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José Ignacio. La estancia Vik fue intervenida por 19 artistas; la noche costará US$ 750
JOSÉ IGNACIO | MARCELO GALLARDO
Dormir entre obras de arte de Pablo Atchugarry, Clever Lara, Ricardo Pascale o Águeda Dicancro en un establecimiento con un entorno paradisíaco. Es lo que ofrecerá desde el 5 de enero la estancia-hotel Vik en José Ignacio.
Luego de transitar a los saltos durante un buen rato por el camino Saiz Martínez, que conecta José Ignacio con la ruta 9, un cartel ubicado sobre la mano derecha, anuncia la existencia de la "Estancia Vik de José Ignacio", lo que obliga a tomar otro camino, mucho más cuidado.
A lo lejos comienza a visualizarse en el horizonte una enorme edificación cuyas líneas hacen recordar a las típicas estancias amuralladas que aún quedan como vestigios de la mitad del siglo XIX.
Se trata del último emprendimiento hotelero de la zona rural construido en el departamento de Maldonado y que por sus características promete constituirse en uno de los puntos de atracción de todo el año a partir de su mix de propuesta artística y hotelera.
El propietario del complejo recibe a El País en bermudas y con el celular en la mano. Es el multimillonario noruego Alexander Vik, de 53 años, hijo de un empresario nórdico y de Susana Onetto Martínez, hija del diplomático uruguayo Gustavo Onetto, acreditado en la embajada en ese país europeo.
"No vine aquí hasta que cumplí los 32. En 1987 vinimos a pasar las vacaciones de Navidad. A partir de ese año volvimos cada dos o tres años. A toda la familia le encantó, compramos la primera casa y ahora nos quedamos con esta estancia", contó el anfitrión.
Vik es un empresario que incursiona en varios rubros desde la tecnología, Internet, el comercio exterior, software, hotelería, mercados financieros e inmobiliarios. Y no le va nada mal. Su familia, según Forbes, es de las más ricas del mundo.
Su propuesta hotelera de la zona rural de José Ignacio es un proyecto del arquitecto uruguayo Marcelo Daglio y va de la mano de la obra pictórica de diecinueve de los mejores artistas plásticos del Uruguay.
"Nos encanta José Ignacio y esta zona del país. Por eso quisimos hacer, como nos encanta la arquitectura y el arte, algo bonito no solo para nosotros sino para que todo el mundo lo disfrute, no sólo de las obras sino de la maravilla natural del Uruguay", comenta Vik.
El complejo es una estancia reconstruida a nuevo que, dotada de la última tecnología, se transformó de la mano del dueño de casa y del arquitecto Daglio en un complejo hotelero de doce habitaciones, diez de las cuales fueron intervenidas por artistas uruguayos. De las otras dos, una lo fue por Daglio y la otra por la familia de Vik.
Por noche, alojarse allí costará US$ 750. Vik prefirió no hacer pública la inversión que realizó para este emprendimiento.
"Al principio nos encantaba la estancia, andar a caballo y el hermoso lugar. Luego pasamos a la nueva fase de construir un hotel para que de todo el mundo puedan venir a disfrutar lo mejor que tenemos que es la naturaleza, el arte y el trabajo de los obreros uruguayos. En cada una de las habitaciones hemos hecho un espacio único del Uruguay como las intervenciones de José Pelayo, Águeda Dicancro, Roberto Píriz, Carlos Musso, Clever Lara, Álvaro Amengual, Álvaro Zinno, Fabián Oliver, Alejandro Turell, Gloria Bordaberry, Pablo Atchugarry, José Trujillo, Carlos Barea, Ricardo Pascale, Lacy Duarte, entre otros", afirma Vik.
El empresario se toma su tiempo para mostrar orgulloso las instalaciones. Los artistas apelaron a cáscara de banana, maderas exóticas de la India y a la piedra en sus más variadas expresiones para transformar a cada habitación en una obra de arte. "El fogón es de lo más simple, antiguo, humilde y uruguayo pero tiene una intervención artística incomparable del artista Marcelo Legrand. Y cada espacio es así", cuenta Vik mientras muestra el fogón de chapa dotado de sofisticados extractores.
Cada cliente que se hospede podrá adquirir las obras que se encuentran exhibidas, salvo aquellas que conforman la propuesta arquitectónica y decorativa de cada habitación. "Hay obras que tienen que quedar porque están integradas a la construcción como el caso de Pelayo que trabajó con la propia madera de la obra. Las obras que se vendan no generan ningún lucro para el propietario. Este es un lugar de motivación y que sean dinámicas. Si tenemos algunos cuadros que se puedan sacar, entonces que venga el artista y los cambie por otros", afirma.
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| Foto: El País. |
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