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Sábado 27.12.2008, 18:48 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


MÚSICA

"Cada vez vamos más para atrás"

Lanzan su Volumen 10, grabado en un teatro vacío y que respeta la idea de sonar cada vez "más clásico" | Lanzan su Volumen 10, grabado en un teatro vacío y que respeta la idea de sonar cada vez "más clásico"

SEBASTIÁN AUYANET

El mandato es seguir sonando "clásico" y conservar la energía del grupo en vivo. Por eso Trotsky Vengarán, la banda de punk más popular del país, edita un disco de canciones con ánimo sombrío pero que siempre apuntan con decisión a la fiesta.

"Somos muy duros y muy crueles entre nosotros. Nos gusta eso de probarnos cosas. Eso de decirnos con sinceridad: `mirá, yo sé que yo canto como el orto, pero yo estoy acá, ¿y? ¡Mirá los huevos que tengo!` Me parece que esa es una de las razones para tener una banda de rock and roll. Por ahí no sos el más preparado, pero es que el rock está para eso, para que supuestamente vos puedas componer y sacar lo que sentís", explica Guillermo Peluffo, cantante de Trotsky Vengarán.

La frase es válida para definir la personalidad de un grupo cuya mayor virtud para mantenerse en la ruta es, justamente, saber reírse de sí mismo y de sus limitaciones.

De lo que uno se queda convencido es de que las críticas sin fundamento, como a cualquier otro artista, les dan bronca. "Nos pasa algo así como que antes éramos un chiste y después, cuando superamos la línea de popularidad, hubo gente que empezó a decir cosas como `por favor, estos tipos son horribles, que alguien haga algo`. Yo nunca me imaginé que haciendo música podía herir la sensibilidad de tanta gente. Por ejemplo, aquella carta que mandó Fernando Ulivi diciendo que había que hacer algo en particular contra Trotsky Vengarán (carcajada). La gente tiene tanta mala onda porque lo que no les gusta lo toman como un insulto. `¡Eso no es rock! ¡Es horrible! ¡Eso no es murga, es horrible! ¡Eso no es tango, es espantoso!` Yo creo que nosotros en vivo sonamos bien, y no mucha gente te lo reconoce. Creo que tenemos un bajista que hace lo que tiene que hacer, un batero que es un reloj y un guitarrista poderoso".

La perseverancia del grupo y la confianza que le sigue dando su renovable base de seguidores son dos factores clave en el hecho de que Trotsky Vengarán esté editando casi un disco por año desde 2001, algo de lo que pocas bandas se pueden jactar.

Volumen 10, un disco que lleva la ambivalencia de las letras "para abajo", y el ruido que el guitarrista Hugo Díaz promociona en las publicidades que en estos días circulan por las radios, son los dos aspectos que definen al disco. "En realidad esto iba a ser una recopilación de versiones, pero al final quedaron dos. Y uno entró cuando esto ya había dejado de ser un disco de covers. Iba a ser una selección de canciones uruguayas, pero ahora muchas bandas comenzaron a reeditar sus originales, entonces eso no tenía mucho sentido".

Una de las versiones que quedó en la selección fue Bailando en la oscuridad, un tema de Traidores leído con más ruido que la versión original incluida en Montevideo agoniza, el disco más importante de ese grupo. Es un tema veloz, bien al estilo de Trotsky, y que define al ánimo del trabajo. "Así escuchábamos esa canción en los casettes que se pasaban y en lugares como el Partagás, que era un lugar de videojuegos en Pocitos. Queríamos hacerla nuestra".

La idea del formato "disco de covers", que incluía versiones de Talking Heads y ABBA, quedó de lado por las nuevas letras que aparecieron mientras se cuestionaba la idea original. Y gracias a la acción de Gustavo Parodi, guitarrista de Buitres que, una vez más, se encargó de la producción artística. "Cuando llegó Parodi, sólo se quedó con ese tema, aunque teníamos hasta una canción de (Alfredo) Zitarrosa. Probablemente estuvo bien. No queríamos meternos con un semidiós de la música local porque eso iba a sesgar la atención del nuevo disco y se le iba a dar más bola a eso que al resto. También probamos con Me voy destruyendo, de Los Estómagos pero a él le pareció que no era mejor que la versión de ellos (risas)".

Sobre Rain, según nombra Guillermo a la canción que en realidad se llama Llueve, y que es un cover de la banda australiana Dragon, lo que decidió su inclusión fue el consenso: "nos pasó que hacía mucho que la queríamos tocar con Hugo, y de repente en un ensayo Héctor dijo que la había escuchado y le encantaba, Cuico también la tiró y decidimos hacerla".

Puro y duro. "Yo creo que cada vez vamos más para atrás. Sonamos más clásicos y creo que mantenemos eso que siempre quisimos que es sonar como las bandas que nos gustaron toda la vida. Yo no quiero sonar como una banda punk de ahora en la que todo se oye muy ajustadito. Quiero que el bombo suene bien gordo y que cuando el baterista abra los brazos se llene de platos, que si el guitarrista le erra a los dedos se escuche. No quiero algo de plástico", explica el cantante. Para seguir en la búsqueda de ese sonido, el grupo marchó a grabar al Teatro Sociedad Unión de San Carlos.

En cualquier caso, lo fundamental sigue siendo no olvidarse de que la cosa no es completa si no se experimenta en el vivo, ahí donde quinceañeros y reincidentes de viejos discos que vuelven cada tanto se vuelven a sumergir en el "pogo". "En los toques, una cosa así de melancólica se vuelve más rabiosa, liberadora, como para sacarse el bajón. Me acuerdo de que Robert Smith, el cantante de The Cure, decía que sus canciones eran para curarse. Yo los vi este año, y las canciones que tienen son un bajón, pero te meten una pila que es impresionante. Yo quiero eso".

La idea con las nuevas canciones es que no pasen desapercibidas y se metan en el repertorio de cada nueva "misa", según llaman a los conciertos los fans. Lo bueno de todo esto es que la propuesta es 100% Trotsky Vengarán, y que sus músicos siguen sabiendo cómo no renegar de ella con gracia.

Sobre grabar en san carlos y otros cambios

"Como la parte más racional de la banda en términos ejecutivos, yo pensaba que era más fácil viajar a Buenos Aires, pero yo quería boicotear la idea. Me parecía muy complicado llevar todo un estudio, hacer los arreglos vía fax... Era más fácil y seguro hacerlo en la Argentina. Era un capricho de Gustavo. Después nos enteramos de que el Teatro Sociedad Unión de San Carlos de 1890 es un teatro que todavía es objeto de estudio por ingenieros, según me enteré después. Tiene una bóveda de madera inalterada en todo este siglo".

"El reverb era natural, con lo cual cada instrumento y cada tambor, cada bajo y cada guitarra fueron grabados con ese eco. Por eso nos aprovechamos de esa acústica en todo el teatro. Héctor y Hugo grabaron a los costados, en los palcos. Cuico y yo íbamos sobre el escenario. Ni siquiera movimos las butacas para que esos ecos quedaran. Por ahí esto lo encuentra sólo un entendido o escuchando con mucho detenimiento, pero a nosotros nos permite encontrarle otros colores a la música que hacemos".

"Armar todo para grabar ahí también fue muy raro. Había que colgar varios micrófonos arriba del todo, y de ahí se tomaba parte del audio. A Hugo le tuvimos que cerrar con colchones y maderas el lugar donde tocaba, porque si no la guitarra se le iba. Tocábamos todos al mismo tiempo, pero casi no nos veíamos entre nosotros".

"La caldera del diablo es el garaje de mi casa, es donde hicimos la preproducción. Antes lo hacíamos en la casa de los padres de Cuico, cuando se mudaron. Preferimos grabar los demos en el ensayo y no agarrar algo tan solemne como un estudio, no perder tiempo... Poder destrozar las canciones como uno quiera sin nadie que te esté mirando".

"Uno de nuestros reclamos más grandes para con Koala era la distribución, cosa que ahora sí tenemos con MMG. En el pico de la banda, hace un tiempo, si hubiéramos contado con una buena distribución hubiéramos tenido mejor resultado, pero terminamos fomentando la piratería porque los discos no llegaban. Además ahora tenemos la libertad de ser dueños del disco en el exterior, que es algo que también queríamos".

La misma fórmula con más años y más ganas de ruido

Como un Durmiendo afuera (2001) pero más maduro o más introspectivo, siempre al estilo de la Trotsky. Así puede presentarse Volumen 10, el nuevo disco del cuarteto que hizo de una banda armada para conseguir mujeres, casi un trabajo. "Yo había hecho una lectura similar del Durmiendo afuera (2001), que es producto de una visión supercrítica de la sociedad uruguaya que yo tenía cuando vivía en Chile. A lo mejor esa era más rabiosa", piensa Peluffo aunque al instante rectifica: "En realidad, hasta que no me dijiste que este era un disco un poco más `para abajo` no lo había pensado (risas). Es que nosotros festejamos mucho el proceso. Al hacerlo en un período de tiempo, eso queda como una foto de tu estado de ánimo, pero el proceso siempre nos da una energía enorme, desde grabar hasta pelearnos, discutir, todo".

Una diferencia con aquel disco puede estar en el humor. Si acá lo hay, es más negro y desesperado que nunca, como en el caso de Este niño es un enano. Después hay oscuridad en clave punk casi sin baladas y con canciones más vertiginosas como Suicidándote, Noche alucinante o Mentiras.

"Yo no soy músico, entonces no puedo aseverar que seguimos haciendo tres acordes, que es lo que todo el mundo nos dice. Yo creo que esto es un poco más variado, o al menos lo busco, y en esa búsqueda a veces le errás. Entonces ahí entró la mano de Parodi, que fue el que nos empezó a decir que dejáramos las canciones tranquilas, que ya estaban prontas. A veces, un productor es fundamental más para eso que para que te meta mano en los temas".

El País Digital

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Foto: El País. 

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