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Las altas temperaturas y la seca desde hace 12 meses en algunas zonas hicieron desaparecer pozos, aljibes de viviendas, tajamares y arroyos Tambos apelan a reservas de invierno
Eduardo Barreneche
"Hemos tomado agua con ranas muertas. Por suerte no nos enfermamos", dijo Sofía Galeano, quien vive en paraje Tejera. La tierra reseca, el calor abrasador y el pasto muerto son el paisaje común de cuatro departamentos afectados por la seca.
En un viaje al corazón de la sequía, un equipo periodístico de El País recorrió 600 kilómetros por caminos vecinales de San José, Flores, Durazno y Florida. Tanto los seres humanos como los animales sufren el calor abrasador de este noviembre. Ambas especies tratan de adaptarse a la nueva situación.
Muchos aljibes de las estancias se secaron. Otros habitantes, más afortunados, dependen del caudal cada día menor de sus pozos semisurgentes.
La seca cambia las rutinas. Ahora los productores más afectados deben dedicar entre dos y tres horas diarias a buscar agua para el consumo de sus familias. Los lluveros de las viviendas rurales se oxidan por falta de uso.
Los pobladores más perjudicados de la campaña son asis-tidos por camiones cisternas proporcionados por las intendencias.
Sandra Hernández Britos se baña con un vasito desde hace cuatro meses. Desde hace unos días recibe, por suerte, la visita del camión municipal.
"El agua de ese baño la reciclamos. La utilizamos para tirarla en el water o lavar los pisos. Y lavo a mano los pañales de mi bebé. Cuando llueva nos sentaremos afuera para bañarnos", promete Sandra.
María Sofía Galeano para lavar la ropa de su familia camina 700 metros hasta la casa de Bernardino Castagnola, que posee un pozo semisurgente. A llegar a fin de mes, María Sofía y Bernardino pagan a medias la factura de la luz por el gasto de la bomba.
El productor Luis Alberto Bauzá, de paraje Chamizo, recorre unos 10 kilómetros diarios en su Tonneau -una especie de sulky- cargado de bidones. Va hasta la casa de Alberto Caraballo, un vecino que posee un pozo semisurgente, a buscar 70 litros de agua para el consumo hogareño y los animales.
"Ya no tengo agua en el aljibe ni en el tajamar. A las ovejas les doy agua en un balde negro. Ellas se adaptaron enseguida porque la sed es una cosa impresionante", afirma Bauzá.
SIN SOMBRA. El jueves 27, el calor era abrumador. En el campo, los vacunos se cubrían como podían. La mayoría perseguía la sombra de eucaliptos, sauces, aunque fuera un arbusto. Otros, por fuerza de la costumbre, buscaban el frescor que antaño brindaban cañadas, tajamares y arroyos. Desconcertados, los animales se agrupaban encima del barro reseco y respiraban trabajosamente, agobiados por la elevada temperatura de la jornada. Las ovejas también sufrían. En un campo de la zona de Chamizo (San José) tres lanares competían por la sombra de una columna.
El sol caía a plomo. Los campos amarillos se perdían en la lejanía. Algunos productores con suerte lograron cosechar y enfardaron algo de comida. El forraje se apilaba al costado del alambrado. Por poco tiempo.
La crisis generada por la sequía no es solo de agua. También es forrajera. En algunas zonas del sur del país la seca comenzó hace un año y se agudizó en los últimos cuatro meses. Praderas y pastos fueron secándose.
MORTANDAD. Paraje Chamizo está ubicado a la altura del kilómetro 108,500 de la ruta 3. Los pobladores de esta zona maragata sí conocen de calamidades. El 10 de agosto de este año cayó allí una granizada; las piedras llegaron a pesar 170 gramos, según un poblador que se tomó la molestia de pesarlas.
Ahora el único tema de conversaciones de los lugareños es la cantidad de animales muertos por la sequía. "Yo perdí cuatro vacas. Murieron juntas", dice la productora Juana Martínez Silva.
Las osamentas de las vacas -dos de ellas tienen aún el cuero- se agrupan en un espacio de seis metros cuadrados, al costado de un monte de sauces y olmos. Las vacas murieron buscando sombra.
Las pérdidas del productor Eduardo Umpiérrez son menores: solo dos terneros. Pero el estado lastimoso de su ganado muestra que, de no cambiar el clima, otros animales morirán.
Umpiérrez intentó vender sus vacas pero no pudo. El precio es un 50% menor que el que tenían antes de la sequía. "Ahora nadie compra animales. Estas vacas ya son de descarte", expresó.
La producción de leche de las vacas cayó en un 50%. Entonces Umpiérrez decidió hacer quesos. Con el dinero compra forraje.
ALMUERZO. En el kilómetro 146 de la ruta 3 se ingresa a un camino vecinal que lleva al pueblo Pintos.
El camino serpentea entre campos ardientes y cultivos en tierras agrietadas. Aquí los riachos desaparecieron y las cañadas se tornaron pedregales.
Sobre el alambrado, despreocupadas del calor y con los estómagos llenos, las aves de rapiña esperan. Son imágenes de National Geografic en África.
En 200 metros se cuentan 12 caranchos. Al llegar a un vado seco se descubre el motivo de tal "cónclave": un ternero de pocos meses hambriento y débil apenas camina. El ternero da unos pocos pasos más, tropieza y cae. La mesa estaba servida.
Al final de una recta del camino vecinal está el pueblo Pintos. Varias casonas en buenas condiciones y una iglesia de altas paredes de piedras están abandonadas. El lugar explica por qué ya nadie quiere vivir en campaña.
En la escuela, los alumnos hablan a toda la hora de la sequía y se preocupan por los cambios más mínimos en el clima", dijo la maestra Norma Gallaraga, de la escuela ubicada en paraje Chamizo. Afirmó que sus alumnos "perciben los problemas generados por la seca".
Desde octubre no llueve en San José; hicimos siembras y no nació nada", expresó el productor agrícola Martín Moglia. Añadió que desde octubre de este año no llueve. "Estamos sufriendo una situación crítica. El invierno nos va a agarrar mal", señaló.
En mis campos ya no queda pasto; no sé cuánto tiempo voy a aguantar así", dijo el productor Bernandino Castagnola. Agregó que, en los próximos días, sacará a sus animales a pastorear en la calle. También dijo que cae el caudal de agua de su pozo hogareño.
La leche es un sector muy afectado por la seca. Además de la falta de agua y de la pérdida de pasturas por las altas temperaturas, los tambos padecen la caída a la mitad de los precios de la leche.
Desde hace un mes, el productor Juan Carlos Aguiar lleva todos los días sus 60 vacas a pastar al costado de la Ruta 5. "Si no saco los animales a la ruta se me mueren. A veces la Policía me corre de acá y me desplazo unos kilómetros más atrás; no tengo más remedio que hacer esto", dijo Aguiar con una voz que no logra ocultar el desespero. Dentro de pocos días deberá pagar $ 30.000 por el arrendamiento de un campito en paraje Batoví y no tiene dinero.
"He vendido terneros a precios de regalo y estoy usando esa plata para comprar forrajes para mis vacas. Así no hay bolsillo que aguante; me estoy refundiendo", admitió el productor.
Aguiar ocupa, además del campo arrendado, unas 200 cuadras otorgadas por el Instituto Nacional de Colonización. "Voy a hacer una protesta en el Instituto. No puedo enfrentar más esta situación", anunció.
El tambo "Los Búhos" se encuentra cerca del pueblo 25 de Mayo. Fue el único establecimiento de toda la recorrida por cuatro departamentos que contaba con suficiente capacidad de agua. "Hemos tomado previsiones sobre este tema", explicó a El País el dueño del tambo, Álvaro Pérez.
Sin embargo, el productor advirtió que nada puede hacer contra la crisis forrajera de sus campos. "Tenemos menos de la mitad de los cultivos de esta estación. Y estamos utilizando ahora forrajes guardados para el invierno. El problema alimenticio ocurrirá en los meses fríos", dijo.
Para no utilizar toda la reserva alimenticia del tambo, Pérez compra raciones para su ganado. "Los costos de producción aumentaron en un 30 o 40%. Nuestra intención es mantener a los animales de cualquier forma", dijo el tambero.
Tras quejarse sobre que en la ciudad no hay comprensión de la entidad de la sequía, Pérez advirtió que no tomará medidas extremas como enviar trabajadores al seguro de paro. "En el tambo no hay planificación que valga. Ahora vamos a analizar la instalación de riego para enfrentar estas situaciones", dijo.
La prosperidad de la lechería se terminó de golpe. Atenazada por la sequía y la caída de los precios internacionales de la leche, el sector se ve otra vez enfrentado a un escenario adverso.
En dólares, entre julio y octubre de este año, el precio de la leche al productor bajó a la mitad: pasó de 44 centavos a 22 y no se sabe si éste es el piso.
La sequía también impactó en el sector cárnico. La falta de lluvias en el otoño retrasó los engordes y deprimió la reposición.
Los precios de la carne se derrumban producto de la crisis financiera. Ahora los novillos gordos se venden a US$ 1,80 el kilo, menos de la mitad de lo que valían hace tres meses.
Los precios de los granos también caen. Por ejemplo, la soja se vendió en julio de este año a US$ 520 la tonelada. Ahora ésta se paga US$ 300.
48 mm. llovieron el viernes en Los Tapes, departamento de Durazno; en Lavalleja se llegó a 30 mm.
28 mm. fueron las lluvias que se registraron en la estación de Belén en Salto. Tacuarembó llegó a 23 mm.
15 mm. cayeron en Nueva Palmira, Co-lonia, un departamento castigado. Solo 10 mm en Florida.
16 mm. llovió en Cuchilla Navarro en Río Negro. En la estación de Pueblo Porvenir en Paysandú, 7 mm.
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| Foto: El País. |
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