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HERNÁN SORHUET GELÓS
El 2008 no podía finalizar peor. A las dos crisis a escala planetaria que estamos sufriendo (inseguridad energética y cambio climático), se le sumó la crisis económica y financiera que comenzó en los países más ricos.
La paradoja de esta situación tan complicada es que nuestra región no es responsable principal de ninguna de ellas y, sin embargo, ha sido arrastrada por sus efectos negativos. Deberá hacer grandes esfuerzos para mitigarlos y prepararse lo mejor posible para "campear el temporal".
Días atrás la Cámara de Diputados de México y la Organización Global de Legisladores para un Ambiente Balanceado (Globe) reunieron a un significativo número de legisladores de las Américas, para analizar y discutir cómo enfrentar el cambio climático cuando finalice el Protocolo de Kioto. Pensando en quiénes toman las grandes decisiones, es obvio que el sector político en general y los parlamentos y congresos en particular, juegan un papel fundamental.
En ese sentido, durante los tres días del Foro Globe se destacó la nueva postura anunciada por el presidente electo Obama, como un elemento de esperanza, considerando que dirigirá los destinos de la nación más contaminante con gases de efecto invernadero, que además rechazó Kioto.
También estuvo sobre la mesa que para América Latina y el Caribe la situación actual es crítica, debido a su alta vulnerabilidad socio- ambiental.
Mientras tanto, la crisis económica avanza como un tsunami cuyo peligro mayor es que nos haga perder de vista la realidad global.
Por lo tanto, para que las soluciones resulten efectivas, deben ser integrales. Las tres crisis se deben atacar a la vez. De lo contrario perderemos tiempo muy valioso, malgastaremos recursos escasos, y profundizaremos el deterioro del nivel de vida de amplios sectores de la sociedad.
Cómo lograr buenos niveles de desarrollo y al mismo tiempo aplicar buenas medidas de adaptación y mitigación al cambio climático.
Por consenso se llegó a algunas conclusiones a tener en cuenta.
Como siempre se dice, las crisis ofrecen oportunidades. En este caso, se deben incorporar los objetivos climáticos y de seguridad energética como parte integral de la recuperación económica, social y ambiental que se busca.
Esta crisis ofrece un terreno propicio para reestructurar el modelo económico vigente responsable de la situación, como se plantea en la Declaración del Foro.
En ese sentido todo parece indicar que si no se toma muy en cuenta el valor económico del funcionamiento de los ecosistemas, de los ciclos naturales, etc., seguirá comprometida nuestra prosperidad futura. Pero esa valoración debe ser correctamente calculada y no como hasta ahora, donde los reales costos ambientales no aparecen en las auditorias y evaluaciones, determinando que muchas políticas y proyectos se aprueben y realicen sin advertir a priori, lo que ha sucedido tantas veces: que se socialicen las pérdidas resultantes.
Así como se está pidiendo un compromiso de los países emergentes en materia de reducción de carbono, primero las naciones industrializadas deberán dar señales muy claras en materia de cumplimiento de las metas acordadas de reducción de emisiones, de transferencia tecnológica y de financiamiento.
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