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ALEJANDRO NOGUEIRA
Hay últimamente una epidemia de acuerdos incumplidos lo que cada vez más nos aleja de ser un país confiable y nos acerca a una republiqueta bananera.
No hace mucho asistimos al presunto final del conflicto entre la Intendencia de Montevideo y Adeom en el que, una vez más la comuna gastó parte de los impuestos que cobra a los ciudadanos en satisfacer las interminables demandas del sindicato municipal. Este peculiar gremio firmó un acuerdo por el cual se comprometió a no hacer reclamos judiciales y luego varios municipales, agremiados y no agremiados, y hasta la mismísima Mabel Lolo, decidieron no acatar el acuerdo y pleitear. Y Lolo sigue en la directiva de Adeom y, además, ha sido "ascendida" al Secretariado del Pit-Cnt sin que sus pares la cuestionen por su doblez.
Un grupo de médicos de Salud Pública luego que su gremio se comprometió a firmar compromisos funcionales en una negociación salarial que implicó aumentos del orden de 60%, se niegan a firmar esos compromisos y hacen paro porque no les dan el aumento si no cumplen lo acordado, porque así se estableció en la negociación. Ese compromiso funcional no es más que el reconocimiento de sus obligaciones y horarios de trabajo y se supone que está dirigido a defender a los usuarios de Salud Pública que deben esperar interminablemente a muchos galenos que no osarían llegar tarde o incumplir en el sector privado. También aquí hay concepciones radicales en juego.
Y esta semana el Partido Comunista desacató un mandato imperativo de la bancada de Diputados para votar la ley de educación. En esto no está en cuestión si la ley es buena o mala o si debió o no dejarse en libertad de acción a legisladores que, comprometidos con sus militantes gremiales en la enseñanza, discrepaban con la norma. El asunto es que en la coalición, como también sucede en los partidos tradicionales, hay normas por todos aceptadas de que ciertos temas pueden ser considerados "asunto político" y obligan a la disciplina partidaria. Sin embargo, los legisladores del Partido Comunista no dudaron en violar el "pacto social" con el resto de la bancada en defensa de sus convicciones y/o intereses. Así abrieron una puerta que no se cerrará a que los disensos cada vez mayores en el Frente Amplio se hagan explícitos en votaciones importantes en el Parlamento. Un mecanismo de cohesión política normal, libremente aceptado por los distintos grupos del FA, quedó pulverizado. La especial situación por la que atraviesa la coalición en materia de candidaturas y el peso militante del Partido Comunista hace que el episodio no tenga consecuencias relevantes. Solo hace brillar con mayor luz tres años después la renuncia a su banca del diputado socialista Guillermo Chifflet cuando, también por convicción, se negó a votar la misión militar a Haití, decisión parlamentaria también sujeta al mandato imperativo de la bancada.
Los ejemplos citados son, en definitiva, muestras de una cultura política que abreva en la conocida frase de José Mujica: "como te digo una cosa te digo la otra".
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