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Alfonso Lessa
La agresión que sufrió el Senado cuando un pequeño grupo de militantes radicales terminó a los golpes con la seguridad del Parlamento durante la discusión de la ley de educación, tras insultar a los legisladores, constituyó el hecho más impactante de la semana, pero no el más importante.
Fue un nuevo ataque de un grupúsculo de personas, varias de las cuales se repiten en cuánto incidente hay, desconociendo en los hechos la legitimidad de las instituciones. Uno de los aspectos más llamativos de este episodio que derivó en procesamientos por parte de la Justicia, fue la reacción del Pit-Cnt, que se alineó con los procesados y dio la espalda al gobierno y el Parlamento. Los motivos últimos de la actitud de la central constituyen una incógnita, aunque podría presumirse que en tiempos complejos, de diferencias importantes en la izquierda, hubo quienes sintieron la necesidad de no ceder esa izquierda a los sectores "ultra"; en particular a poco de finalizado el también difícil tránsito del Pit-Cnt hacia una lista de "unidad" para sus autoridades.
Se trató de un episodio altamente revelador del comportamiento y del modo de entender la militancia de un sector radical. Y ahora, que existe una nueva alianza política a la izquierda del oficialismo, que comparecerá en las elecciones, también puede resultar un toque de atención para el Frente Amplio, sobre del tipo de problemas y provocaciones con los que puede tropezar en los próximos meses. Estos hechos de violencia resultaron impactantes, pero hubo otros políticamente más relevantes, entre los cuales destacó nuevamente la tensa situación en la que el Frente Amplio llegó al Congreso para definir sus candidaturas.
La definición en el oficialismo resulta obviamente clave para terminar de dibujar el escenario electoral para el año próximo y saber qué tipo de campaña nos espera.
La forma en que el Frente realizó el tránsito a su Congreso, constituye un reflejo de las tensiones internas que se han acumulado con el ejercicio del gobierno y aún antes. Pero esta tensión también expresa la desconfianza mutua que ha surgido en la izquierda - en dirigentes y sectores- sintetizada por Mujica el viernes con su acusación acerca de que lo han querido chantajear.
Las discrepancias, además, han dejado muy en claro el carácter de coalición del Frente Amplio, y expresan una realidad que va mucho más allá de izquierda y derecha: la lucha por el poder. Porque en el debate por las candidaturas subyace también una pugna por las cuotas de poder que cada sector tiene y por las que aspira a poseer en el futuro. Poder que significa el ejercicio de la Presidencia y el gobierno, pero también bancadas parlamentarias y muchos cargos públicos.
El desarrollo de este debate, público y áspero, también señala concepciones diferentes de hacer política. Astori y Mujica, los dos principales referentes en todo este proceso, representan estilos distintos, aunque probablemente no estén demasiado lejos en muchas de sus ideas. De hecho los dos estuvieron alineados con Vázquez en la mayoría de las iniciativas de gobierno y Mujica constituyó un factor moderador relevante mientras Astori era ministro de Economía. Las diferencias empezaron a marcarse en la medida que se aceleraron los tiempos electorales e incluyeron el enfoque de las relaciones con Vázquez.
Los hechos están demostrando que hace rato dejó de ser cierto -si es que alguna vez lo fue- que lo importante no son los candidatos, sino las ideas. Estas son fundamentales, pero el candidato es un elemento decisivo a la hora de las definiciones y de la votación. Los ensayos con el cruce de potenciales candidatos que realizan varias empresas de opinión pública constituyen una prueba de ellos. Y no necesariamente el candidato designado o electo por un partido, resulta el mejor contendor con los presidenciables de los otros partidos. Esto quiere decir que la ecuación interna de una colectividad política, no siempre se traduce en la selección de su mejor jugador.
El Uruguay llega a fin de año con un escenario consolidado e irreversible: una fuerte polarización entre el Frente Amplio y el Partido Nacional que marcará la campaña y un papel que puede resultar decisivo de los colorados en un balotaje.
El clima de campaña se respira hace rato, pero lo que viviremos desde febrero o marzo, será muy diferente.
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