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No es usual un alejamiento -menos una ruptura- entre un gobierno y el partido político que lo sustenta, pero en la práctica ocurre. Por poner un ejemplo no tan lejano en el tiempo, Juan María Bordaberry terminó entregado a los militares precisamente porque en forma paulatina fue perdiendo el apoyo de todos los partidos políticos, pero particularmente del que lo había llevado a la Presidencia de la República, el Partido Colorado. Esa separación entre gobierno y partido -o partidos- configura lo que en el lenguaje de sistemas de gobierno de presidencialismo atenuado o matizado con fuertes brochazos parlamentarios como es el nuestro, se conoce como "vacío de poder".
En este momento del período de gobierno de la izquierda se está manifestando una crisis indisimulable entre el Presidente de la República y el Frente Amplio. Hay enfrentamientos de toda naturaleza dentro del gobierno, pero quizá el más enconado, determinante por otra parte de esta situación de divorcio casi consumado, es personalista y se manifiesta entre Tabaré Vázquez por un lado y Mujica por el otro. En esa especie de duelo al Sol, Danilo Astori salió escindido y es un simple espectador.
En términos generales, que para el Frente en el gobierno las cosas no iban a ser tan sencillas como en la oposición, era más que previsible. En el llano, le alcanzó siempre con poner el palo en la rueda y decir simplemente no, para trabar cualquier iniciativa que pudiera venir del gobierno. Llegaron al extremo de encomendar a sus legisladores que redactaran el proyecto de ley que posibilitaba la asociación de Ancap con privados, para después obligar a los mismos redactores a votar negativamente en el plenario de las Cámaras. Aprobaron un proyecto de ley de reforma de la Constitución de la República, para después, en ocasión del plebiscito, hacer campaña en contra de lo que habían apoyado.
Pero es claro, en el gobierno es otra cosa, porque se trata, no de ponerle al barco el iceberg en su rumbo, sino justamente de intentar conducirlo a buen puerto. Y ni qué hablar cuando se empiezan a jugar las opciones electorales ante la cercanía de los comicios.
Vázquez manejó muy mal las cosas, sobre todo en este último aspecto, en donde después de haber dicho reiteradamente que no aceptaría violar la Constitución postulándose a una reelección, la violó proponiendo la fórmula Astori-Mujica, y después amagó rectificarse de su intención de no ser reelecto dejando abrir la canilla para que corriera un movimiento reeleccionista que sigue instalado por ahí, al parecer con gente a la que ha de sobrarle el tiempo para dilapidarlo sin piedad. Esto sacó a Mujica de sus casillas, formalizó la alianza con los comunistas, y se llevó por delante al congreso elector.
Si para muestra basta un botón, la antítesis de mentalidad y conducta entre el Presidente y el candidato presidencial oficial del FA, adviértase lo que está sucediendo en la delicadísima cuestión de la política internacional, especialmente en la relación con Argentina. En este terreno Vázquez -creíamos hasta ahora que con apoyo unánime- con encomiable dignidad se ha negado a dar el voto de Uruguay a la postulación del Sr. Kirchner como Secretario General de Unasur. Uruguay no puede votar a Kirchner ni para conserje en ningún lado. El ex Presidente argentino y quienes lo acompañaron en su gobierno, demostraron ser enemigos de nuestros intereses. Mujica en cambio, viaja a Buenos Aires y es recibido e invitado a la casa de Olivos como si fuera de la familia. Está en otra cosa, apunta a coaligarse con Kirchner, Chávez, Morales, Correa y Castro. Emite continuamente señales elocuentes de hacia dónde pretende llevar al país.
Es cierto, la recomposición de las relaciones con Argentina es necesaria, pero no al precio de las entregas, de la sonrisa y de la mansedumbre, y tendrán que cambiar muchos de los actores de aquél diferendo. Además de dar el tiempo para cicatrizar las heridas.
Como muestra de la profundidad de la crisis de las relaciones en el Frente, el ejemplo preocupa, porque que esta situación termine degenerando en un vacío de poder, no es demasiado aventurado predecirlo. Mujica rodeado del MPP, más los comunistas, más la Vertiente, más los oportunistas que siempre aparecen, pueden complicarle el ejercicio del mandato a Vázquez, por el año que le queda.
Mala mezcla la de soberbia con populismo.
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