados.
Quizás haya que pensar cada vez menos en términos de "cine", y más en la de "narrativa audiovisual". Porque lo que se ve en las salas y las grandes pantallas de los multiplex es solamente una parte, y no siempre la más valiosa, de lo que se llega realmente al público.
Este es el párrafo en que corresponde que el cronista se ponga nostálgico y evoque unos presuntos buenos viejos tiempos (digamos, 1955) en los que había en Montevideo 120 salas de cine, se estrenaban quinientas cincuenta películas al año y se vendían más de veinte millones de entradas. Hoy esas cifras han disminuido drásticamente pero hay más gente que nunca viendo cine, sólo que lo hace en DVD, televisión por cable o aire, `blue ray`, lo que se invente la semana que viene y lo que puede comprar pirata en la feria, de modo que quizás no estemos tan mal. El problema es que se vuelve más complicado seguirle la pista a todo.
Para quedarnos solo con lo que se estrena en salas (probablemente menos de la cuarta parte del total), sigue siendo una ley casi científica que la mayor parte es lo que llega a través de las grandes cadenas de distribución norteamericanas, que siguen proporcionando, junto a una cantidad de mediocridades, buena parte del mejor entretenimiento cinematográfico del mundo. En medio de él se cuela a veces, también, el arte.
Si se hace un listado de la veintena de películas más interesantes del año (un año, reconozcámoslo, en el que hubo bastantes películas interesantes pero acaso faltó "la" película, esa que se despega claramente de las demás, aunque cada uno pueda tener legítimamente su favorita), aproximadamente la mitad vino de los Estados Unidos y tres o cuatro, por lo menos (desde Wall-E a Batman, el caballero de la noche o El tren de las 3.10 a Yuma) corresponden a lo que cabe etiquetar como "la gran industria"). Es un dato, en todo caso, que el porcentaje mayor de esa franja de calidades correspondió sin embargo a los que pueden ser descritos como "creadores fronterizos", los cineastas que, aún manejándose dentro de las estructuras del `mainstream` siguen apostando a un perfil autoral. El dato inquietante puede ser empero que en la mayoría de los casos se trata de consagrados, desde veteranísimos como Sidney Lumet (Antes que el diablo sepa que estás muerto), Woody Allen (El sueño de Cassandra) o Martin Scorsese (Shine a Light), o en todo caso "intermedios" como el canadiense David Cronenberg (Promesas del Este), los Coen (Sin lugar para los débiles, Quémese después de leerse) o Tim Burton (Sweeney Todd), aunque algunos nombres más jóvenes -Paul Thomas Anderson de Petróleo sangriento o Julian Schnabel de La escafandra y la mariposa- permitan mantener ciertas esperanzas.
El casi monopolio norteamericano o más genéricamente angloparlante (hay que seguir prestándole atención al británico Joe Wright, el de Expiación) dejó poco espacio para otros cines. Se abrieron paso, es cierto, unas cuantas medianías francesas (la bastante desapercibida Inocencia salvaje de Philippe Garrel fue sin duda lo más interesante), y el cine latinoamericano llegó por cuenta gotas, con la polémica sobre violencia y fascismo de la brasileña Tropa de elite y varias cosas argentinas que sugieren un cierto renacimiento de esa cinematografía, como la borgiana El otro de Ariel Rotter, la intimista El nido vacío de Daniel Burman o la más comercial Un novio para mi mujer, que prueba en todo caso que Adrián Suar sigue siento un productor astuto. Y junto con esas ficciones hubo un par de notables documentales, desde el exitoso Luca (sobre Luca Prodan) hasta el más ignorado M de Nicolás Prividera, sobre montoneros y desaparecidos (y sin las idealizaciones a la uruguaya con que los cineastas suelen tratar el tema).
Conviene retener sin embargo que algún cine realmente importante solamente llegó en DVD (como Hacia rutas salvajes de Sean Penn o Spider de Cronenberg), y que otra parte de la mejor narrativa audiovisual vista en el año no estuvo pensada siquiera para la pantalla grande: allí hay que incluir, por ejemplo, miniseries o programas para la televisión por cable como En terapia de Rodrigo García (un prodigio de minimalismo televisivo, reducido a un único escenario y dos o a lo sumo tres actores por capítulo, la biografía en siete episodios de John Adams, las andanzas del encantador asesino serial Dexter y hasta seriados semanales como La ley y el orden (en especial su subsidiaria Unidad de Víctimas Especiales), en las que hay con frecuencia mayores calidades de escritura, nivel interpretativo y hasta un espíritu autocrítico que sigue siendo la mejor cualidad de la sociedad norteamericana y que no siempre el cine "grande" ofrece.
Actrices
Las actrices de la industria suelen quejarse de que no les proporcionan papeles equivalentes en complejidad a los de sus contrapartes masculinas. Julie Christie se destacó especialmente este año por su labor en "Lejos de ella", aunque no sea posible prescindir de la Meryl Streep de "Mamma mía!" o de la Anamaria Marinca de "4 meses, 3 semanas y 2 días".
Actores
El rubro actuación masculina estuvo sin duda más disputado. Una preferencia por el elenco de Antes que el diablo sepa que estás muerto (en particular Albert Finney) no pueden hacer olvidar a gente como Tommy Lee Jones (La conspiración), Viggo Mortensen (Promesas del Este), Johnny Depp (Sweeney Todd) y hasta Daniel Day Lewis (Petróleo sangriento).
Superhéroes
Los cómics filmados suelen generar el desdén de la crítica. Habría que repensar esa actitud ante películas como "Batman, el caballero de la noche" (y agregar a Heath Ledger entre los actores), "Iron Man" (y observar lo bien que está Robert Downey Jr.) o "Hell- boy 2". Sin ser horrible, se puede empero vivir sin "El increíble Hulk".
Uruguayos
Una decena de estrenos nacionales marcan un récord histórico. Hubo documentales a veces valiosos (D.F. -foto-, El círculo, Decile a Mario que no vuelva, Hit), y dos de ellos (El círculo y Hit) fueron los que estuvieron más tiempo en cartelera. La ficción osciló entre el minimalismo de Acné, la corrección de Matar a todos y la desmesura de Polvo nuestro que estás en los cielos.
Musicales
¿Un renacimiento del género? En todo caso, algunos títulos interesantes del año pertenecen a él o lo bordean. "A través del universo" usó la música de los Beatles para retratar una época, en "Sweeney Todd" Tim Burton pudo reencontrar su gusto por lo gótico, "Mamma mia!" es, por su-puesto, un musical además de ser (sobre todo) Meryl Streep.
El fenómeno no es exactamente nuevo, pero este año tuvo una par de confirmaciones contundentes. Hay una "nueva ola" rumana que está aportando trabajos realmente atendibles, y en especial revisando críticamente la "historia reciente" de su país (es decir la dictadura de Ceaucescu. La crítica uruguaya eligió sin injusticia a 4 meses, 3 semanas y 2 días de Cristian Mungiu como el mejor film del año (es uno de los mejores), y bien pudo hacerlo igualmente con Cómo esperé el fin del mundo. El año pasado había sido La noche del señor Lazarescu.
El cine de Irán no es solamente el de Mohsen Makhmalbaf o Abbas Kiarostami, aunque esos sean los nombres generalmente más celebrados en los festivales internacionales y las revistas especializadas exigentes. Este año se conocieron en el Uruguay la espléndida A las 5 de la tarde de Samira Makhmalbaf (hija de Mohsen) y Offside de Jafar Panahi, dos películas polémicas (la segunda sigue teniendo problemas con las autoridades iraníes) que discuten la situación de la mujer en el Islam.
El cine de animación está ganando espacios año tras año. Un film como Wall-E no es solamente buen cine animado: es gran cine, a secas. Seguramente fue la mejor muestra del año en el género (y la prueba de la calidad excepcional de la producción de Pixar), pero no la única. Kung Fu Panda o Madagascar 2 compiten dignamente.
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| Foto: El País. |
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| Foto: El País. |
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