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Fue el 30 de noviembre de 1958, hace hoy exactamente medio siglo. Desde el 20 de febrero de 1865, día en que las tropas brasileras -en el aniversario de la batalla de Ituzaingó- desfilaron por las calles de Montevideo e instalaron en el gobierno a Venancio Flores, el Partido Colorado había permanecido en el poder. Pero en aquella jornada histórica ocurrió lo que era imposible. El Partido Nacional, votando por primera vez unido tras más de un cuarto de siglo de amarga división, arrolló en las urnas al oficialismo: 499. 425 sufragios consagraron su victoria, frente a sólo 379.062 votos que obtuvo el coloradismo.
Aquello no fue un milagro, aunque a muchos compatriotas les habrá parecido tal. Fue la conjunción de una serie de factores que permitieron que la historia nacional hicieron aquel día un codo, determinando que una de las reglas de oro de la democracia, la rotación de los partidos en el poder, se cumpliera después de más de nueve décadas de gobiernos colorados. Los errores del último de ellos y su enconada división interna -entre las listas 15 y 14-, sumados a una grave crisis económica y a muy acertadas decisiones políticas de los principales líderes del nacionalismo, posibilitaron la formidable victoria que hoy recordamos.
El primer acierto fue de Luis Alberto de Herrera cuando hizo incluir, en el pacto de 1951, una más que heterodoxa disposición que permitía la acumulación de votos "para fracciones que pertenecieron a un mismo Partido y que posteriormente adquirieron o emplearon un nuevo lema, y podrá efectuarse bajo el lema de una de ellas, o manteniendo cada una su propio lema". Se le permitía, así, al Nacionalismo Independiente, sin siquiera renunciar a su lema, acumular sus votos con el resto del Partido Nacional. Narra el Dr. Martins, quien junto a Héctor Gros Espiell fue secretario de la comisión que proyectó la reforma constitucional, que Herrera dio esta instrucción a los negociadores blancos, los Dres. Echegoyen y Vargas Guillemette: "Todo es negociable, menos esta disposición". Era de vistas largas el gran caudillo.
El segundo paso lo dieron un destacado grupo de nacionalistas independientes, que en 1954 fundaron "Reconstrucción Blanca", cuyo propio nombre indicaba su voluntad de reunificar al partido, que marcaron votando ya -ese año- bajo el lema Partido Nacional: Eduardo Rodríguez Larreta, Pantaleón Astiazarán y Alberto Gallinal Heber, junto a Washington y Enrique Beltrán. En los comicios de dicho año registró una excelente votación el Movimiento Popular Nacionalista liderado por don Daniel Fernández Crespo, que se había separado del herrerismo el año anterior. Ambos hechos hicieron viable la construcción de una corriente blanca mayor, con posibilidades de disputarle al Dr. Herrera la mayoría del partido, si se lograba sumar al Nacionalismo Independiente. La idea había ganado fuerza al promediar 1956, pero costaba agregar la tercera "pata". Muchos independientes resistían al retorno. El asunto se trató en una reunión en que eran clara mayoría los no unionistas.
Pero cuando don Juan Andrés Ramírez disintió con ellos, con tres convincentes razones, y fue de inmediato apoyado por el Dr. Arturo Lussich, ocurrió como en la anécdota de Lincoln y tres de sus ministros, cuando aquél declaró tomada una propuesta suya, "por mayoría de uno en cuatro". Y así nació la Unión Blanca Democrática -UBD. Fue un hecho decisivo para la posterior victoria. Su eslogan electoral - "La alternativa es clara: o gana la UBD o todo sigue como está"-, prendió fuerte en Montevideo e hizo vislumbrar la victoria.
Herrera, sin pensar en ella, vio peligrar su supremacía en el partido e hizo una jugada que resultó decisiva. Pactó una alianza con el líder del naciente "Ruralismo", Benito Nardone, quien desde una audición de Radio Rural, todos los mediodías fustigaba al gobierno y cautivaba a un creciente electorado campesino y de pequeños productores. "Chico Tazo", como se hacía llamar, no marcó sus votos, pero muchos de ellos eran colorados, como también lo eran, en Montevideo, no pocos votantes de la UBD, todo lo cual terminó de desequilibrar la balanza. La UBD triunfó en la capital pero fue apenas superada, en el país, por Herrera y Nardone. Gratitud y honor a ellos y a cuantos crearon la UBD. A medio siglo de distancia, los blancos celebraremos en clima de unidad, la histórica victoria. Cuya evocación nos dará fuerzas para triunfar en las urnas de aquí a un año. El país lo necesita.
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