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Cambio. El presidente saliente recuerda momentos alegres y amargos de los últimos años
DANIEL HERRERA LUSSICH | EN WASHINGTON CORRESPONSAL PERMANENTE
El hombre más importante del mundo hasta el próximo 20 de enero, que gozó del 86% de respaldo popular a fines de setiembre del 2001, hoy enfrenta las primeras despedidas oficiales cuando las encuestas más optimistas le adjudican sólo el 26%.
George W. Bush, "un republicano compasivo", como siempre se ha definido, "el presidente vaquero", como lo apodan otros con cierta sorna, o "el intruso en la oficina oval" como lo definió el polémico y corrosivo cineasta Michael Moore, comenzó, junto a Laura, su discreta y valorada esposa, a preparar las maletas con todo su "bagaje" de ropa y recuerdos. Muchos son dulces y los hay muy amargos, acumulados en sus dos períodos presidenciales. Parte de los bultos emprenderán rumbo a la casa que estrenarán en Dallas, mientras otros se desviarán hacia el rancho de Crawford, el lugar preferido de descanso, luego de 14 años de ausencia de un hogar fijo. Primero vivieron 6 años en la Residencia Oficial del Gobernador de Texas, junto a sus hijas gemelas Bárbara y Jena, y luego, los últimos 8 años en el 1600 de la avenida Pensylvania, la Casa Blanca. Ahora, sólo acompañados por el fiel perro Barney, el terrier escocés famoso por sus apariciones ante las visitas más ilustres y por sus "tarascones" en los zapatos y en la mano de algún periodista molesto, como ocurrió hace dos meses en plenos jardines de la mansión presidencial.
A un mes y días de trepar al helicóptero que lo alejará de Washington, luego de cumplir con el requisito constitucional de traspasar el poder al primer presidente de raza negra en la historia de los Estados Unidos, Barack Obama, muy pocos "pro" y muchos "contra", portará el ex mandatario en su maletín de mano.
Se aleja del cargo con el no muy agradable título de estar catalogado como el presidente más impopular en los anales políticos americanos, superando a Richard Nixon con el "Watergate" a cuestas y a Harry Truman en 1952 en plena guerra de Corea.
Pese a los pesados cargos que casi la unanimidad de la gente pone sobre las espaldas de Bush, sin duda no están muy equivocados los que lo miran como "soberbio y obstinado", también son muchos los que le reconocen "buen humor natural y especial chispa en sus salidas fuera del protocolo y tropiezos gramaticales", que la mayoría con maledicencia a veces adjudica a una falta de preparación. Aunque no hay que olvidar que su fama de "muchacho alegre y loco", la intercaló con estudios y graduación en Yale y Harvard en leyes y negocios. Fracasó en una empresa petrolera y le fue bien como propietario de un equipo profesional de fútbol americano, hasta que se dedicó de lleno a la vida política.
Hoy está en plena tarea de despedida. Un cometido nada fácil, por cierto. En la actualidad un altísimo porcentaje de los ciudadanos le acusan de las desastrosas e interminables guerras de Irak y Afganistán y de la arrasadora crisis económica que ha rebotado en todo el mundo. Y en especial se le culpa de la pésima imagen exterior que tiene el país por su "unilateralismo, desconocimiento del diálogo y la diplomacia y un constante tono amenazante".
Pero la gente reconoce también que el terrorismo golpea sin piedad en todos los rincones del planeta, como se acaba de vivir en Mumbai. Y admite que Estados Unidos, aun con la amenaza de nuevos atentados siempre flotando en el ambiente, ha logrado con su constante ofensiva en el Medio Oriente y con sus servicios de inteligencia mantener en jaque a Al Qaeda y obligar a seguir oculto en remotos lugares a Osama Bin Laden.
En el último mes ha emprendido giras internas y esporádicas en el exterior y su discurso se ha dirigido en cada aparición pública a confesar que sus "pecados mayores" han sido haber aceptado como verdadero el informe de los servicios de Inteligencia sobre la existencia de armas de destrucción masiva que impulsaron a invadir Irak, el fracaso ante el Congreso de su idea de aprobar una ley de inmigración y el dolor que siente al observar que la gente queda sin sus empleos.
En esas intervenciones, que surgen de entrevistas frente a determinados columnistas de televisión y en charlas ante corporaciones determinadas, militares en general, se ha referido a las situaciones bélicas, sin ceder terreno en cuanto a no retirar las tropas de Irak, reconociendo el error de haber "cantado victoria en Afganistán", relatando sus reiteradas visitas a soldados retirados y heridos en las guerras y sus tensiones con Rusia e Irán.
En sus informes orales relata que ha sido el presidente que más visitas ha realizado y más abrió las puertas hacia Latinoamérica ("He viajado al sur en 9 ocasiones, he hablado telefónicamente más de 300 veces con mandatarios latinos, he destinado más de 300 millones de dólares a tareas educativas y 1.500 millones dólares para programas sanitarios", señaló), se ha referido a la candidatura de John McCain y Sarah Palin, a las razones de la victoria de Obama y detalló cuál será su futuro.
En casi todas sus intervenciones recuerda su "fe cristiana" e insinúa que cumple como "mensajero de Dios". Y no deja de "matizar siempre con alguna broma y exhibir su buena memoria" cuando habla de que aún recuerda de sus giras los frijolitos de Guatemala, los panuchos de Mérida, el "shuuurresco" uruguayo y los tamales mexicanos, donde el presidente Calderón casi lo hace explotar de tantas especialidades.
Bush opina que McCain fue derrotado en la carrera presidencial porque había un viento fuerte contra los republicanos "no por repudio contra mí", sino para inclinarse por algo nuevo, lo que ofrecía Obama. También explicó que ocurrió la caída republicana porque rara vez el pueblo de los Estados Unidos se inclina por un partido por tres términos "y yo había sido votado por dos". Con respecto a Sarah Palin remarcó que "ayudó a John, activó al partido y reunió multitudes entusiastas".
¿Por qué ganó Obama? Según Bush, realizó una magnífica campaña, sumamente organizada y tuvo un especial llamador para recibir ayuda financiera, lo que significa que "un montón de gente quería que él fuera el presidente y experimentar sus proyectos políticos. Había detrás de su nombre una perfecta planificación".
El presidente saliente confiesa que tiene la intención de escribir un libro, construir un instituto en el Southern Methodist University, con biblioteca y archivos ("A ese lugar fue Laura", dijo), allí en el corazón de Dallas.
Los dos, George y Laura, quieren realizar una vida normal, salir de las luces, no desean llamar la atención. Según la aún primera dama, ella se aleja con la satisfacción de haber realizado 5 viajes a África para "cumplir distintas tareas humanitarias, una de ellas especialmente satisfactoria cuando veía que se coronaba con éxito la lucha contra el SIDA y muchísimas mujeres con un futuro muy incierto volvían a ser procreativas".
Laura, en una de las entrevistas, remarcó su idea de volver a cocinar, palabra que movió como un resorte a Bush, quien exclamó: "Empezaré la dieta". Luego ambos dijeron que les tocará vivir lo que ex presidentes y ex primeras damas le han dicho es el primer "shock", cuando suena el teléfono y se puede respirar, pensando que esa campanilla ya no es una fórmula de constante presión: se sabe que generalmente tras el tubo hay una voz que lleva a decisiones trascendentes e inmediatas.
En casi todas las declaraciones Bush ha terminado señalando que "a lo largo de 8 años se ha visto obligado a tomar y firmar medidas verdaderamente duras y difíciles, pero que siempre ha actuado de acuerdo con sus principios", y se retira con la cabeza "en alto".
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