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JORGE ABBONDANZA
Es bueno hacer cálculos para que el mundo no siga mirando la Luna. La Unesco, por ejemplo, dice que en ese mundo hay 776 millones de adultos analfabetos y que dicha masa de gente representa el 16% de la población total. También dice que en la actualidad hay 218 millones de niños que trabajan para explotadores de la mano de obra infantil, y que 166 millones de esos niños tienen entre 5 y 14 años. Presentado el martes 25 de noviembre, el documento agrega que en el mundo existen 75 millones de niños sin el menor rastro de escolarización y que si esa tendencia persiste, en 2015 habrá 29 millones más en tales condiciones, la mitad de los cuales pertenecen al África subsahariana, eufemismo burocrático que refiere al África negra.
El informe de Unesco señala que los gobiernos "no dan prioridad a las necesidades de aprendizaje de los jóvenes". Eso impide que la educación juegue un papel en la reducción de la pobreza y en suavizar las desigualdades, pero también impide que combata la mortalidad infantil. La falta de escolarización golpea a las mismas clases sociales que sufren carencias de alimentación, y la Unesco advierte que la malnutrición afecta a un tercio de los niños menores de 5 años, ocasionando a nivel planetario 3.500.000 muertes por año. La mortalidad infantil es veinte veces mayor en los países pobres que en las sociedades ricas.
Hay otros informes que también obligan a bajar de la Luna. El preparado por la Red de Información Tecnológica Latinoamericana, una entidad privada con sede en Brasilia, se divulgó el miércoles 26 y afirma que América Latina es la región del mundo con mayores índices de homicidios entre jóvenes de 15 a 24 años. Manejando datos sobre 83 países, ese informe utiliza cifras de la OMS y sostiene que "las tasas de homicidio entre jóvenes latinoamericanos duplican las africanas y triplican las norteamericanas", por no decir que son treinta veces más elevadas que las europeas. Según ese texto, la causa de la violencia homicida radica en "la concentración de renta en pocas manos y la exclusión social" de vastos sectores periféricos, con lo cual una parte de los homicidios entre jóvenes vuelve a colocar a Latinoamérica en un renglón tristemente destacado.
El Uruguay tiene el menor índice de esos homicidios en toda la región (7 casos de muerte cada 100.000 habitantes) pero El Salvador tiene 92, Colombia 73 y Venezuela 64. En sitios intermedios están Brasil con 51, México con 10, Argentina y Costa Rica con 9, Chile con 8. Otra historia es la del suicidio juvenil, categoría donde Uruguay comparte con Nicaragua los registros más elevados (14 casos cada 100.000 personas) ubicándose en el octavo lugar a escala mundial, mientras Argentina tiene 12, Costa Rica 7, México 6. Nuevas cifras de similar tenor impiden que Uruguay se duerma en los laureles, porque si bien el 0,8% de su población comprendida entre 12 y 65 años de edad consume pasta base -según la Junta Nacional de Drogas- esa cantidad se multiplica por diez en el anillo marginal de Montevideo, alcanzando al 8% de la gente.
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