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Domingo 28.12.2008, 18:56 hs l Montevideo, Uruguay
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Ciudades

Los juegos olímpicos de la peluca y la nariz roja

Cirque XXI. Detrás del show hay deportistas de gran nivel

PUNTA DEL ESTE | RAÚL MERNIES

En un país dónde el deporte no puede ser concebido sin su cuota de competencia, se instaló un circo acrobático en el que verdaderos atletas lucen sus mejores movimientos con la cara pintada y sin preocuparse por las "salidas" prolijas.

Imagine una transmisión televisiva, de madrugada, en la que está por definirse quién será campeón olímpico del "all around".

El ruso, infaltable en estas definiciones, finaliza la rutina de piso casi a la perfección pero falla en la salida porque traía tanto impulso que trastabilló y tuvo que mover uno de sus pies hacia atrás.

Ese detalle le costó caro en los puntajes y finalmente el chino, que se lució en las barras paralelas y anillas, se quedó con el oro olímpico. La televisión muestra al ruso llorando.

Ahora comience a imaginar esto una vez más, como si estuviera allí, pero con algunas diferencias. Todo sucede bajo una gigantesca carpa, hay luces de colores, los deportistas aparecen con trajes brillantes y sus rostros maquillados a la perfección, hay música y como principal detalle, los deportistas, lejos de llorar, ríen constantemente.

Esto sucede en Punta del Este desde el viernes, cuando "Cirque XXI" presentó su nuevo espectáculo "Vértigo".

Detrás de las luces y el maquillaje que decoran el número y se roban las sonrisas de todos los presentes, estos "payasos" son verdaderos deportistas que realizan rutinas y movimientos de primer nivel, incluso, poniendo en riesgo su integridad física en algunas ocasiones bajo la premisa de que "el show debe continuar".

Para lograr esto, los protagonistas, en total 18 sobre el escenario, se entrenan todos los días, salen a correr e incluso utilizan una especie de gimnasio móvil, que como ellos, vive y viaja con el circo.

Los integrantes de este numero son, en su mayoría, ajenos y diferentes a los tradicionales integrantes de la "familia circense". Ellos son reclutados en gimnasios y especialmente en los lugares en los que se practica gimnasia deportiva, olímpica, especialistas en plinto, barras y suelo. A estos deportistas, en general los mejores en lo suyo, les incorporan música para armar una coreografía y así hacer un "número".

Uno de los más exigentes es el "mini-trump", en el que un equipo de seis gimnastas de primer nivel hace piruetas y saltos asombrosos, pero sin preocuparse por las "salidas", en lo que termina siendo un ejercicio netamente de gimnasio, pero con una coreografía simpática.

Después del debut del viernes, Fabián López, el dueño del circo, explicó a El País que la acrobacia siempre fue una parte del espectáculo de los circos, pero agregó que con el "boom" del "Cirque du Solei" se pudo comenzar a explotar a pleno.

Pero entre todo lo que sucedió bajo el gigantesco toldo del circo una de las escenas más impactantes fue la de la "Hamaca Rusa", una especie de péndulo gigante al que suben varios atletas. Luego lo balancean hasta que toma impulso suficiente como para saltar y comenzar a girar en el aire.

Este es el número más peligroso ya que requiere mucha coordinación, además de destreza.

Entre los "saltadores" de la hamaca hay un joven argentino que fue campeón nacional de gimnasia olímpica y que representó a su país en torneos internacionales. Él prefirió dejar de llorar por las imperfecciones y hacer lo que ama con risas.

Nadie está libre del riesgo

El dueño del circo es el mejor ejemplo del riesgo que corren los deportistas que protagonizan los espectáculos.

Quinta generación de una familia circense, Fabián López estuvo sobre el escenario desde muy temprana edad, especializándose en cama elástica y trapecios.

A los 15 años, mientras entrenaba, tuvo un grave accidente que le provocó desplazamiento de cervicales y lo envió directo al quirófano. En la operación tuvieron que colocarle implantes de metal y desde entonces debió olvidarse de las piruetas en la altura.

El País Digital

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