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Martes 02.12.2008, 16:09 hs l Montevideo, Uruguay
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Ciudades

Robos y desempleo crecen al mismo ritmo según un estudio

Sociología del delito. Factores económicos son clave en aumento de ilícitos | Casi siete de cada diez primarios es adicto a esta droga

ANA PAIS

Las rapiñas y los hurtos, es decir, los robos con y sin violencia, crecen junto con el desempleo y viceversa. Un estudio sociológico así lo revela, aunque advierte que otros factores están incidiendo en el aumento de los delitos contra la propiedad.

Las gráficas que muestran la evolución de la tasa de desempleo en los últimos 17 años comparada con denuncias y procesamientos tanto en hurtos como rapiñas, forman dibujos similares. En lenguaje técnico, "las variables se relacionan en forma positiva", explica Javier Donnangelo, autor del estudio La relación entre el desempleo y la criminalidad, publicado en el libro El Uruguay desde la Sociología VI, el cual fue presentado la semana pasada en la Facultad de Ciencias Sociales.

No obstante, las curvas no reaccionan a modo de espejo, bajo la lógica de causa-efecto. En el caso de las rapiñas, los delitos que presentan el mayor paralelismo con la desocupación, "muestran una tendencia a `responder` en forma retrasada ante las disminuciones del desempleo. Así, por ejemplo, a la caída del desempleo verificada entre 1992 y 1993, le sigue una caída de la tasa de rapiñas entre 1993 y 1994", describe el sociólogo.

Este efecto retardado es analizado por otro estudio, también publicado recientemente. En Una aproximación económica a los determinantes del delito en Montevideo en el período 1986-2005, Jorge Campanella reafirma que "ante un choque proveniente de la distribución del ingreso, las rapiñas demoran cuatro trimestres en absorber la innovación".

Y aclara que si el cambio se origina en la tasa de desocupación de los jóvenes, estos delitos demoran un trimestre menos en cambiar.

En el caso de los hurtos, la evolución respecto al desempleo no sólo es más dispar, sino que ese retraso es de unos tres años, sostiene Campanella.

Donnangelo describe tres posibles factores que expliquen estas diferencias. Por un lado, simples errores de medición. Como demuestran las encuestas de victimización internacionales, la radicación de denuncias policiales aumenta con la gravedad del delito y, por definición, la rapiña implica violencia o amenazas.

En segundo lugar, el sociólogo se refiere a las "oportunidades" de robar que tiene la gente con trabajo, por estar en contacto diario con artículos de consumo y movimientos de dinero. Entre los ejemplos cita "hurtos de mercadería realizados por el personal de tiendas y establecimientos comerciales, hurtos de efectos personales llevados a cabo por integrantes del servicio doméstico de las residencias, etcétera".

Sin ir más lejos, la semana pasada se descubrió que un guardia de seguridad de una empresa de artículos para motocicletas de Pocitos robó de un cajón el dinero que justamente estaba custodiando.

Por último, Donnangelo maneja aspectos como la disponibilidad de objetos "hurtables" y de "blancos apropiados" para el delincuente. El ejemplo paradigmático es el celular, por ser fácil de transportar, ocultar y colocar en el mercado negro. Aunque gran parte de los nuevos aparatos tecnológicos cumplen con estas condiciones y por ende, pueden estar incidiendo en las oscilaciones de los índices de hurtos.

Por el contrario, las rapiñas tienen mayor estabilidad en el tiempo porque "tal vez el principal determinante de la incidencia de las rapiñas no sea tanto la existencia de oportunidades como el número de individuos motivados a realizar este tipo de acto", explica.

PROCESAMIENTOS. Para evitar los errores de medición, Donnangelo comparó la tasa de desempleo no sólo con las denuncias registradas por la Policía, sino también con la de procesamientos judiciales. En estos últimos, las gráficas de rapiñas y hurtos muestran una mayor correlación con la falta de trabajo y con un menor retardo.

No obstante, fuentes policiales consultadas aseguraron que cuando se detiene a algún delincuente, es habitual que en el curso de las investigaciones posteriores terminen aclarándose varios casos.

A su vez, si bien muchas veces la Policía tiene la convicción de que un ladrón participó en un delito sin aclarar desde hace meses, al ser detenido por uno nuevo no se pueda probar su participación en el anterior. De esta manera, según las fuentes, hay también una "cifra negra" de atracos que se consideran aclarados, con delincuentes fuera de circulación, pero sin su correlato penal. (Producción: Renzo Rossello)

Datos más recientes de hurtos y rapiñas

Los últimos datos difundidos por el Ministerio del Interior, a través del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad, llegan hasta agosto de 2008. El total general de delitos registrados aumentó un 3,9% en la comparación con 2007.

En la categoría de los delitos contra la propiedad se agrupan: hurtos (consumados y tentativas), hurtos de vehículos (ídem), rapiñas (ídem), daños, copamientos, abigeatos (hurto de ganado) y otros delitos. Esta categoría tuvo una variación de 3,1% más entre 2007 y 2008.

En términos porcentuales y dentro de esta categoría, uno de los delitos que más aumentó fue el de rapiña respecto de 2007: la variante fue de 14,9%. El delito de hurto aumentó en un 1,6%, según los datos oficiales.

El delito que tuvo el mayor incremento porcentual de la categoría fue el de copamiento, aunque en números absolutos sigue representando una cantidad menor. La variación porcentual es del 51,7% respecto de 2007, que registró un total de 58 casos contra los 88 denunciados hasta agosto de 2008.

El factor "pasta base" en crímenes

El 68% de los reclusos primarios son usuarios de drogas, según un estudio del Ministerio del Interior. Esta parte de la población carcelaria -unos 1.100 reclusos que revisten esta condición- tiene entre 18 y 29 años. Entre quienes delinquen por primera vez y provienen de la población urbana y joven, el 53% es adicto a la pasta base de cocaína.

"No existe una relación de causalidad lineal entre consumo de sustancias y el comportamiento delictivo", observaba el psiquiatra Luis Bibbó, director del Instituto Nacional de Criminología (Inacri), en una entrevista concedida a El País.

Bibbó señalaba entonces que la incidencia directa entre la adicción a la pasta base de cocaína y los delitos no tiene un sustento científico. "Una cosa es que en la población joven haya una alta presencia de consumo problemático. Pero el consumo problemático y la delincuencia tienen causas comunes. Lo mismo que lo lleva a consumir, lo lleva a delinquir. Pero no delinque porque consumió", explicaba el psiquiatra.

En la misma línea, el supervisor técnico del Centro Portal Amarillo, para el tratamiento de adictos, no dejaba de observar sin embargo el creciente fenómeno de la "economía informal" generada en torno a la venta y consumo de pasta base.

"Hoy es común ver asentamientos constituidos por 250 o 300 personas en los que funcionan cuatro o cinco `bocas` de venta. Obviamente estas `bocas` pasaron a constituirse en el eje de subsistencia básico, sobre el cual se organiza la vida cotidiana de esos núcleos poblacionales", observa el psicólogo Miguel Silva.

"Esas bocas llenan muchas `bocas y estómagos`, a través de una sofisticada red de intercambios, de `nuevos sistemas de trueque` en los cuales la pasta base es el lubricante esencial de toda la maquinaria: una radio robada se canjea por X cantidad de papeletas, una campera robada por otras tantas, etcétera", describe Silva.

De acuerdo con la información disponible en el Ministerio del Interior, la pasta base de cocaína comenzó a ingresar al país a mediados de 2002 y el tráfico ilegal se consolidó entre 2003 y 2004.

Las cifras de incautación evidencian el incremento de la actividad de tráfico detectada por la Policía: en 2004 se requisa por primera vez un total de 29,54 kilos de pasta base; en 2005 se incauta un total de 49,32 kilos; en 2006 se incauta 98,17 kilos; en 2007 fueron 71,51 kilos, hasta octubre de 2008 se incautaron 89,57 kilos.

El País Digital

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