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Jueves 04.12.2008, 15:13 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Regalando la cancha

El Plan de Emergencia -ahora Plan de Equidad- fue uno de los buques insignia del actual gobierno. La idea, lejos de ser mala, era totalmente compartible. Se trataba de instrumentar una política de apoyos para mejorar la situación de muchas personas que se hallaban en situación de pobreza extrema. El régimen Vázquez apostó fuerte a esta iniciativa y el denominado Gasto Social aumentó en cifras importantes, pero la idea de recuperar a sectores marginados e introducirlos nuevamente en la sociedad fracasó estrepitosamente.

Varios factores jugaron en ese aspecto, pero quizás, los más relevante son dos: una concepción equivocada de cómo canalizar la ayuda, y la abierta politización de la misma.

Sobre el primer tema, la política que se llevó adelante estuvo estructurada bajo el signo de los funestos ejemplos de Venezuela y Argentina, que crearon sistemas a imagen y semejanza de sus presidentes, deseosos sólo de respaldos rápidos para asegurar una base de popularidad de fácil movilización. Y ello se tradujo en entregar dinero a los más necesitados, pero sin ningún tipo de exigencia como contrapartida. Asistencialismo liso y llano que no soluciona el problema de fondo -que es la falta de educación o el fomento de la cultura del trabajo-, sino que, por el contrario, lo agrava. Será más o menos poco lo que se les entrega, pero la gente se acostumbra a recibir sin que se les exija nada (y si se les exige, no lo cumple). ¿Para qué trabajar si se pierde la subvención del Estado? Alguna "changa" es suficiente para ir tirando, pero nada de horarios, responsabilidad o sacrificio.

El Gasto Social no es una mala idea, sino que está mal implementada y las consecuencias pueden ser imprevisibles y hasta atemorizantes, si vemos su evolución en Venezuela y Argentina. A su vez es incompleta y discriminatoria, elementos ambos que la convierten en injusta: el Estado auxilia solo al que no trabaja, pero al que trabaja no lo ayuda por más que sus ingresos sean escandalosamente insuficientes y siga por debajo de la línea de pobreza.

El segundo punto es el de la politización del Plan de Emergencia. La tentación es grande porque se maneja que unas 300.000 personas han sido atendidas a un costo aproximado a los 230 millones de dólares. Y para colmo de males, su administración fue confiada al Partido Comunista.

Un proyecto de esta naturaleza y con un sano propósito, que apunte a la reinserción en la sociedad de un importante sector marginado y no a un mero asistencialismo, es y debe ser una auténtica política de Estado, acordada por todos los partidos y que los comprometa a continuar más allá de los resultados electorales y de las lógicas rotaciones en el gobierno. Colocar a la cabeza a la principal dirigente del PCU, el más sectario del país, es transformarlo en un coto de uso privado, para la explotación y gloria de los miembros de esa organización. "La consecuencia fue que los cargos más importantes en las reparticiones destinadas a ejecutar ese plan quedaron, no en manos de expertos intachables, sino de toda la cúpula dirigente de ese partido". Así se dijo la semana pasada en esta página y el mismo día, un artículo de "Búsqueda" se refería al punto bajo el título "El partido comunista busca sumar votos por su labor al frente del Plan de Emergencia y distribuye folletos con ese objetivo". Eso, ni más ni menos, es politizar los esfuerzos que el Estado realiza con el dinero de los contribuyentes (no del Partido Comunista), es teñirlo de politiquería pequeña.

¿Es que acaso sería indecoroso pensar que los archivos del Partido Comunista se han visto raudamente engrosados con los datos de los beneficiarios del Plan de Emergencia? ¿Es que alguien duda que, más allá de los registros estatales que se puedan llevar, los nombres, constitución familiar, direcciones y lo que sea, están debidamente incorporados al patrimonio documental del Partido Comunista?

La respuesta, obviamente, es negativa. El Plan de Emergencia es un formidable elemento de captación de "adhesiones" políticas y más en poder del PCU, poseedor de una regimentada y efectiva organización, pero que ha perdido estrepitosamente base popular en los últimos años. El gobierno le ha dado su oportunidad de renacer y no creemos que la dejen pasar.

Se les "regaló" la cancha y se quedaron con ella. Lo que era una buena idea, se envileció.

El País Digital

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