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RUBEN LOZA AGUERREBERE
Albert Camus, el célebre escritor, visitó dos veces nuestra ciudad y dejó sus impresiones sobre Montevideo y algunas personalidades que conoció aquí en sus "Diarios de viaje".
Pero antes digamos dos palabras sobre su fulgurante trayectoria. Camus recibió el Nobel de literatura a los 44 años. Tres años después, en enero de 1960, murió en un accidente de auto, viajando con un amigo. En su abrigo había un billete de tren para ese día. André Malraux, al despedirlo, dijo: "Ha muerto el mejor de todos nosotros". Nacido en Mondovi, en 1913, era hijo de un obrero y de una mujer analfabeta, Catherine Sintes, quien fue esencial en su vida. La pobreza era más llevadera bajo el Sol; y el Sol sería luego una constante de su obra literaria.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, viajó en 1940 a Marsella. Llevaba los manuscritos de "El extranjero" y de "Calígula". En París se enroló en la Resistencia; al fin de la guerra fue condecorado.
Pero volvamos a sus visitas a nuestra ciudad. El 11 de agosto de 1949 escribe Camus: "Me levanto temprano y escribo unas cartas. Luego, como sigo sin noticias de mis protectores naturales, voy a visitar Montevideo en un hermoso día gélido. La punta de la ciudad se baña en las aguas amarillas del río de la Plata. Aireada, regular, Montevideo se halla rodeada por un collar de playas y un bulevar marítimo que me parecen bellos. Hay una prestancia en esta ciudad, en la que parece ser más fácil vivir que en otras que vi hasta ahora. Mimosas en los barrios ajardinados, y palmeras que me recuerdan a Menton. Aliviado también por estar en un país de lengua española".
El 19 de agosto de 1949 volvió a Montevideo, y al día siguiente escribe: "A las once, primera conferencia en la sala de la Universidad. En medio de la conferencia, un curioso personaje entra en la sala. Una capa, la barba corta, los ojos negros. Se instala al fondo, de pie, abre ostensiblemente una revista y la lee. De cuando en cuando, tose muy fuerte. Este, al menos, pone algo de vida en el anfiteatro". Más adelante, anota: "Un momento con José Bergamín, fino, marcado, con la cara envejecida de intelectual español. No quiere elegir entre el catolicismo y comunismo mientras la guerra de España no haya terminado. Un hipotenso cuya energía no es más que espiritual. Me gusta esa clase de hombres".
Otros apuntes: "La tarde es suave, rápida, un poco tierna. Este país es fácil y bello". Y además, señala: "Después de la conferencia, salgo a pasear con Bergamín. Aterrizamos en un café populoso. El duda de la eficacia de lo que está haciendo".
Conoció a la poeta Susana Soca, una de sus anfitrionas, y así lo cuenta el Nobel francés: "Después, cena en casa de Suzannah Soca. Un montón de mujeres de mundo que, después del tercer whisky, se ponen insoportables... Propongo a la agregada cultural que se venga a beber una copa conmigo... La noche es dulce en Montevideo. Un cielo puro, el crujir de las palmas secas encima de la plaza Constitución, vuelos de palomas, blancos, en el cielo negro".
Albert Camus se fue de Montevideo el 21 de agosto de 1949, y dejó escrito: "... el avión abandona el terreno a las once. Bajo un cielo tierno, aireado, nuboso, Montevideo expone sus playas -ciudad encantadora- donde todo invita a la felicidad y a la felicidad sin preocupaciones de la mente".
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