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Domingo 30.11.2008, 16:31 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía

Marcas de billetes son inútiles para los ciegos

Costo. Habría que gastar varios millones de dólares para poder adaptarlos

LUCÍA BALDOMIR

Cuando fue a pagarle al repartidor de la rotisería las dos tartas que había encargado no supo qué billete darle. Le preguntó cuál era el de $ 50 y cuál el de $ 20. El joven le contestó y recién allí pudo pagar.

¿Cuántos billetes tiene usted en la billetera y de qué valores? Uno de $ 1.000, uno de $ 500 y tres de $ 100, contesta Carlos Martínez. Se lo sabe de memoria. No porque tenga una obsesión con ello. Es ciego y no tiene otra forma de saber con cuánto pagará.

Todos los billetes uruguayos cuentan con una marca para no videntes en el ángulo superior izquierdo. Pero para ellos es como si no existiera.

Para alguien que ve, el simple ejercicio de tocar los billetes sin mirar es suficiente para descubrir que al tacto se pueden descubrir los pliegues propios del uso pero ningún billete representa más valor que el otro. Para los no videntes es igual.

"No es un tema de sensibilidad. Es tan escaso el relieve que es casi imperceptible la diferencia", dice Martínez, presidente de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay. En el Banco Central (BCU) se reconoce que las marcas son "de poca utilidad", dijo una fuente del organismo.

El billete de $ 20 tiene en su margen superior izquierdo un círculo, el de $ 50 un cuadrado, el de $ 100 dos líneas verticales, el de $ 200 tres líneas horizontales, el de $ 500 tres líneas verticales, el de $ 1.000 dos círculos uno dentro de otro, el de $ 2.000 dos triángulos uno dentro del otro. Pero la diferencia está a la vista.

Martínez pasa la yema del dedo y no logra distinguir uno de otro aun cuando recién son impresos. Incluso, el uso que puede haber tenido el billete puede hacer confundir uno de $ 20 por uno de $ 1.000. Por eso, la memoria y la confianza son sus mayores aliadas al momento de pagar.

En su billetera tiene los billetes ordenados de mayor a menor valor empezando de afuera hacia adentro. Pero hay veces en que la cantidad de pagos que hace en el día le hace dudar del cambio del que dispone. Si duda los guarda en los bolsillos y apenas encuentra a alguien "de confianza" le pide que lo ayude a ordenarlos, relata. En el 99% de los casos confiesa que las personas son "honestas".

En su casa, Martínez tiene pequeñas bolsas con la inscripción en Braille del valor del billete y todos los días se toma un tiempo para ordenarlos. Otras personas no videntes los doblan a lo largo o a lo ancho o los colocan en otro sentido doblados ya sea mirando a la izquierda, a la derecha, hacia arriba o hacia abajo.

"También uno aprende a perder la vergüenza y a tomarse un tiempo para preguntarle, por ejemplo, al taxista, de cuánto es cada billete que te da de cambio", dice Martínez. Y agrega: "Siempre te queda la duda de si te han estafado o no porque hay veces que no estás seguro si hiciste un pago y no lo recordás o te falló la memoria o no fueron honestos".

Dentro del BCU existe conciencia de esto. Aún así consideran que las marcas para no videntes que se podrían agregar a los billetes no están lo suficientemente desarrolladas.

"Las imprentas no muestran grandes avances en ese tema porque trabajan fundamentalmente en base a porcentajes y el número de ciegos por población es escaso; se concentran más en aspectos de seguridad", dijo una fuente del BCU.

En Uruguay, si bien no existe un censo sobre la cantidad de personas no videntes, en la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay estiman que hay unas 80.000 que lo son. De cada cinco, cuatro tienen poca visión y uno es completamente ciego.

En agosto pasado, el dipu-tado Pablo Álvarez envió una nota al Banco Central proponiendo que los nuevos billetes que la autoridad monetaria imprima sean accesibles para personas no videntes o de baja visión. La iniciativa apunta a que tengan distintos tamaños -siguiendo la experiencia de la Unión Europea en donde los billetes crecen a lo largo y ancho a medida que aumenta el valor- y los números de las monedas posean mayor relieve.

Pero las chances de que esto ocurra son pocas. Cambiar la totalidad de los billetes tendría un costo "de varios millones de dólares", dijeron en el BCU. Y el costo no sólo sería el de imprimir los billetes y sustituir la base monetaria, sino también de cambiar los sistemas de procesamiento de los papeles.

Representantes del BCU se reunieron con las asociaciones de no videntes para asesorarse de cómo mejorar los billetes para tenerlo en cuenta en la próxima impresión que será dentro de dos o tres años.

La opción de incluir información en los billetes a través de números en Braille se manejó pero rápidamente se concluyó que esto es difícil en tanto el papel debería ser más grueso.

La Unión Nacional de Ciegos tiene clara cuál es la solución: que los billetes pasen a ser de distintos tamaños. De aprobarse, Uruguay estaría a la vanguardia en la región, en donde también existen marcas para no videntes en los billetes. Pero aún así restarían varios años de ejercicios de memoria para que la medida sea "visible".

Justicia dio la razón a ciegos

En mayo de este año un panel de tres jueces de la Corte de Apelaciones de Washington sentenció que Estados Unidos discrimina contra las personas no videntes porque sus billetes son todos del mismo tamaño pese a que tengan diferente nominación.

La corte concluyó que el Acta de Rehabilitación de 1973, que prohíbe la discriminación de los discapacitados, requiere que los billetes sean más accesibles aunque no especifica cómo.

El caso tenía larga data, cuando en 2002 la American Council of the Blind inició un juicio contra el Tesoro de Estados Unidos alegando que continuamente fracasaba en diseñar e imprimir billetes que sean legibles para las personas no videntes.

Hoy, aún con la resolución, no se han dado variaciones.

El País Digital

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