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GERARDO SOTELO
Mientras caen las bombas sobre Gaza y su población paga con su vida la insensatez terrorista de Hamás, en Occidente se movilizan miles de personas, indignadas por el sufrimiento del pueblo palestino. Es curioso que gente tan sensible no hayan manifestado antes para denunciar el trato que reciben los refugiados palestinos en Líbano, Siria o Jordania, por parte de sus hermanos árabes. Tampoco hubo manifestaciones para denunciar el sangriento golpe de estado de junio de 2007 que destituyó a los representantes de la Autoridad Nacional Palestina en Gaza, ni el posterior exterminio y expulsión de cientos de dirigentes de Fatah, el grupo del presidente palestino Mahmud Abbás; ni la represión desatada en la conmemoración de la muerte de Arafat, ni cuando los comandos de Hamás atentaron contra colegios palestinos que enseñaban inglés.
Para los palestinos de Gaza que pertenecen a Fatah, la suerte es dos veces sombría. Sus hermanos de Hamás suelen gastarle algunas bromas sangrientas, como refugiarse en sus casas cuando los persiguen los soldados israelíes, exponiendo a las familias de sus adversarios a las represalias. Por cierto, ninguno de estos manifestantes occidentales quisieran vivir con Hamás al otro lado de la calle ni tiene la menor idea de lo que eso significa ni mucho menos cómo se llegó a esta situación.
En rigor, los bombardeos diarios de Hamás contra civiles israelíes no buscaban derrotar al "régimen sionista" sino obligarlo a reaccionar con la fuerza. Hasta el propio Mahmud Abbas dijo que "todo esto se podría haber evitado" si Hamás hubiera escuchado el consejo de la ANP de no romper el alto el fuego.
Por cierto que la respuesta es desproporcionada si se compara el número de víctimas de los bombardeos de estos tres días con el que dejaron los cientos de cohetes Qassam, lanzados cada mañana y durante años sobre población israelí, sin que nadie marchara por las calles de París para denunciarlo. Israel respondió entonces con incursiones "quirúrgicas", que no lograban detener los bombardeos y cobraban decenas de víctimas inocentes. Entonces vino el cierre de los pasos de frontera, lo que generó una escasez cruel de productos e insumos de primera necesidad y… ¡una ola de manifestaciones en varias ciudades de Occidente!
Ahora, el gobierno israelí juega a la política y a la guerra (la canciller Tzipi Livni alcanzó en las encuestas a Benjamín Netanyahu, ex premier de derecha), Egipto y la ANP miran para el costado y esperan que Israel acabe con Hamás, el gobierno iraní lanza sus bravatas de ocasión, la Liga Árabe finge reaccionar, la cúpula de Hamás se resguarda bajo tierra y utiliza a sus compatriotas como escudos humanos, la comunidad internacional no aplaude ni condena los bombardeos, la pequeña burguesía occidental saca a pasear su indignación chic. Todo esto mientras caen las bombas sobre los civiles de Gaza, que pagan con su vida las consecuencias de la insensatez terrorista. ¡Pobres palestinos!
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