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Viernes 28.11.2008, 11:05 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

El tesoro de la historia

Benavente distinguía como tareas diferentes continuar la historia y repetirla. También otra cosa es preservar, atesorar, expandir, diseminar la historia en la sociedad. Para eso están los museos. Comprender la historia es como conocer a los hombres. La pura imagen histórica sólo es visible para la mirada que puede penetrar en lo más íntimo de las almas. La historia visible es expresión, signo y alma hecha forma.

En nuestro país es imposible hablar de historia o de museos sin hacer referencia a la obra monumental de don Juan Pivel Devoto como Director del Museo Histórico Nacional, entre 1940 y 1982. A su trayectoria le dedica parte de su reciente libro, La actualización del pasado, José Rilla. "A Pivel" nos dice el autor que entre otros, "se debe el inventario clásico del patrimonio tangible del Uruguay, a cuya protección del `vandalismo ilustrado` -según la expresión de su admirado Francisco Bauzá- dedicó mucha energía, poder, capacidad de persuasión a herederos y recursos económicos públicos. Desde 1940, estando a cargo del Museo Histórico Nacional, recuperó e impulsó la restauración de casas, edificios, estancias, parajes, objetos, con un criterio patricio y relativamente equilibrado entre colorados y blancos".

Para dar una idea de la magnitud de la siembra del formidable Historiador, dicho así con mayúscula, para distinguirlo de los narradores de la historia, que los hay versados y amenos, pero que no tienen la misma formación docente, diría el Profesor argentino Félix Weimberg que "si las obras reflejan al hombre, es justicia traer a colación cuánto le debe la cultu- ra uruguaya y americana al profesor Pivel Devoto" para quien decía Alcira Ranieri "la historia no es solo una sabiduría. Es un mensaje. Más aun, una profesión de fe".

Así Pivel, de familia colorada afirmó a Alicia Vidaurreta que "el estudio de la Historia me convenció que el Partido Nacional estaba enraizado con el ideal de independencia nacional y americana, con los esfuerzos por incorporar el orden institucional y el sistema representativo como forma de consolidar la nacionalidad y la República. Un día sentí que estaba incorporado por propia voluntad en sus filas. Nadie me llevó de la mano. No fui ni soy blanco por la tradición familiar. Las ideas políticas no se heredan: sí se heredan las nociones y el modo como se profesan".

Y en la formación de esa cultura, en esa profesión de fe, toma particular relevancia la historia tangible que Pivel dejó en sus libros y cultivó, atesorándola, como Director del Museo. Antes, había explicado que "muy temprano me convencí que el país tenía que buscar su identidad nacional en la Historia", en sus raíces, en la tradición, en los documentos y en todos los valores representativos del pasado y a ello me apliqué no con una mentalidad de anticuario o coleccionista. Sí con inquietud sobre el presente en el que no podría rehuir mis deberes en todos los órdenes, a través de la militancia cívica…"

A Pivel Devoto le sucedió en la Dirección del Museo el profesor Enrique Mena Segarra, quien tuvo un brillante desempeño, digno de su antecesor, que cesó en su cargo recientemente. Ello ratifica una tradición elogiable del país como es la de designar para tan trascendente tarea a personalidades de indiscutible prestigio.

El mantenimiento de los museos es tarea de todos. Existen de tiempo atrás asociaciones con personería jurídica, que han colaborado y colaboran con el Museo Histórico y otros de distintas maneras, buscando donaciones, aportando ideas y trabajo. Es un deber cívico y social. Un pueblo que no conoce su Historia está condenado a morir. Podrá producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión, de ingenio y hasta de género, que serán como relámpagos que iluminen la lobreguez de la noche. El poeta no inventa, el historiador tampoco: lo que hacen es componer e interpretar los elementos dispersos de la realidad. Es en el modo de interpretación, que difieren. Y es necesario que los uruguayos sepamos lo que el país atesora en sus museos, de cómo se ha ido gestando esa riqueza histórica, de las carencias y necesidades que deben ser atendidas para que no se pierda, inculcando a las generaciones actuales y futuras la necesidad de contar con museos ricos en su contenido, sólidos en sus estructuras edilicias, y a cargo de personal idóneo para solventar su jerarquía.

El País Digital

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