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El presidente electo de Peñarol vivió un domingo muy especial. En su interior aún experimentaba las sensaciones que vivió cuando fue consagrado como presidente electo de Peñarol. La alegría y el festejo en el Palacio Cr. Gastón Güelfi ya son pasado. Por eso el directivo le dio paso a la retrospectiva, a la lectura de los hechos y al futuro aurinegro, y dijo que los integrantes de la listas de Daniel Benech y Ramón Rodríguez Puppo no serán tratados como minoría, poniendo énfasis en que la marca Peñarol es muy importante en el país y debe ser bien utilizada.
CARLOS MONTAÑO
-Vivió horas de alto contenido emotivo.
-Sí y estoy agradecido a la vida. Era una lección dificilísima para mí por muchas razones. El apellido me juega en ocasiones a favor y algunas veces en contra. Si se me juzgaba por lo que hice en catorce meses como coordinador institucional, creo que no había dudas. Estaba desesperado. Quería que esto de la elección se terminara. Haciendo de político yo soy un desastre, como un elefante real en un bazar. Soy auténtico. Ahora la responsabilidad me obliga a ser mesurado. Me agarra en el mejor momento de mi vida, con cicatrices de la vida, del fútbol y firme para cristalizar el proyecto que nos propusimos.
-¿Como visualiza al nuevo Consejo Directivo?
-Parejo, muy bueno. Voy a trabajar con todos. Para mí no hay ni mayorías ni minorías. Recibí el llamado de Benech y ya se lo devolví. Obviamente, voy a llamar a Rodríguez Puppo. Debemos reunirnos para delinear el futuro del club.
-¿Es más empresario que dirigente de fútbol? Ha sido cuestionado al respecto.
-Los hijos de padres exitosos tenemos que demostrar el doble para apropiarnos de las cosas. Es complicado correr con eso. Es lo que nos toca a cada uno. En el ámbito empresarial hace veinticinco años que soy cabeza, pero para el gran mundo del fútbol seguía siendo el hijo de Damiani, lo que es un orgullo, pero ahora me van poder juzgar por lo que soy.
-¿Va a imitar cosas del estilo de Mauricio Macri?
-Imitarlo, no. Estoy convencido que hay que profesionalizar al fútbol en el buen sentido. No puede ser que todos sean empresarios o universitarios. Así no se camina. Precisamos respirar vestuario. Este deporte es una ciencia muy difícil y especial. Marcos Carámbula, al que aprecio y admiro, me ha dicho que para él fue más bravo ser presidente de Juventud de Las Piedras que Intendente de Canelones.
-¿Se redoblará la apuesta dirigida a una gran labor en las divisionales formativas del club?
-Es el sendero. No hay vuelta sobre eso y es necesario profundizar en ese esquema.
- ¿Se va a generar más déficit?
-Los planteles más caros son los que no ganan nada. No tenés recaudaciones. Lamentablemente, no contamos con una buena economía local. Ni que hablar de patrocinantes y abonados de televisión. Si nos movemos con los recursos genuinos no podemos tirarnos a pelear torneos importantes. La cuestión es que los clubes grandes deben apuntar siempre a ganar.
-¿Qué van a a hacer para superar esa realidad negativa?
-La inteligencia nuestra va a ser que la variable de ajuste no pase únicamente por la venta de jugadores. La elección de Peñarol fue muy trascedente para nuestro país. Hay que sacar provecho de esa pasión que se demuestra. Si el club es tan valioso en la vida del país, tenemos que -entrecomillas- utilizar ese fervor. La marca Peñarol es una de las más importantes de Uruguay. Por eso insisto en que hay que profesionalizar el fútbol.
-¿Fue conciliador durante su interinato? ¿Seguirá igual?
-Lo primero que hice luego de conocerse los resultados fue abrazar a los contendientes ocasionales.
-¿Lo sorprendió la muy buena votación que tuvo Daniel Benech?
-No, los estudios que habíamos hecho mostraban lo que sucedió. Creo que Daniel (Benech) leyó muy bien la elección. Trató de captar el descontento de los hinchas y lo hizo en forma muy inteligente. Polarizó el tema y sacó buenos réditos. Yo, en cambio, soportaba el peso de la dinastía, de facturas que no eran adjudicables a mí. Para peor, el fallo salió dos días antes. La gente podía decir: `Mira este gil cómo duerme la siesta, se come los mocos`. Lo máximo que podía aspirar era lograr seis cargos.
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