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Boqueteros. Así evitaron que los registraran los sensores
GUSTAVO TRINIDAD
Tenían todo cuidadosamente estudiado. Hasta sabían que tendrían que "barrer" el piso del local arrastrándose durante horas por la talabartería para evitar que los sensores registraran su presencia.
Así lograron llevarse mercadería por un valor aproximado de US$ 13.000 aunque ayer todavía se realizaba el balance de lo hurtado.
Como de costumbre, los boqueteros aprovecharon el fin de semana. El entorno del local ubicado en la proa de Agraciada 2673 y Santa Fe, también fue estudiado por los ladrones que eligieron la madrugada del domingo para dar el golpe.
Evitaron la actividad de un boliche que funciona los sábados de noche y sabían que en la fabrica Pilsen, que da a los fondos del comercio por la calle Paraguay, no se trabaja los domingos, por lo que podrían dedicarse a hacer el boquete desde la calle.
Así, rompieron la pared efectuando un agujero casi a ras del piso por donde pasaban los hombros de una persona normal. Luego con una uña rompieron una antigua puerta de madera y accedieron al local.
Evidentemente sabían que los sensores de la alarma no llegaban hasta el piso. Sin prender la luz se arrastraron durante varias horas tomando todo lo que estaba a su alcance estirando el brazo.
Aun desde esa incómoda postura no fue poco lo que se llevaron. "Robaron más de 100 bombachas, rastros de plata y oro y cuchillas de plata", contó la propietaria del comercio en diálogo con El País.
Incluso se las arreglaron para armar decenas de monturas. Seguramente contaban con un vehículo para llevarse las cosas hurtadas.
clientes. Los boqueteros son delincuentes que saben de alarmas, su principal enemigo a la hora de entrar a un comercio.
"Se ve que vinieron como clientes, recorrieron el local haciendo que miraban mercaderías y estudiaron el sistema de alarma", contó la comerciante.
"La Policía me dice que no deje entrar por todo el local a la gente pero yo no puedo decirle a un cliente que no recorra el local, estas son mercaderías que es necesario ver. Yo no puedo atender a la gente en la puerta", expresó.
Efectivos de Policía Técnica trabajaron en el comercio y aunque encontraron algunos indicios no es seguro que se trate de huellas de los delincuentes, que demostraron ser muy cuidadosos. De todas formas el sensor evitó un mal mayor.
"Sólo se llevaron lo que podían alcanzar, se salvaron cuchillos de oro y plata que tengo en vitrinas en los mostradores. Sólo en un mostrador hay unos $ 200.000 en esta mercadería y otros objetos de bastante valor", contó la mujer. "Lo que nos hurtaron todavía es estimado porque a medida que voy recorriendo el local me voy dando cuenta de más cosas que robaron", contó la propietaria del comercio que tiene 17 años de existencia y que sufrió un hurto por primera vez. "La Policía me advirtió que podrían volver si ven que es fácil, pero ya arreglé para que bajaran el nivel de los sensores hasta el piso y además de refaccionar la pared, vamos a poner rejas del lado de adentro", explicó la damnificada que espera así, no volver a ser noticia por hechos similares. Al menos por otros 17 años.
En el mundo de la delincuencia el boquetero es un ladrón con algunas particularidades. Normalmente conocen de cerraduras de seguridad de cajas fuertes, alarmas de todo tipo y evitan la violencia. Sus conocimientos lo separan del común de los rapiñeros y suelen ser reincidentes. La semana pasada un conocido boquetero fue capturado por policías de la Brigada de Asaltos y así sumó su vigésimo procesamiento por hurto especialmente agravado.
Junto a otro delincuente que aún está prófugo, había realizado un boquete en una zapatería de Agraciada y Mariano Sagasta, en Belvedere. Se estima que cuando fue detenido en su camioneta Combi con 190 pares de zapatos deportivos, ya había efectuado varios viajes porque el propietario denunció el hurto de 500 pares.
Es investigado también por varios hurtos en la misma zona del Paso Molino y en tiendas de La Unión con la misma modalidad. No se descarta que su secuaz haya participado del hurto de ayer en la talabartería.
En Tacuarembó dos hombres de 23 y 31 años fueron procesados luego que intentaran robar una caja fuerte de una estación de servicio. No pudieron con la caja y se llevaron otras mercaderías pero dejaron las huellas y ese fue su fin. Fueron a la cárcel por un delito de hurto.
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