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D.P.
Como se acostumbra, los socios de mayor edad fueron los que primero se acercaron al Palacio Peñarol.
Uno de ellos fue "Tito", un señor de 86 años que hace 60 es socio aurinegro y contó que desde entonces no se ha perdido siquiera una elección. Bastón en mano y en compañía de un allegado a una de las listas, se fue hasta la mesa 5, en el fondo, para cumplir con su institución.
A las 11:50, cuando la mayoría de los presidenciables ya habían emitido su voto y lo que reinaba era el murmullo de decenas de personas en la cancha del Palacio, una ruidosa corneta hizo que las miradas enfocaran a la puerta de acceso. Era un niño de no más de 3 años, con la camiseta, el short y las medias de Peñarol, de la mano de su abuela y su hermano. Posó y "tocó" para una cámara, arrancando más de una sonrisa.
Es que Peñarol vivió la jornada de ayer como una fiesta. Una fiesta que pretendía ser aprovechada por más de un vendedor. "Yo vendo en las canchas del Prado, en la de Liverpool y en Capurro. Pero como no hay fútbol arranqué para acá", contó Eduardo, de 45 años, al lado de su puesto de venta de tortas fritas. El cielo encapotado y algunos minutos de llovizna invitaban a la compra, pero Eduardo volvió a su casa desilusionado.
Adentro del Palacio la ilusión fue una sola, compartida a pesar de números y de candidatos: ver a Peñarol otra vez en la cumbre.
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