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Jueves 18.12.2008, 18:04 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


Mendes + Winslet + DiCaprio

Detrás de una novela magistral

El film "Solo un sueño" concluye la insólita historia que vivió el libro "Vía revolucionaria"

THE NEW YORK TIMES | CHARLES MCGRATH

La novela de Richard Yates "Vía revolucionaria" ("Revolutionary Road"), escrita en 1961, está lejos del tipo de contenido que suele convertirse en un film de Hollywood, en especial uno en el que Kate Winslet y Leonardo DiCaprio sean sus estrellas.

El libro está ubicado a mediados del siglo XX, una era que hasta que Mad Men llegó para exhumarla, se creía que tenía tanto potencial de entretenimiento como la Era de Bronce. Los personajes manejan autos grandes como botes, todo el mundo toma y fuma mucho -incluso las embarazadas- y todos usan ropa sin gracia.

Tampoco ayuda que Vía revolucionaria esté entre los libros más inhóspitos que jamás se hayan escrito. Termina en forma triste, con una truculenta muerte, y ninguno de los personajes principales puede afrontar eso. En parte autobiográfica, la novela cuenta la historia de Frank y April Wheeler, quienes a mediados de los años `50 se mudan con sus hijos a los suburbios de una ciudad.

Sin evidencias puntuales, los Wheeler se consideran llenos de potencial sin canalizar. Frank (vinculado a la experiencia de Yates como transcriptor para la Remington Rand), trabaja para la Knox Business Machines en lo que llama "el trabajo más aburrido que jamás te puedas imaginar", pero se piensa como un intelectual, una especie de Jean Paul Sartre intenso y cargado de nicotina.

Al igual que Sheila, la esposa del escritor, April tiene aspiraciones teatrales, y es ella quien aparecerá con la solución para la depresiva y poco completa vida en común. Dejarán todo y se mudarán a París, donde ella conseguirá un trabajo como secretaria bien remunerado, mientras Frank se "busca" a sí mismo. Para Frank, que en tanto había comenzado un sucio romance con una mujer joven de su oficina, el plan es una quimera, pero April está desesperada por lograrlo, y entonces el matrimonio comienza a lidiar con la inexorabilidad de la tragedia griega. Mirarlos es como observar con detalle un auto destrozado.

"Estoy muy sorprendido de que se haya hecho", dijo el biógrafo de Yates Blake Bailey sobre Solo un sueño, la película cuyo estreno mundial está marcado para el 26 de diciembre. "Siempre fue una ambición en Hollywood el hacer una película que es la última palabra sobre el malestar a nivel suburbano y social de la posguerra, pero como todas estas obras literarias llenas de matices, Vía revolucionaria es muy complicada de llevar a la pantalla".

INICIO. Las pruebas señalan que eso sucedió gracias al empuje y entusiasmo de Kate Winslet, que fue atrapada por el guión desde el momento en que lo leyó. "Me encantó la desnudez emocional que tiene la película, la honestidad brutal sobre lo que a veces puede suceder en un matrimonio", dijo en una entrevista reciente. "Y también, los personajes secundarios son muy buenos".

Ella comenzó a "hacer lobby" con Leonardo DiCaprio para que la acompañase, extendiéndole el guión en la mesa de un café. También convenció a Sam Mendes, el director. Él era un poco más fácil de convencer: es su marido. "Yo sólo le dije: `cariño, tenés que hacer esto`", explica la actriz.

Lo que ninguno de los protagonistas sabía en ese momento es que por toda su oscuridad y melancolía, Vía revolucionaria es una novela apreciada y conservada por un protector claustro de admiradores que la ha pasado, según el novelista Richard Ford, como un secreto apretón de manos literario. Protegen su honestidad, su exactitud sin compromisos, la belleza austera de su prosa.

Pero a pesar de todos esos elogios, el libro ha sido editado y retirado en varias oportunidades, sin atraer nunca a una audiencia demasiado grande, y seguramente irritaría al autor el saber que hoy se vende como un añadido a la película.

Aunque él odiaría el término, Yates era un escritor para escritores, o quizá un escritor para quienes escriben para escritores. Era elogiado y admirado con extravagancia por colegas y críticos. Pero el éxito popular que persiguió una y otra vez durante su vida lo eludió constantemente. Se le achaca a la mala suerte. En una época en la que el posmodernismo y la meta ficción estaban comenzando a ponerse de moda, él volvió a la tradición realista de sus modelos, Fitzgerald o Flaubert.

Yates puede haber sido también su peor enemigo, cortés y caballero a veces pero en otras amargo y pedante. Después de sus dos matrimonios rotos se volvió una caricatura del escritor norteamericano alcohólico y autodestructivo. Demacrado y encorvado, roto, vivió en una serie de habitaciones alquiladas en Nueva York, Boston y Tuscaloosa, con cucarachas caminando sobre sus pies. Al final de su vida no hacía nada más que fumar (incluso cuando ya tenía un tanque de oxígeno conectado) toser, tomar y escribir. Murió en 1992 a la edad de 66, aunque su aspecto denotaba que era mucho más viejo.

Yates solía decir que odiaba las películas. Pero como muchos norteamericanos de su generación estaba moldeado por ellas en el aspecto imaginativo. Y también, como muchos escritores en busca de dinero, hizo un par de intentos en Holly-wood. Adaptó algunas historias que no llegaron al cine y consiguió un crédito como guionista para la película de guerra The bridge at the Remagen, del año 1969. Cerca del final de su vida incluso envió algunos guiones a David Milch, quien en ese momento era un estudiante que producía Hill Street Blues.

Entonces, Yates conoció lo suficiente dentro de Hollywood como para ser escéptico sobre las posibilidades de Vía revolucionaria. Ni bien el libro fue editado, Sam Goldwyn Jr. mostró interés. Pero Yates escribió más tarde: "Las cabezas frías en su organización decidieron que el público `no está preparado para una historia de tragedias tan asfixiante`".

Mucho de lo mismo pasó en el año 1965, cuando el escritor conoció a Albert S. Ruddy, el productor de El padrino, que había comprado los derechos para Vía revolucionaria. "¿El final trágico de la novela es un problema?", preguntó Ruddy. Yates estaba seguro de que la película no se haría jamás.

Ruddy vendió los derechos de la historia a Patrick O´Neal, un apasionado de la historia pero no exactamente un escritor. Luego de su muerte Marion Rosenberg, agente de O´Neal, dijo a su viuda Cynthia que la forma de filmar Vía revolucionaria era desviándola de Hollywood. Unos años después, la vendió a la BBC Films.

La bendición de las dos hijas del escritor

El director de Solo un sueño, el dramaturgo Sam Mendes, explicó que en la mesa de montaje se cortaron 18 escenas, unos 20 minutos. "El resultado es menos literal pero contiene mucho más al espíritu del libro", explicó. "Es la diferencia entre la narrativa y un portarretrato".

Cuando leyó la novela, luego del guión, el también director de Belleza americana, Camino a la perdición y Soldado anónimo se asombró. "Me mató, el libro es bastante particular en la forma en que muestra lo que las personas están pensando cuando hacen exactamente lo contrario. El subtexto se hace explícito, y te queda un dolor inmenso". Agregó una serie de espectadores al preestreno, incluidas las hijas de Yates, que terminaron dándole su bendición. "No lo arruinaste". "Eso es un gran elogio", explica Mendes. "Pero también te da algo de alivio. Hay muchos grandes libros, pero de alguna manera en este caso es diferente. Si haces una película sobre La guerra y la paz, la gente no viene y te dice `mejor que no lo arruines`. Creo que al final, que nadie me haya dicho esto antes de hacer la película estuvo bien. Podría haberme congelado".

Un guión complejo para una película de costo moderado

Justin Haythe, un guionista de 35 años que creció en Londres, tuvo en Solo un sueño su segundo guión. Conocía la novela y la había admirado en muchas formas. "El libro es muy cinemático" dice Haythe, comentando algunas escenas. "Pero nunca me pareció que era una propuesta viable desde lo económico". Pero todo cambió, según explica, cuando Winslet y Mendes se interesaron. Y cuando DiCaprio apareció, la película comenzó a producirse. "La forma de hacer una película así", dice Haythe a las carcajadas, "es teniendo a Leo, Kate y Sam".

Scott Rudin, el productor de Solo un sueño (título del film) tiene una carrera llena de adaptaciones literarias sofisticadas. Las horas y Sin lugar para los débiles son unas de ellas. Conoce a Yates desde hace tiempo y hace varios años quiso comprar la historia. "Era una película complicada de hacer, pero no una muy cara. El presupuesto es decente, y desde una perspectiva independiente incluso grande", explica Rudin. "No creo que en un escenario diferente hubiéramos podido hacerla". Por "escenario diferente" entiende diferentes estrellas y director. "Kate me mandó el guión y pidió mi opinión", explica Rudin. "Le dije `el mejor director vive en tu casa`. Creo que Sam necesitaba también alguna bendición que no fuera la de su propia esposa".

Y agrega: "Nadie se preocupó por la temática. En algún punto, eso era un catalizador. En mi experiencia, eso sucede así siempre. Las cosas que serían desalentadoras para otra persona suelen ser las mismas por las que muchas otras se motivan para encarar algo. Lo único que nos asustó fue la idea de que para mucha gente París terminara siendo nuevamente la idea de la panacea para cualquier cosa".

El País Digital

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