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Rodolfo Sienra Roosen
En otros tiempos este sería un fin de semana completo. Hoy no sabemos. Si las pasiones uruguayas siguieran siendo -de lo que tengo mis dudas, dudo hasta que tengamos pasiones- la política y fútbol, tenemos el congreso del Frente Amplio decidiendo candidaturas y además el clásico. Un clásico algo devaluado, pero clásico al fin. Lo primero no es asunto nuestro. Lo segundo, que antes se consideraba una fiesta deportiva y hoy es reconocido por gobernantes y gobernados como "espectáculo de alto riesgo", no nos conmueve demasiado.
A esta altura con lo que vivimos como dirigentes de fútbol, estamos bien amortizados. Entonces, como hace algunos domingos que estamos hablando sobre cosas serias, en este optamos por la distensión y vamos a comentar la clasificación del senador Danilo Astori sobre "derecha inteligente" y "derecha chanta", motes que usó para individualizar a los pre candidatos nacionalistas.
En realidad no fue una distribución de elogios y de desprecios. Tampoco un exabrupto. Astori no pegó en frío porque la primera piña se la ligó de Larrañaga cuando éste se refirió a la "izquierda pituca". Ese gancho al hígado Jorge lo calzó acumulando la fuerza que le dio el mérito de poner en su sitio al gran dilapidador de la riqueza que le cayó al país como el maná del cielo, generando un crecimiento económico sin precedentes que nos vino de regalo del exterior. Es el prestidigitador especializado en disfrazar un aumento de deuda pública, en monto y en intereses, como un alivio para el país.
Es muy posible también que en la potencia del gancho esté el empuje de los jubilados a quienes el ex Ministro les impone pagar un impuesto exactamente igual al que pagan los activos, que no son pocos, y que van a hacer todo lo posible para que fracase en su aspiración presidencial.
Pero más allá de los nervios que están dominando a Astori, que creyó que sería número puesto por el Gran Digitador y ahora ve que las cosas no son tan sencillas y que la mayoría de la gente no lo quiere, su respuesta -pesada, de un hombre sin sentido del humor, que merece tomarse en broma - sirve como buen consejo para que los pre candidatos blancos perfilen bien sus programas de gobierno. Es cierto que no están demasiado lejos. Los dos tienen claro lo que buscan, los dos tienen buenos equipos de asesores y allegados. Lacalle tiene el antecedente de su gestión presidencial, que terminó con altos índices de aceptación al frente de un gobierno reconocido como el mejor desde la restauración institucional a la fecha. Larrañaga a los 32 años fue Intendente de un departamento importante como es Paysandú, y repitió el período siguiente. Se destacó como Senador y ejerció sin objeciones la presidencia del Directorio del Partido conduciendo una oposición tan difícil como digna a un gobierno soberbio y absolutista.
Hay matices diferenciales entre ellos y es lógico que procuren profundizar en los mismos, sin perjuicio de marcar también sus coincidencias. Por ejemplo, sí es cierto lo que se corre por ahí en cuanto a que cualquiera sea el candidato, de llegar a la Presidencia en sus gabinetes van a estar Ignacio de Posadas y Sergio Abreu, deben hacerlo público. Con sólo eso, el país sale a flote y se superarán los tiempos adversos que nos esperan.
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